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28 INTERNACIONAL www. abc. es internacional SÁBADO 25- -8- -2007 ABC El senador republicano por el Estado de Virginia John Warner, durante una rueda de prensa ayer en el Capitolio de Washington EPA Un veterano de la Segunda Guerra, primer republicano que pide la retirada de Irak El octogenario senador George W. Warner fue jefe de la Marina con Nixon y es una autoridad en temas militares ANNA GRAU NUEVA YORK. Los republicanos estadounidenses que tienen miedo de que George W. Bush y su visión de la guerra de Irak les arrastren a perder la Casa Blanca, y quién sabe qué más, ya empiezan a tener algo parecido a cobertura política. Su hombre es el octogenario y respetado senador por Virginia John Warner. Él ha dado el paso al frente de pedir abiertamente al presidente que devuelva 5.000 soldados americanos de Irak por Navidad. Son muy pocos de los 160.000 que hay ahora. Pero su valor simbólico sería incalculable. Warner es una institución se mire por donde se mire. Es veterano de la Segunda Guerra Mundial y fue secretario (jefe civil) de la Marina con Richard Nixon. Estuvo casado con la actriz Elizabeth Taylor. Se le considera una autoridad en temas militares, una autoridad que además acaba de volver de Irak. Viajó allí en compañía del senador demócrata Carl Levin, el primero que pidió en voz alta la destitución del primer ministro iraquí, Nuri al- Maliki. Warner ya se mostró crítico el pasado enero, cuando el presidente dio la orden de elevar la apuesta en Irak, al aumentar el contingente allí desplazado de 130.000 soldados a más de 160.000. Pero entonces se limitó a refunfuñar. Ahora también ha advertido que no cuenten con él para echarse en brazos de la oposición demócrata y votar con ellos un calendario para la retirada total de las tropas. Sus discrepancias con Bush no llega a tanto. Lo que el senador pide es hacer un movimiento mínimo de ficha que mande al gobierno de Maliki la señal de que Estados Unidos no va a estar siempre ahí. Las recomendaciones de Warner surgen justo cuando se acaba de hacer público un informe de la CIA, y de los servicios de inteligencia militares, puntuando muy a la baja, casi a cero, las perspectivas de que el actual Gobierno iraquí sea capaz de consolidar, no ya la democracia, sino la paz entre facciones étnicas. En lugar de eso, le acusa de apoyarse en las tropas americanas con ánimo de perpetuar el caos, y de perpetuarse a sí mismo en el poder. Eso es lo que Warner juzga inaceptable. De cualquier forma, pocos o nadie esperan que el mes que viene la mayoría demócrata consiga reunir en el Congreso los dos tercios necesarios para imponer la retirada de Irak con un calendario claro. A no ser que hubiera fugas de voto republicano. Sea por convicciones como las que expone Warner, sea por salvar el pellejo electoral en su sentido más crudo: en las pasadas elecciones de medio mandato (cuando se renuevan parte de las cámaras) muchos candidatos republicanos retrocedieron en todo el territorio. Lo mismo ocurrió en su momento a muchos candidatos a alcaldes y gobernadores. Sólo figuras singulares como la del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, o el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, aguantaron el tirón. Y los dos lo lograron saliéndose del guión; Bloomberg, hasta el punto de que acaba de romper el carnet republicano (como años antes ya rompió el demócrata) y de declararse independiente total. Desde las elecciones, la guerra ha pegado un vuelco para mejor, afirma Bush, nada dispuesto a retirarse de la escena con el baldón de fracasado, y encima discreto, que el sector blando republicano quisiera imponerle. Su comparación de Irak con Desde el pasado enero Warner acaba de volver de Bagdad a donde viajó en compañía del senador demócrata Levin