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4 OPINIÓN VIERNES 24 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro UNA CRISIS ECONÓMICA CONTAGIOSA L repunte de los tipos de interés, con un euribor que ayer rompió una nueva barrera y se situó en el 4,791 por ciento, representa el enésimo episodio de la crisis hipotecaria que, procedente de Estados Unidos, no ha dejado de sacudir en los últimos días a la economía mundial. Aunque el presidente del Gobierno- -sobrado de presunción y carente de reflexión- -haya afirmado que la economía española está a cubierto de las turbulencias que afectan a los mercados financieros, la realidad no es tan halagüeña como pretendía con su discurso de lugares comunes. Desde que estalló la crisis, el euribor ha pasado del 4,583 al 4,791 registrado ayer, lo que volverá a aumentar la presión sobre los millones de familias españolas que tienen suscritas hipotecas, cada vez más encarecidas y cuyo pago restará capacidad de consumo para seguir dinamizando la economía y ampliando un ciclo expansivo que muchos analistas consideran seriamente amenazado. La incertidumbre sobre la política del Banco Central Europeo, que parece dispuesto a mantener su plan de incrementar los tipos de interés en la eurozona, complican un paisaje que no hace sino sumar señales de alarma, como la creciente dificultad de los constructores para vender sus últimas promociones de viviendas o la brusca caída del número de tasaciones realizadas en los últimos meses. Así las cosas, el problema no queda tan lejos como se empeña en asegurar Rodríguez Zapatero, y tampoco radica exclusivamente en la solvencia de las ya famosas hipotecas subprime otorgadas en Estados Unidos con enorme descuido por la solvencia de los deudores, sino en la diseminación de esos riesgos a través de activos financieros que han adquirido inversores de todo el mundo en cantidades y reparto que aún ignoramos. ¿Cuántos de esos activos con garantía muy precaria están suscritos por entidades e inversores españoles? Aún es pronto para determinarlo con detalle, pero es lógico imaginar que tantos como en cualquier otro país europeo y, con seguridad, bastante más que esos primeros millones de dólares aflorados hasta ahora. Para la economía española, fuertemente endeuda y muy dependiente de los flujos financieros del exterior, la nueva situación no es favorable. Por eso está justificada la reticencia sobre el crecimiento económico español que muestran no pocos analistas y las advertencias globales emitidas por el Fondo Monetario Internacional. Lo que no se entiende es esa confianza elemental y no razonada que muestra el presidente del Gobierno, tan carente de autocrítica y de cautela. Nos encontramos ante una crisis, compleja y de largo recorrido, que terminará por imponer cambios de calado en los procedimientos de financiación, única manera de evitar que los irreponsables que operan a uno y otro lado del mercado se vayan de rositas para que sean otros los que terminen por pagar la factura. E BUSH NO QUIERE ABANDONAR A IRAK N enero de 1975, el entonces presidente norteamericano Gerald Ford pidió apoyo al Congreso para seguir suministrando apoyo militar al régimen de Vietnam del Sur, asegurando que la incapacidad de Estados Unidos para asistir a aliados que están luchando por sus vidas puede afectar a nuestra credibilidad en todo el mundo En marzo de aquel año, Ford tampoco tuvo éxito cuando volvió a dirigirse al legislativo alegando que se avecinaba una catástrofe masiva en la política exterior de muchos países, lo que constituye una amenaza fundamental para la seguridad de los Estados Unidos En menos de cuatro semanas, el Gobierno vietnamita se derrumbó y los tanques de la guerrilla comunista entraron en Saigón diez días después. La derrota no sólo fue humillante para Estados Unidos, sino que sumió a toda la región del sureste asiático en un periodo de inestabilidad tan dramático que costó la vida a millones de personas e interrumpió gravemente el desarrollo de los que sobrevivieron durante cerca de tres décadas. Las analogías entre Vietnam e Irak pueden ser más o menos discutibles, pero de lo que no cabe duda es de que una brusca retirada de las tropas norteamericanas conduciría a un escenario cuyas consecuencias no podemos ignorar en ningún caso. El discurso del presidente George W. Bush a los veteranos de guerra ha tenido un cierto aire que evoca aquellos tiempos en los que todo el mundo pudo ver por televisión las escenas de la dramática evacuación de la Embajada norteamericana y de la multitud de vietnamitas que quedaban atrás, ante la certeza de su calamitoso destino. La idea de que tales imágenes pudieran reproducirse en la zona verde de la capital iraquí es, seguramente, la perspectiva más inquietante que pueden tener las naciones democráticas de todo el mundo, la población de Irak y la de todos los países vecinos. El informe que el general David Petraeus debe presen- E tar en Washington en septiembre incluirá, sin duda, la constatación de ciertos avances en la seguridad, sobre todo en la capital, Bagdad, a pesar de que la persistencia de los ataques terroristas impida tener la percepción de que las cosas avanzan. El general Petraeus es un brillante militar que demostró que se puede ganar la confianza de los iraquíes cuando se atienden sus necesidades básicas de seguridad, como él hizo cuando gobernaba la región de Mosul. Los soldados que están bajo su mando arriesgando sus vidas en una misión tan compleja no merecen que se dé la impresión de que lo único que está en juego en aquel país es la próxima elección presidencial. Evidentemente, en este estado de cosas cobra una importancia primordial el papel de las autoridades iraquíes. Igual que en Vietnam, es indudable que la progresiva iraquización del conflicto es la clave de cualquier plan de futuro y, por eso mismo, no es posible pensar en que resulte suficiente dejar las riendas de la situación en sus manos antes de que dejen claro que son capaces de gestionar por sí mismos su seguridad. En los últimos días, se han sucedido distintos hechos que, en su conjunto, han creado una corriente de desconfianza entre Washington y Bagdad, una perspectiva que en las circunstancias actuales representa el peor escenario. No es fácil ver con optimismo el futuro de Irak, y tal vez las palabras del presidente Bush a los veteranos sólo hayan servido para constatar que, prácticamente, el presidente es el único en Washington que aún mantiene la esperanza de salvar de algún modo la situación. Pero lo que no puede ponerse en duda es que cualquier posibilidad que pase por una retirada precipitada de las tropas norteamericanas de Irak abriría varios escenarios, aún peores. Juzgar bajo la luz de los intereses a corto plazo lo que está pasando en Irak nos llevará a la misma tragedia que ya conocimos en Vietnam, sólo que en este caso mucho más cerca de Europa. GUERRA ABIERTA EN EL PNV AS declaraciones del presidente del PNV de Vizcaya, Íñigo Urkullu, manifestando hallarse harto de los socios de su partido en el tripartito presidido por Ibarretxe es la última entrega de la crisis a varias bandas en la que está sumido el nacionalismo vasco. Si el artículo firmado por Josu Jon Imaz en medios vascos hacía oficial el divorcio entre el presidente del PNV e Ibarretxe sobre la oportunidad- -más que sobre el contenido- -de la estrategia soberanista iniciada por el lendakari y concretada, en su forma más agresiva, en la consulta por la autodeterminación, el dardo de Urkullu contra Eusko Alkartasuna e Izquierda Unida, bajo sospecha por sus devaneos con el PSOE tras las últimas elecciones locales, pero adheridos a la propuesta de referéndum soberanista, lleva la crisis al seno mismo del tripartito. Estos frentes abiertos en la bicefalia nacionalista- -formada por el lendakari y el presidente del PNV- -y en la coalición de gobierno surgida del pacto de Estella, se une el conflicto directo entre los sectores representados por Imaz y Joseba Egibar, heredero de Arzalluz y valedor del lendakari Ibarretxe. Nada, por tanto, queda a salvo de esta implosión del nacionalismo vasco, cuyas causas inmediatas se remiten al fracaso del lendakari Ibarretxe en su apuesta soberanista, con la que abandonó la rentable ambigüedad que permitía al PNV tener un pie en cada orilla y salir indemne políticamente de sus propios destrozos. El nacionalismo gobernante, pese a acumular L todo el poder institucional del País Vasco- -tras ganar Álava por el egoísmo político de los socialistas- se encuentra en una situación de crisis generalizada, con la confianza rota entre los partidos de la coalición tripartita, con una declaración de hostilidad entre Imaz e Ibarretxe irreconciliable y una contienda interna progresiva en el PNV Todo ello con la novedad, quizá calificable de histórica, de estar produciéndose sin la garantía de preservar, en todo caso, la hegemonía que en ocasiones anteriores permitió al nacionalismo producir sus escisiones y purgas- -como la que produjo la caída del lendakari Garaicoechea y la fundación de Eusko Alkartasuna- -sin poner en riesgo la conservación del poder político. La suma de acontecimientos en el País Vasco parece abocar a unas elecciones anticipadas: el Gobierno autonómico no tiene viabilidad si el PNV- -al menos, su presidente y su dirección, junto con la organización vizcaína- -no secunda el proyecto principal del lendakari Ibarretxe, la tantas veces anunciada como aplazada consulta soberanista. Sería un error ver en estas discordias un problema de fidelidad nacionalista. Se trata de una cuestión de táctica y estrategia en la que Imaz ha diagnosticado el agotamiento del proyecto soberanista de Ibarretxe, la poca fiabilidad que merece el PSOE y la conveniencia de no excluir al PP del margen de maniobra que, a su juicio, requiere el PNV para cambiar lo que sea necesario a fin de que todo siga igual.