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ABC SÁBADO 25- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 75 ALTOS VUELOS ESTO ES UN ATRACO El Solitario es un pringao de los que currelan para el sistema ejerciendo una profesión de riesgo nos veranos, cuando toda España leía Las edades de Lulú Luz Casal sonaba en los 40 Principales y la ministro de Fomento todavía era una simple recaudadora de impuestos. Con estas, mientras unos leían y otras contaban parné, el Dioni pegó un palo de órdago a un furgón blindado. Eso sí, tampoco tuvo mucho mérito, el furgón lo custodiaba él mismo. Sin embargo, el tío cayó más simpático que el Solitario. Y aunque nunca leyó al Proudhon, ni al Bertolt Brecht, y menos aún a la Almudena Grandes, llegaría un poco más lejos que el Solitario. Fue número uno de los 40 Principales gracias al Sabina, no tuvo que apretar gatillo y, además, le trincaron por Brasil, en un hotel con piscina de riñón y a punto de echar el resto en el monedero de una mulatona. Asimismo, y aunque él no lo sepa, desequilibró el sistema. Con la que lió, puso en bancarrota a la empresa de seguridad para la que trabajaba. Y bancarrota es palabra tan bella y chingona que el capitalismo bien la merece como novia. EL SOLITARIO, UN TIPO A LA BAJA El Solitario quedó anclado en el pasado, y se montó un personaje que no es verosímil, de tan vista como tenemos ya la película Es un hombre sin suerte, todo hay que decirlo, porque ha caído su discurso en plena crisis hipotecaria y financiera, y el contraste ha resultado descarnado. Su retórica transparente ha palidecido al lado del refinamiento de esos hombres sutiles que jamás dirían frases tan trilladas como esto es un atraco Ellos, que si contratas una subprime o te abren un fondo sicav y, ya metidos en harina, que si lo prefieres Oddo Court Terme Dynamique o Parvest Dynamic ABS. Así da gusto. Con la sofisticación terminológica del broker entrega uno los ahorros sin oponer resistencia, porque sabe que está en manos de profesionales, y con ellos sobran las palabras. El Solitario quedó anclado en el pasado, y se montó un personaje que no es verosímil, de tan vista como tenemos ya la película. Y mira que ha tenido lectores entre el público español el pillo, el pícaro y el ladrón honrado, desde el Lazarillo hasta el Lute pasando por el Buscón. Pero corren otros tiempos, esos tipos cotizan hoy a la baja. Tal vez fuera el Dioni el último en gozar del privilegio de tener canción. No es lo mismo que si te escribe un libro Quevedo, pero es más de lo que da una piedra. La gloria del Solitario duró quince minutos exactos, y eso lo hace cualquiera. Para mantener activa la fama y la caja registradora es necesario haber sido víctima de una hazaña realmente morbosa, algo así como ocho años de secuestro en un zulo de Viena, que acaben en huida y suicidio del captor arrojándose a la vía del tren. Si además alguien graba el picadillo en el móvil, miel sobre hojuelas. Ése es el principio de un carrerón. El Solitario, en cambio, no tiene currículum; lo que ha hecho en la vida es de una vulgaridad insufrible: robar. Bah. Su única posibilidad de éxito pasaba por no ponerse tan pesado con lo de esto es un atraco, esto es un atraco Pero no innovó y por eso le han birlado su lugar en la historia del bandolerismo los que sí han sabido dejar la huella indeleble de sus códigos. Ahora los jóvenes han adoptado su jerga para el lenguaje amoroso, y los hombres se declaran diciendo: ¿quieres hipotecarte conmigo, para el principal y los intereses, en el mibor y en el euribor, y serme fiel en todas las amortizaciones de tu vida hasta que la insolvencia nos separe? A lo que ellas, arrebatadas e inocentes, contestan: sí, hazme una subprime. Ahí se ve quién marca tendencias. Siempre ha sido así: el que vale vale; y el que no, a la cárcel. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora E ntraba en el banco a punta de pistola y decía: Vengo a sacar dinero Actuaba sin compinches y le llamaban el Solitario. Le trincaron en Portugal y un bogui, con ganas de tirarse el pisto, le comparó con el barquero de Cantillana, aquel salteador que inspiró al Curro Jiménez. Pero nada más lejos. Los bandoleros de la Andalucía decimonónica salteaban los caminos y luego repartían el botín con los desheredados, por algo eran contemporáneos del Proudhon, aquel buen hombre que la lió diciendo que la propiedad es un robo. Además, ni punto de comparación, una época con otra. Los bandoleros de entonces se echaban al monte cuando todavía no existían los automóviles ni tampoco los autobuses. La ministro de Fomento no había nacido y la clase política aún era germen. Las aspiraciones del Solitario fueron las de un pobre diablo. Tener una piscina con forma de riñón y un coro de entrepiernas brasileras abiertas como monederos. Con fines tan mostrencos, el parné siempre retorna a las mismas arcas de donde salió, sólo que un poco más manoseado que al principio. Y por mucho bocazas que diga lo contrario, el Solitario es un pringao de los que currelan para el sistema ejerciendo una profesión de riesgo. Además, hay otro asunto que ni el barquero de Cantillana, ni bandolero que se precie, hubiera pasado por alto: en los Bancos de hoy no hay parné. Fue Bertolt Brecht, el que apuntó que fundar un banco es delito más grave que asaltarlo. Hay que hacerse cargo, en la época de Brecht los bancos manejaban billetes, no como ahora que el numérico aparece en una pantalla líquida y, si se necesita retirar cifra alta, no se puede decir: Vengo a sacar dinero Hay que avisar con antelación. Ahora, donde circula es en las notarías y, cada vez que se realiza una transacción inmobiliaria, se lleva oculto en los cataplines. Negro y sin numerar, de ese que nadie denunciará en caso de pérdida o sustracción por mucho que el notario pueda dar fe del suceso. Luego también están los furgones blindados y es aquí donde viene al pelo citar al Dioni. Ocurrió un verano de hace ya algu- o peor de atracadores como el Solitario es su clasicismo, ese afán antiguo por la transparencia. Una barba postiza, un bisoñé, y el discurso de siempre: Arriba las manos. Esto es un atraco Con ese lenguaje tan conservador, era imposible que se convirtiera en un ladrón de prestigio. Le sobró simpleza en los métodos, y le faltó originalidad en la forma, un verbo audaz, un sustantivo poderoso. Al Solitario se le entendía todo, y no están los tiempos para tanta claridad. Se ve que su ingenio no daba para más, porque cuando lo detuvieron, volvió a incurrir en el lugar común: que quería liberar al pueblo español. Menudo topicazo. L Las aspiraciones del Solitario fueron las de un pobre diablo. Tener una piscina y un coro de entrepiernas brasileras abiertas como monederos Ficha policial del peligroso, aunque gamberro, delincuente ABC Arriba las manos. Esto es un atraco Con ese lenguaje tan conservador, era imposible que se convirtiera en un ladrón de prestigio