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74 40 RICOS SOLEMNES SÁBADO 25- -8- -2007 ABC David Geffen ISABEL GUTIÉRREZ Representante de estrellas casos profesionales, Ovitz aseguró que su caída tenía bastante que ver con la mafia gay que domina la industria cinematográfica norteamericana, ¿cuántos, por allí, no pensaron en David Geffen? Más allá de disputas y desencuentros, su trayectoria es de un atrevimiento digno del más avezado buscavidas. Nació y se crió en Brooklyn, en el seno de una familia judía originaria del este de Europa: su padre, Abraham Geffen, tenía sus ancestros en Lituania y Batya Volovskaya, su madre, en Ucrania. Parece ser que el joven David devoraba las columnas de cotilleos del show- business que en su tiempo libre se perdía por los cines de barrio y que un libro sobre la figura de Louis B. Mayer le dejó conmocionado: en aquel legendario productor halló el mejor ejemplo a seguir. Nunca fue un buen estudiante y a duras penas mantenía los trabajos que le salían, como le sucedió en la CBS. De hecho, su paso por la Universidad de Texas, en Austin, fue peor que mediocre. Sin embargo, era precisamente en su propia casa donde le instruyeron sobre mucho de lo que necesitaba saber: su madre, propietaria de una tienda de ropa, le dio las claves para manejar los negocios con habilidad. Tras un periodo de incertidumbre, entró a trabajar en William Morris Talent Agency, una agencia de representantes del mundo del espectáculo, donde se desenvolvía como pez en el agua. Poco importó que añadiera a su currículo una falsa licenciatura o unas prácticas inexistentes: su tenacidad y sus maneras entusiastas en el departamento de música eran rentables. Por ejemplo, incluyó en la nómina de su empresa al grupo Buffalo Springfield. Aunque el golpe maestro fue cuando sacó de otra agencia a una joven y prometedora cantautora llamada Laura Nyro, cuyo mayor logro había sido vender una de sus canciones al trío Peter, Paul and Mary, y negoció para ella, y para sí mismo, un gran contrato con Columbia. Que echara a volar en solitario era cuestión de (poco) tiempo. En 1970, fundó Asylum Records y firmó con Jackson Browne, The Eagles, Bob Dylan, Tom Waits, Linda Ronstandt... Poco después, vendió la discográfica a Warner Bros por 7 millones de dólares, aunque no tardó en manejar los hilos del sello nacido tras la fusión: Elektra Asylum. Los 70 fueron años agitados y apasionantes en el mundo de la música. A la legión de grandísimos talentos artísticos se sumaron hábiles e implacables negociadores que, con David Geffen a la cabeza, sentaron las bases del devenir de un negocio difícil y trepidante, con tantas grandezas como miserias. Grandezas como acoger, bajo la marca Geffen Records (discográfica fundada en 1980) el último álbum de John Lennon, Double Fantasy pese a los razonables recelos de Lennon a la hora de grabar con un nuevo sello, Geffen se ganó su confianza porque fue el único ejecutivo que firmó un acuerdo sin necesidad de escuchar el resultado y porque, según las malas lenguas, se trabajó muy bien a Yoko Ono. Y miserias como la ridícula demanda contra Neil Young por grabar intencionadamente álbumes poco comerciales. En la trayectoria profesional de Geffen existe un tiempo en blanco, definitivo para asentar su vocación de filántropo. En 1976 se le diagnosticó erróneamente un cáncer de vesícula; en 1980, le confirmaron que aquello era una equivocación. Ignoramos cuánto sufrimiento pudo ocasionarle semejante metedura de pata a lo largo de los años que estuvo fuera de la circulación; al menos, el mal trago sirvió para que, desde entonces, sus donaciones a fundaciones y asociaciones médicas y de caridad sean espectaculares. En 2002, por ejemplo, dio 200 millones de dólares a la Escuela de Medicina de la Universidad de Los Ángeles. Por supuesto, la entidad lleva su nombre. En cuanto David Geffen continuó con su vida, su trayectoria empresarial siguió imparable. Las estrellas musicales de los 80 estaban en sus manos (Aerosmith, Peter Gabriel, Guns N Roses, Weezer... y en los 90 se zambulló en las aguas del grunge para cazar la pieza más codiciada: Nirvana. También comenzó a dejar su impronta en Hollywood con la producción de algunas comedias bastante taquilleras La pequeña tienda de los horrores Risky business o Beetlejuice y en Broadway Dreamgirls y Cats En 1994, cofundó DreamWorks, un gran estudio, junto a Steven Spielberg y Jefrey Katzenberg. Los trazos que perfilan su intimidad están mucho más difuminados que los de su vida pública. Es soltero y no tiene hijos. Punto. Sin embargo, resultó tan sensacional como falso aquel rumor de hace unos años, cuando alguien le casó con el actor Keanu Reeves cuando éste estaba en lo más alto de su popularidad. ¡Qué suerte! suspiraron muchas. Más claras son sus afinidades políticas. Demócrata convencido y uno de los apoyos morales y financieros más tempranos a Bill Clinton, hoy en día apuesta por Barack Obama como candidato a la presidencia de Estados Unidos. A Hillary no la traga. S obre David Lawrence Geffen (Nueva York, 1943) se ha dicho casi de todo, aunque llama poderosamente la atención esa fama de ser el mejor de los amigos y el peor de los enemigos Y, en ocasiones, los enemigos dan mucho más lustre a las biografías de las celebridades que los fieles más entusiastas. En el caso de Geffen, su larga, profunda y envenenada enemistad (según los voceros de Hollywood) con Michel Ovitz, antaño todopoderoso representante de artistas y durante un tiempo mandamás de la Disney, es paradigmática. Cuando, tras encadenar una serie de fra- Una dura equivocación David Geffen, uno de los fundadores, junto a Steven Spielberg, de la productora DreamWorks ABC Más información en: http: www. forbes. com