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ABC SÁBADO 25- -8- -2007 40 Oti Rodríguez Marchante 73 Katie Holmes y Tom Cruise, separados por los ronquidos Si el actor Tom Cruise ha sido en estos últimos años noticia debido a sus extravagancias personales, ahora la prensa británica ha dado a conocer otra de sus intimidades: el considerado uno de los actores más sexys del mundo ronca. Al parecer, sus fuertes ronquidos no deben de ser fáciles de aguantar, pues, según afirman varios medios ingleses, el actor y su mujer, Katie Holmes, duermen en habitaciones separadas en la enorme mansión que poseen en Los Ángeles debido a este complicado problema A pesar de esta forzada separación, fuentes cercanas al matrimonio han declarado que su vida marital nocturna continúa en activo y que pasan tiempo juntos como cualquier pareja de enamorados. De hecho, desde que comenzara la relación de ambos actores en el año 2005, han concebido una niña llamada Suri que hace las delicias de los fotógrafos en cada una de las escapadas de sus padres. Tras unos comienzos difíciles, ahora parece que Katie Holmes puede conciliar mejor el sueño en una habitación hecha a su medida- -decorada con peluches- -y que Tom Cruise- -a pesar de atravesar un bache a nivel laboral- -ha conseguido evitar una Guerra de los Mundos en su propia casa. LA DIGNIDAD LOS KILOS DE A Katie Holmes y su marido Tom Cruise, acaramelados durante una fiesta de la Super Bowl AP Enrique Iglesias cree que Anna Kournikova sería una buena madre La tenista Anna Kournikova es la mujer de su vida, aunque es demasiado lista para casarse conmigo. Uno puede vivir con alguien y no estar casado Así de claro se mostró el cantante español Enrique Iglesias en Veracruz (México) donde se encuentra para presentar su reciente disco Insomniac De momento, la pareja no tiene en mente la descendencia. Por supuesto que quisiera tener hijos, pero ahora no tengo la madurez para ello dijo Enrique, para quien Anna sería una madre perfecta El artista aseguró que su relación sentimental con Kournikova es el único romance serio que ha tenido en su vida, y por eso trata de cuidarlo de la mejor manera. Enrique Iglesias en la presentación de su último disco Insomniac en Veracruz (México) EFE unque muchos no sepan cómo o por qué, pero el caso es que a la vuelta del verano no es raro que se vengan con nosotros de las vacaciones algunos kilos más, y no precisamente en la maleta o en la cartera. Y tal vez sean, incluso, la única ganancia que se traigan muchos tras un largo mes de bula y gula, de fiesta y siesta, de holganza y pitanza. Bien mirado, el hecho de no engordar aunque sólo sea un poquito durante las vacaciones sería algo así como un pequeño fracaso, pues el empeño que se pone en ello bien se merece al menos un par de kilillos... De ahí para abajo, algo ha fallado. Entre los muchos imponderables que nos pueden impedir esa vuelta dignísima al redil con algo de sobrepeso, los más comunes son: un cuñado deportista, un hijo de tres años, un restaurante de menú turístico justo debajo de casa, uno de esos cólicos que no se cortan ni con cuchillo de sierra, un préstamo hipotecario recién firmado o una columna diaria en un suplemento de verano... En fin. Dicho esto, hay que advertir que aún queda algo de tiempo para no sufrir el oprobio de una vuelta a casa más escurrido de lo que se fue. En estos últimos días hay que darlo todo: estamos en el sprint, ya no tiene sentido reservar fuerzas para luego. O dicho de otro modo: es la hora de rebañar el plato, de hacer barcos de mojar pan... De pedir fritos y rebozados, mayonesas y aliolis Y tal vez muchos vean en esto más vicio que otra cosa, pero se puede justificar con su fin virtuoso: no dar la impresión de que nuestras vacaciones han sido fallidas. Quedan apenas unos días, pero son suficientes para que cada uno consiga esos tres o cuatro kilos de los que quejarse luego en casa y en el trabajo. Son kilos veniales. Más aún, son kilos casi sagrados: ¡son los de las vacaciones! Ni siquiera necesita uno intentar quitárselos ya, pues la excusa los cogí en vacaciones y a ver si me pongo y me los quito nos sirve hasta Navidades, y para entonces ya los habremos hecho tan nuestros como la hipoteca. Porque, lo cierto es que es igual de fácil coger esos kilos que no soltarlos luego.