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66 40 FOTOBLOG SÁBADO 25- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Dubraska Peraza Productora Lo mejor de España es poder ir hasta tu casa a cualquier hora A pesar de sus orígenes latinos se relaciona sobre todo con europeos RAQUEL RINCÓN MADRID. El sueño de Dubraska, Duby como es conocida por sus amigos, es abrirse camino en el mundo de lo audiovisual, y lo está consiguiendo, pues trabaja como productora freelance tanto para cortometrajes, como para publicidad. En América Latina la industria del cine está bastante limitada y España se presentaba como una posibilidad interesante. Así mismo, después de mucho pensarlo, decidí que también era el momento de hacer una especialización, y sencillamente tomé un avión desde Venezuela y aquí estoy asegura ilusionada. Dubraska reconoce que aunque Venezuela es un país multicultural sí tuvo la sensación al llegar a España de que desde aquí tienes una visión bastante más amplia de todo Sin embargo, admite que sí hay varias cosas que le llaman la atención: Algunas de vuestras costumbres... la manera de hacer las compras en los barrios, que se respeten los semáforos, los pasos de peatones, y por supuesto, el ambiente de tranquilidad que se respira. tener la posibilidad de ir caminando hasta tu casa a cualquier hora Dubraska, que está pasando el verano en España, reconoce que Venezuela es un país donde no existen las cuatro estaciones y el verano dura todo el año. Sin embargo, allí no es costumbre tomarse tantos meses de vacaciones. Lo que sí es cierto es que al igual que cualquier español promedio sales corriendo hacia la playa La venezolana, que admite relacionarse sobre todo con europeos durante su estancia en Madrid, todavía recuerda con cariño los primeros tiempos en los que se enredaba un poco con el metro y se confundía de sentido REUTERS En Madrid con chaqueta y en Moscú... en bañador Resulta evidente que el ya renombrado cambio climático lleva tiempo afectando a las temperaturas del planeta. Sin embargo, parece que este verano el mundo se ha vuelto del revés. Y es que si en España son pocas las personas que en este fin de agosto se atreven a darse un buen chapuzón en las playas por el acusado descenso de temperaturas, en Moscú el frío ha decidido pasar de largo, pues la ciudad ha alcanzado estos días los 33 grados centígrados. Los moscovitas, poco acostumbrados a este intenso calor, no han dudado en recurrir a toda clase de artimañas para sofocarlo. En la imagen, un joven da un salto espectacular para refrescarse en una fuente pública cercana al Kremlin, que por este año ha dejado de lado la postal nevada a la que nos tiene habituados Fernando Castro Flórez Un puñado de dólares A unque sabía que sería otro sitio deleznable, he convencido a Caparrós para que vayamos al Route 66 Mother Road Museum, situado en The Harvey House de Barstow. El montaje es penoso y la tienda de regalos es lo más caótico que uno pueda imaginar. Al entrar vi un cartel de cartón en el que estaba escrito: Free admision. Donations are acepted Cuando nos disponíamos a salir a toda velocidad, huyendo del tufo del local, nos dieron a voces el alto exigiendo que colaboráramos con unos dólares. Con un tono, ciertamente, destemplado les hicimos saber que no queríamos, de ninguna manera, contribuir a que ese patético display siguiera haciendo perder el tiempo a los fetichistas de la ruta. En perfecto español, con acento mejicano, nos llamaron de todo: cretinos, mal nacidos, pendejos. Instalados en el mal humor, nos encaminamos a comer la diaria ración de bazofia y, cegados como íbamos, nos aposentamos en un antro supremo. Es difícil encontrar una hamburguesa más pútrida que la que arrojaron sobre nuestra mesa. La cerveza era, como solían decir los rurales, del tiempo Por supuesto, no dejamos propina y eso supuso una nueva discusión acalorada. No tengo claro quién fue, pero lo cierto es que cuando pisábamos el asfal- to abrasador nos arrojaron un puñado de monedas con un desprecio mayúsculo. En la cima de los insultos, un camarero con los ojos inyectados en sangre agitaba un fajo de billetes y gritaba una serie de onomatopeyas en las que ensartaba la palabra dólar. Junto a uck me da la impresión de que el nombre de la moneda americana es lo esencial de su lengua, hasta el punto de que no podrían decir prácticamente nada sin utilizar esas dos expresiones, solas o en maridaje feliz. Por donde quiera que vas se descubre el fetichismo del dólar, la gente cuenta los billetes constantemente, hay un exhibicionismo y un erotismo increíble. Caparrós comenta algo que ya he escuchado en otras ocasiones: El dólar es la moneda más chula que existe Me gusta, tengo que decirlo, que todos los billetes son de idéntico formato y color. Con los semblantes de los héroes de la patria (Franklin, Grant, Jackson, Hamilton, Lincoln... y los espacios arquitectónicos fundacio- nales pero, sobre todo, con la frase monumental In God We Trust Para una generación, la mía, que aprendió la técnica artística del frottage con una peseta (frotábamos con un lapicero y aparecía el perfil marcial de Franco) el dólar era una promesa del Paraíso. El euro, con sus puentes y mapa (en el que, por cierto, las islas Canarias y otros territorios de ultramar están colocados en un nicho geométrico extrañísimo) ha dejado un tanto desinflada a la moneda del Imperio. Hace unos años mi hijo Ernesto me convenció para que bajáramos a pata desde la cima del Empire State Building; cuando estábamos para el arrastre vimos, por la rendija de una puerta, a un portero negro contando montañas de dólares. Seguimos nuestro descenso ad inferos, conscientes de que si se nos llega a ocurrir interrumpir a ese sujeto nos habría caído la bronca del siglo. Justamente lo que a mí me cae en estas últimas etapas de la ruta.