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ABC SÁBADO 25- -8- -2007 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 79 Un vacío de mil millones de años luz Astrónomos norteamericanos encuentran una enorme región del universo sin galaxias, estrellas, gas o materia de clase alguna JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. Haré un verso de la pura nada escribió hace ya mil años Guillermo de Poitiers, el primer trovador. Desde entonces y hasta nuestros días, el camino de la nada ha sido largo y tortuoso. La ciencia, durante muchas generaciones, se ha encargado de ir rellenando el concepto de vacío, poblándolo primero, aquí en la Tierra, con una multitud de seres microscópicos y más tarde, en el espacio, con átomos y partículas infinitesimales, inapreciables para nosotros pero en cantidad suficiente como para unirse y formar estrellas. Ni siquiera los grandes vacíos intergalácticos lo son del todo. En esa vasta y aparente nada que separa a las galaxias, los átomos se cuentan por decenas en cada centímetro cúbico. Átomos que interaccionan, creando y destruyendo partículas en un baile cuántico cuyos diminutos rastros se pueden medir desde nuestro planeta. Por eso, el hallazgo de un auténtico vacío de dimensiones cósmicas y en cuyo interior no ha sido posible hasta ahora encontrar nada ha desconcertado profundamente a los astrónomos. Se trata, según lo han descrito los investigadores de la Universidad de Minnesota que han realizado el hallazgo, de un enorme agujero en el universo (nada que ver con un agujero negro) con un tamaño de mil millones de años luz de extremo a extremo y en cuyo interior no brilla una sola estrella o galaxia. Tampoco hay rastro de gas o de cualquier otra forma de materia ordinaria, ni de la misteriosa y aún no observada, aunque sí detectada, materia oscura No solo nadie había encontrado un vacío de estas dimensiones- -asegura Lawrence Rudnick, director de la investigación- sino que nadie esperaba siquiera hacerlo Rudnick y su equipo publicarán el estudio completo en la próxima edición de la revista Astrophysical Journal Los astrónomos realizaron su inquietante descubrimiento tras estudiar los datos del proyecto Sky Survey (Vigilancia del Cielo) que escruta de forma sistemática la porción de universo que es visible desde el observatorio VLA (Very Large Array) en Nuevo Méjico. Y los datos mostraban una sospechosa caída del número de galaxias en una región concreta: la constelación Eridanus, una de las seis mayores que se conocen. Los investigadores ya sabían desde 2004 que algo extraño ocurría en esa parte del cielo, conocida como la mancha fría desde que el satélite WMAP la mostró como parte del mapa que realizó ese año de la temperatura de todo el universo. Lanzado en 2001, el WMAP fue capaz de medir las diferencias térmicas en la radiación cósmica de fondo (los últimos calores del Big Bang que son detectables desde la Tierra) con una precisión de pocas millonésimas de grado. El siguiente paso de Rudnick fue cruzar sus datos con los del WMAP. ¿Era esa mancha fría algo intrínseco a la radiación de fondo (es decir, una simple consecuencia de algún fenómeno sucedido durante el Big Bang) o estaba causada por algo más concreto, algo capaz de interferir con los fotones de la radiación cósmica de fondo en su largo camino hacia la Tierra? La escasez de galaxias detectada por Rudnick resolvió el problema. Los fotones de la radiación cósmica del Big Bang ganan energía cuando atraviesan regiones normales de espacio, ricas en materia. Pero al pasar a través del vacío, esos mismos fotones se debilitan, haciendo que la zona de la que proceden parezca más fría. Aunque hacen falta estu- Hallazgo inesperado Estructura filamentosa del universo a gran escala ABC Una espuma de galaxias Desde hace años, los investigadores saben que el universo, contemplado a gran escala, tiene un aspecto extraño. Largos filamentos, formados por cúmulos de miles de galaxias y grandes vacíos en los que la materia brilla por su ausencia. Sin embargo, basta con alejar el punto de vista, aplicando un zoom imaginario a esas estructuras filamentosas, para que la apariencia del conjunto sea mucho más uniforme como una espuma de galaxias y los vacíos reduzcan drásticamente su número. Aunque ninguno de ellos se acerca al descubierto por Rudnick La energía del fotón La zona, localizada por el satélite WMAP en 2004, era conocida por los científicos como la mancha fría dios independientes que confirmen nuestros datos- -dice Rudnick- la baja temperatura de la radiación de fondo en esta región del espacio se debe a la existencia de un enorme vacío de 1.000 millones de años luz sin materia, situado entre 6.000 y 10.000 millones de años luz de la Tierra Qué distinto sería ahora el verso del trovador... Estudio completo: www. nrao. edu pr 2007 coldspot graphics. shtml. Imagen de espacio profundo del telescopio espacial Hubble del cúmulo galáctico Abell 2218, a dos mil millones de años luz de la Tierra ABC