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68 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS JUEVES 23- -8- -2007 ABC La policía conduce a Bartolomeo Vanzetti (segundo por la izquierda, con mostacho y gorra) esposado a Nicola Sacco (con sombrero negro) al Tribunal en 1927 ABC Sacco y Vanzetti Anarquistas ejecutados tras una farsa judicial POR MANUEL LUCENA GIRALDO H oy hace 80 años fueron ejecutados en la silla eléctrica Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, con apenas siete minutos de diferencia, en la prisión de Charlestown, Massachussetts. En la historia de los errores judiciales, posibles sólo donde existe un estado de derecho capaz de reconocer que se cometen graves equivocaciones, un privilegio humanitario del mundo occidental que deja al margen dictaduras y satrapías hereditarias religiosas o lai- Albert Einstein afirmó que el caso de los anarquistas italianos demuestra que las instituciones democráticas más minuciosamente estudiadas no son mejores que los individuos que las usan como instrumento cas de otras latitudes, se trata de un hito fundamental. Todo comenzó en la tarde del 15 de abril de 1920, cuando el pagador de una fábrica de zapatos y su escolta fueron tiroteados en los suburbios de Boston. Los autores huyeron en un coche negro, donde aguardaban otras personas. A pesar de lo espectacular del suceso y la abundancia de testigos, la policía no pudo establecer si los asesinos habían sido dos, tres o cuatro, aunque algunos apuntaron que caminaban como italianos Durante las semanas siguientes, la investigación no logró avanzar, pero el 5 de mayo el jefe de policía Mike Boda mandó detener a dos sospechosos: Sacco y Vanzetti, que se hacían llamar Nick y Bart Según Boda, había tenido la intuición de su vida: tras detener un tranvía, había decidido que aquellos dos anarquistas de origen italiano que iban en el pasaje eran los culpables. En el contexto de una ciudad con una fuerte presencia irlandesa y una poderosa elite que desconfiaba de los emigrantes italianos por su procedencia latina, religión católica y capacidad para organizar redes de protección y asistencia mutua- -la mafia fue en origen una de ellas- -era la solución perfecta. Sacco había llegado a Estados Unidos con 17 años y había trabajado de aguador, jornalero, fundidor y zapatero. Estaba casado, tenía un hijo pequeño y otro en camino. Había huido a México durante las levas forzosas de la Primera Guerra Mundial. Vanzetti había nacido en 1888 y emigrado a América con 19 años. Soltero, había trabajado como repartidor de carbón, lavaplatos, cortador de vidrio, albañil, encerador y vendedor ambulante de pescado. El día de su detención ambos se dirigían a una manifestación en protesta por la muerte de un anarquista. Llevaban panfletos revolucionarios, iban armados e incurrieron en contradicciones menores; su inglés distaba de ser perfecto. El juicio posterior, con testigos amañados, defensores incapaces y fiscales corruptos, concluyó con sendas condenas a muerte, que el infame juez Thayer mantuvo a pesar de que en 1926 un preso puertorriqueño de la prisión de Dedham, Celestino Madeiros, se declaró culpable y exoneró a los acusados. Pese a las protestas y peticiones de clemencia, que llegaron de Mussolini, Stalin, Marie Curie, Charles Lindbergh o John Dos Passos, la pena fue ejecutada. Quizás la reflexión más atinada sobre lo ocurrido fue la que realizó Einstein: El caso de los dos anarquistas italianos demuestra que las instituciones democráticas más minuciosamente estudiadas no son mejores que los individuos que las usan como instrumento En 1977 la justicia norteamericana los rehabilitó moralmente y reconoció su inocencia.