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86 40 www. abc. es cuarentagrados JESÚS GARCÍA CALERO DOMINGO 26- -8- -2007 ABC Biblioteca Nacional Hubo un agujero en la seguridad Entre agosto y octubre de 2006 se relajaron los estrictos controles de acceso a la institución. Rosa Regàs entendía los controles más propios de recintos carcelarios y eliminó rondas propias de dictaduras represoras no cambian desde 1990, lo cierto es que se refería a las condiciones generales de seguridad, que atañen a asuntos como incendios y se aprobaron entonces. Pero las disposiciones relativas al acceso de investigadores y lectores sí han cambiado, bajo sus indicaciones, para armonizarlas con el criterio de la nueva dirección. Lo corroboran decenas de usuarios, algunos que llevan décadas investigando, y todos coinciden en que algo ocurrió entre agosto y octubre del año pasado: Era alucinante- -comenta A. que desea mantener su nombre completo en el anonimato- acostumbrados a que revisaran nuestras pertenencias tanto a la entrada como a la salida meticulosamente, abriendo carpetas y todo, no daba crédito cuando me vi entrando y saliendo a diario de la sala de Raros- -la Cervantes- -sin ser revisado Hasta 2006 no se permitían abrigos, ni bolsos de más del tamaño de un libro, se controlaban todo tipo de objetos y se revisaban las carpetas al entrar y al salir. Todo ello sumado a las cámaras y detectores de libros. Pero en agosto de 2006, los vigilantes, además, dejaron de rondar por la sala, por orden de la directora técnica, Teresa Malo. Se llegó a pedir a los asistentes y bibliotecarios que vigilasen, lo que produjo roces laborales porque no es su responsabilidad ni su función de servicio al público. Según relatan varios empleados, hubo fuertes discusiones entre Malo y el jefe de seguridad, el comisario Eduardo Raldúa, quien no estaba de acuerdo con relajar los controles según la orden de la dirección. Al parecer, la expresión empleada por Teresa Malo fue que determinadas rondas y controles eran más propios de dictaduras represoras (sic) y no se compadecían con el nuevo ambiente. La frase estaba, desde luego, en sintonía con las declaraciones de una recién llegada Rosa Regàs a la BN, cuando describió el acceso de la institución que pasaba a dirigir como disuasorio porque había que pasar por muchos controles que recordaban a un recinto carcelario La BN era para ella, despectivamente, un castillo inexpugnable, un caserón empolvado Ahora, el robo de las láminas de los dos incunables evidencia que ha perdido la inexpugnabilidad y debe hacer reflexionar a nuestras autoridades. Como ABC relataba ayer, antes de esas discusiones sobre el problema de la seguridad Regàs había pedido a su equipo que no se molestase a los usuarios, ya que había recibido algunas quejas por el trato recibido en los controles de acceso. Sin embargo, los usuarios con los que ayer pudo hablar ABC, no descartando que algún investigador pudiera excederse en una queja, afirman que nadie pone pegas a pasar los controles. Esta comprensión cambia al hablar del trato verbal recibido por algunos vi- a Biblioteca Nacional (BN) tuvo un agujero de seguridad entre agosto y octubre de 2006, tal y como se desprende de las quejas de numerosos trabajadores, que ha conocido ABC, al día siguiente de denunciarse la desaparición de láminas de dos incunables de la Cosmographia de Ptolomeo. A pesar de que su directora, Rosa Regàs, afirmó ayer que las medidas L Había controles carcelarios En noviembre pasado, Regàs explicó en el Congreso su política de apertura sin mencionar problemas de seguridad ERNESTO AGUDO