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ABC JUEVES 23- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 73 ALTOS VUELOS LAS CURVAS DE LA BOTELLA Hubiera sido mejor quedarnos como antes, cuando las pandillas hacían fondo común y se aprovisionaban de litronas en la bodega talle se pueden encontrar conspiraciones contra Baco, en vez de respetos. Sin ir más lejos, y con relación a las botellas, decir que antes eran retornables, esto es, una vez devuelto el casco, te daban el dinero del mismo. Ahora son reciclables, o sea, que el de la bodega ya no se encarga de llevar la cuenta, para eso está uno mismo. Y así, tenemos las esquinas de las calles llenas de armatostes. Los llaman contenedores y traen unos agujeros que parecen sacados de un Pasillo francés, valga comparación tan viciosa. Y ya puestos, por seguir con el francés y lo del reciclaje, cabe aquí apuntar el consejo de mi Capitán, el Pérez- Reverte, que es gramático de la Real y que, como manos duchas comen truchas, no pierde el tiempo en seleccionar ni vidrios, ni latón. Qué va. Agarra todo en una bolsa y, así lo coge, así lo tira. Pero como corresponde a todo buen gramático, antes hace su apunte. Y pilla un rotulador y escribe en la bolsa: QLRVPM, o sea, que lo recicle vuestra... En fin, que razón no falta, ni a mi Capitán ni a quien le siga. Con el ánimo alzado, y para que la nostalgia se olvide como una lección gramatical mal aprendida, sólo queda mirar al futuro. Lo que pasa es que la vista no alcanza, culpa de los cristales que deja el botellón a su paso por el camposanto. Ahora resulta que ni a los muertos dejan descansar. Y a un servidor, que es un malpensado y siempre anda olisqueando conspiraciones, le da en la nariz que estas prácticas de corte bárbaro se permiten para acabar con los cementerios y reciclarlos en suelo urbanizable. Llegará un día, en que se prefiera cremación antes que sepultura. Y de manera tan estudiada, nuestras cenizas terminarán dentro de una botella de Coca- Cola, que por algo es la chispa de la vida. LA NOCHE NOS CONFUNDE A TODOS Cuando esos jovenzuelos se convocan masivamente por sms o correo electrónico nos están planteando un desafío una nota a pie de página, pero a partir de los dieciocho, no hay más remedio que seguir a Stevenson e invocar el tópico como verdad poética: que cada uno vote a quien le plazca y disfrute de su cuerpo como quiera, siempre y cuando no moleste ni contamine con sus residuos tóxicos. No recomiendo la borrachera como único divertimento, pero tampoco me parecen los del botellón mucho peores que esas ratas de centro comercial, para quienes la tarde del sábado consiste en deambular del Pinball al simulador de conducir y de la canasta demediada al escaparate de Nike. Los espíritus elevados escasean entre los jóvenes, aunque a algunos los veo en las bibliotecas y los teatros, lugares donde, por cierto, muchos adultos nunca han puesto un pie. ¿O es que ahora nos van a convencer las generaciones anteriores de que el pasatiempo predilecto de sus años mozos consistía en declamar la Eneida por las esquinas y contar endecasílabos quebrados? Si hay algo por lo que Spain is verdaderamente different, es porque aquí la responsabilidad se le endilga a cualquiera excepto al comerciante. En cuanto nuestro divino tesoro se arremolina en torno a los botellones, quedan estigmatizadas sus pobres aspiraciones, y nadie se acuerda del muy servicial tendero que dispensa la mercancía a mayores y menores. En la trastienda del botellón hay siempre un respetable traficante, un hombre de orden que se va de rositas, porque el Estado es magnánimo con aquellos delincuentes a los que resulta costoso castigar, y la sociedad siempre está dispuesta a comprender a los que sólo aspiran a hacer dinero. Va a ser que la noche nos confunde a todos: Chapeau, Dinio, eres un visionario. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora L a nostalgia es lo más parecido a una lección gramatical donde el pasado es perfecto y el presente está lleno de fartas de ortrogafía. Así pues, sólo hay que darse un garbeo por las noches que trae el verano para caer en la cuenta de que somos igual de jóvenes que entonces, sólo que con más recuerdos encima. Y todo esto viene al dedo con la guasa que se traen los niños del botellón. Se ponen tan contentos cuando se reúnen a darle al frasco que, de buenas a primeras, pumba, el contento de los unos colisiona contra el de los otros y, de rebote, alcanza a los que no participamos en tales jolgorios. Por seguir con el ejercicio de gramática y hacer del ayer pasado pluscuamperfecto, hubiera sido mejor quedarnos como antes, o sea, cuando las pandillas hacían fondo común y se aprovisionaban de litronas de cerveza en la bodega del barrio. Guapamente. Y con una guitarra y poco más, ya estaba liada. Entonces, festejar a Baco era buena costumbre. Se hacía por rumba, me sabe a humo, me sabe a humo, los cigarrillos que yo me fumo. Y en ese plan, cuando todo estaba fumado, cada mochuelo a su olivo. Eso sí, los cascos vacíos de la ingesta se dejaban arrimados a la verja de la bodega. No es literatura, así ocurría todos los findes y fiestas de guardar. Desde entonces, ha cambiado tanto el asunto que hasta en el más mínimo de- ada vez que se menciona el botellón, la escandalizada voz de la experiencia emerge de las cavernas para aleccionarnos sobre los peligros de la vida disoluta. De paso lanzan la voz de alarma: cuando esos jovenzuelos se convocan masivamente por sms o correo electrónico nos están planteando un desafío. ¿Quiénes son los que tanto vocean? Pásmense. Ni más ni menos que los de saca el whisky, cheli, para el personal los que se dejaban melenas y llevaban minifaldas. Anteayer ansiaban epatar a los burgueses; hoy son pobres burgueses epatados por los pecios pestilentes de una noche de botellón. No han cambiado mucho, sólo pertenecen a ese grupo de personas que, sin ser conservadoras, tienen una hija en el instituto. Tarareaban aquello de sexo, droga y Rock Roll aunque ahora lo han pensado mejor y se han dado cuenta de que a sus hijos les basta con el Rock Roll. Lástima, porque los chavales deben de andar ya por el hip hop, como poco. Cuando los padres ven llegar a su retoñito borracho, no pueden evitar la clásica exclamación indignada: ¡Esto es el acabóse! Pues no. Como diría Mafalda, esto es el continuóse del empezóse de ustedes. No hay para tanto: sólo se trata de la vieja costumbre de rebelarse contra los hábitos sociales de los mayores. Pueden estar tranquilos, nuestra juventud es, en el fondo, tradicional. El caso de los menores merecería C Un grupo de jóvenes reunido en Sevilla para organizar un macrobotellón en sus calles HUGO G. C.