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14 ESPAÑA ETA BUSCA UNA MASACRE EN DURANGO REACCIÓN VECINAL SÁBADO 25 s 8 s 2007 ABC Edurne Uriarte Cristales rotos de Durango Los vecinos de Durango no tienen nombre ni apellidos porque el miedo se los ha arrebatado Están asustados y contemplan con horror la imagen de destrucción que dejaron los etarras POR ALBERTO LARDIÉS DURANGO. La localidad vizcaína de Durango vivió ayer su particular noche de los cristales rotos A las tres y media de la mañana, los vecinos del barrio de San Fausto se despertaron sobresaltados por el sonido ensordecedor que provocaron los 80 kilos de explosivos colocados en un coche junto a la Casa Cuartel de la Guardia Civil por miembros de ETA. Además de los dos agentes y del inolvidable susto, el resultado es una desoladora imagen de destrucción: miles de trozos de cristal esparcidos por el suelo, quizás los pedazos de una sociedad rota por la barbarie terrorista. Una imagen parecida a la que provocaron los nazis en noviembre de 1938 cuando destrozaron los comercios de los judíos alemanes, en lo que fue el preludio del horror nazi. La esencia de ambos hechos es la misma: tratar de aterrorizar y de perseguir hasta la aniquilación al que es diferente, el odio convertido en terror. La diferencia es que lo ocurrido en Durango no es un preludio, sino una realidad que ya dura 40 años. Los vecinos, que no tienen nombres ni apellidos porque el miedo se los ha arrebatado, aún andan con el susto en el cuerpo. La mayoría rehuye las cámaras de televisión, pero algunos se sinceran ante la seguridad que aporta lo clandestino de la libreta. El temor apenas deja resquicios. Como siempre en estas ocasiones, hay casualidades que se agradecerán eternamente. Es el caso de una anciana que sufre de insomnio. Habitualmente, a esas horas está asomada al balcón, que está justo enfrente- -a unos 100 metros- -del lugar de la explosión. Estaba despierta, pero no asomada cuando los etarras perpetraron el atentado. Aunque el susto fue de muerte, no quiere ni pensar en lo que hubiera podido ocurrirle. Igualmente, en la espiral de sinrazón y maldad que producen los asesinos de ETA, siempre hay algún detalle que deja hueco a la esperanza. Ayer, según narra un agente de la Guardia Civil, unos cuantos vecinos se acercaron al cuartel para interesarse por el estado de los niños que allí viven- -es de suponer que estaban aterrorizados- -y para ofrecerles que fueran a jugar con sus hijos lejos del lugar del atentado. Es agosto, así que muchos de los residentes en la zona afectada por la explosión se encuentran de vacaciones y son sus familiares los que se acercan a las casas para comprobar si hay desperfectos. Si los hay, ponen la denuncia correspondiente ante la Erztaintza. Si no, tranquilizan a los inquilinos por teléfono. El piso es de mi hermana, pero estoy esperando a mi sobrino para ver cómo está la cosa comenta un señor que mira atónito las ventanas destrozadas de la fachada del edificio donde se dispone a hacer su inspección. Yo no vivo aquí, viven mis padres. Menos mal que no estaban y se han librado del susto señala una joven. La hermana del dueño de una oficina que hay muy cerca del cuartel está nerviosa mientras avanza para verificar si hay daños. A su paso, al ver cómo está la zona, se teme lo peor y comenta: Es una pasada lo que han hecho aquí, una barbaridad, para que luego digan que no hacen nada. Estos... Al llegar a su destino se confirman sus sospechas. La oficina está destrozada. En lugar de descomponerse, tira del humor socarrón de la tierra: La han dejado abierta al público Algunos se lamentan de no haber alargado sus días de descanso un poco más. Mi consue- EL HOMBRE QUE NO SABÍA NADA L a bomba de ETA parecería una vuelta al punto de partida si no fuera porque el hombre que tanto dijo saber sobre la banda nos hizo recorrer un largo camino en mitad del cual nos dejó abandonados hace algunas semanas. Allí seguimos cuando resuena el estruendo de los 100 kilos de explosivo de Durango, sin explicaciones de lo que tanto supo, con la sola compañía de un ministro de Interior que nos alerta de la inminente aparición del monstruo en el próximo recodo. El hombre que tanto dijo saber desapareció de su propio proceso y dejó a los españoles desconcertados en un camino del que desconocen la manera de desandarlo o la de encontrar una senda alternativa. El nuevo ataque de ETA se produce en un país en el que los ciudadanos aún no saben hacia dónde van, ni siquiera si van a alguna parte. Sin liderazgo antiterrorista, con un presidente que trasmutó su locuacidad sobre la paz en el más completo de los mutismos. El presidente que nada sabía sobre ETA pero construyó un proceso con ella envía ahora un único mensaje a través de la vicepresidenta, que los criminales van a la cárcel. Suena absurdo a los oídos de unos ciudadanos a quienes durante tres años dijo que entre el crimen y la cárcel había un lugar intermedio llamado proceso al que debían adaptarse ellos y el sistema político y judicial. Entre la cárcel para los criminales que ahora receta la vicepresidenta y ese proceso que hasta ayer predicaba el presidente hay una profunda fosa, la del nuevo proyecto y discurso político antiterrorista ausentes, que ni puede suplir el ministro de Interior interpretando los malos augurios de Batasuna, ni la vicepresidenta con lugares comunes sobre la cárcel y la criminalidad, ni un portavoz del PSOE llamando a una unidad sobre la nada. Y es que frente a las bombas de ETA aún seguimos en la nada, en el silencio sobre un proyecto y una política antiterrorista que el presidente no ha presentado a los españoles. Seguramente, su propósito era continuar callado hasta las elecciones. Para no enfrentarse a lo que nada supo de lo que dijo saber y a lo poco que sabe de lo que ahora debe hacer. Urkullu (PNV) y San Gil (PP) ayer en Durango Pensaba que se me caía la casa encima No es la primera vez que la casa cuartel de la Guardia Civil de Durango sufre atentados de los terroristas. En otras dos ocasiones, en 1982 y 1984, se produjeron ataques con granadas. Una vecina, que lleva viviendo en el inmueble toda la vida recuerda que entonces no fue tan potente como ahora, yo hoy pensaba que se me caía la casa encima. Menos mal que al final sólo se han roto cristales y ventanas y a nadie le ha pasado nada Otro vecino menos avezado en este tipo de actos criminales, ya que sólo lleva 3 años en su casa, y cuyo teléfono móvil no para de sonar pensó que se trataba de otra cosa hasta que se dio cuenta de la realidad: Como había tormenta, primero pensé en un rayo, luego en que había explotado la caldera, pero cuando vi el humo por la única ventana que pude abrir caí en la cuenta