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24 INTERNACIONAL www. abc. es internacional JUEVES 23- -8- -2007 ABC Bush justifica la permanencia en Irak con gestas como Normandía, Corea o Vietnam En un discurso a los veteranos, afirma que retirarse precipitadamente lo pagarían millones de ciudadanos ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Dicho por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, no a sus rivales políticos ni a la Prensa, ni siquiera al ciudadano corriente, sino a los veteranos americanos de guerra: Nuestras tropas están viendo progresos sobre el terreno en Irak. Y mientras ellos toman la iniciativa frente al enemigo, se preguntan: ¿sus representantes en Washington van a dejarles en la estacada justo cuando están cogiendo impulso y cambiando las cosas en Irak? Es sólo un extracto de un discurso de Bush destinado a ser pronunciado ante una convención de veteranos de guerra en Kansas City, pero propagado por la Casa Blanca a todos los rincones del país. En él, el presidente sitúa la guerra de Irak en un eje de idealismo que se remonta al desembarco de Normandía y a la lucha contra el comunismo en Corea y en Vietnam. Soslayando esta última derrota, Bush afirma que la salida americana del país dio alas al régimen de terror de los jemeres rojos en Camboya. Se tenga la posición que se tenga en este debate, un innegable legado de Vietnam es que el precio de la retirada americana lo pagaron millones de ciudadanos inocentes, cuyas agonías han introducido en nuestro vocabulario nuevos términos como refugiados del mar, campos de reeducación y campos de la muerte concluye Bush. El presidente se resiste a dar por perdida la guerra, o a admitir que fue un error, como le piden a gritos los demócratas y algunos republicanos, temerosos de la constante sangría de popularidad en este asunto, en un año preelectoral. Los congresistas neocon llevan meses luchando a brazo partido para que la mayoría demócrata no les arrebate el control de cuándo y cómo se retiran las tropas americanas, con qué fondos, etc. Pero esto no significa que no sean conscientes del desastre. Y que no deseen salir de él. Pocas cosas odian tanto los americanos, como el fracaso. Los conservadores temerosos de este efecto rezan por la llegada de un nuevo líder y candidato republicano en condicio- El presidente Bush saludaba ayer antes de pronunciar un discurso a la convención de veteranos de guerra, en Kansas City nes de hacer borrón y cuenta nueva, y de intentar que Bush se lleve él solo a su tumba política unos errores que- -a pesar de la indiscutible responsabilidad última del presidente- -lo fueron de todo un equipo. Silenciosamente- -o no tanto- -han ido saltando todos los cerebros de la guerra, desde Donald Rumsfeld a Paul Wolfowitz. Hasta ha anunciado que se va Karl Rove, el defensor a ultranza de que Bush no se equivoca nunca. Sólo Condoleezza Rice sigue en su puesto. Pero este discurso de Bush constituiríaunjarrodeaguafría, asícomounaadvertencia, paratodos aquellos que esperen verle salirdeesteasuntoconlacabezabaja, o extremando la autocrítica. Un posible indicio de esto último pareció percibirse el pasa- AP do martes, cuando Bush admitió públicamente un cierto nivel de frustración ante la gestión del presidente iraquí, el chií Nuri al- Maliki, hasta hace poco defendido por él mismo como el hombre de confianza americana en Bagdad. El pasado lu- El informe Peatraus podría ser presentado ante el Congreso el próximo 11 de septiembre A. G. WASHINGTON. El próximo 11 de septiembre podría ser la fecha elegida para que el jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak, el general David Peatraus, presente ante el Congreso su anhelado informe. Lo llaman casualidad o calendario pero tampoco hacen ningún esfuerzo por buscar un momento menos dramático. Y es que en una de las pocas cosas en que republicanos y demócratas están de acuerdo, es en que todos se mueren por escuchar a Peatraus, incluso no teniendo ninguna duda de lo que va a decir. Para los demócratas, encarna la voz de la razón frente a la fuerza bruta de Donald Rumsfeld. El recordatorio de que hasta para aplastar al enemigo de forma inmisericorde, se requiere cierta habilidad. Cierto despliegue masivo de tropas- -no sólo de unidades escogidas- y cierta capacidad de apoyarse en el ejército local, en lugar de desperdigarlo y volvérselo a encontrar en forma de insurgencia. Peatraus, 54 años, general de tres estrellas, doctor por la Universidad de Princeton, se ha hecho famoso predicando lo contrario que Rumsfeld: como comandante de la fuerza 101 aerotransportable logró mantener la calma en Mosul, al norte de Irak, durante el primer año de invasión, ganándose el respeto de los habitantes de la zona, al garantizar su seguridad y necesidades básicas. El misterio es si este modelo sería aplicable a todo el país. Porque, mientras para los demócratas Peatraus es la prueba viviente de que la guerra de Irak ha sido un fracaso, para los republicanos es el testigo de que aún es posible tener éxito. Que aún es posible salir de ahí sin las manos vacías. En cualquier caso, se espera que su informe ponga énfasis en la deslocalización de la guerra: en aconsejar que el ejército americano se retire siempre que sea posible en favor de las fuerzas iraquíes. Justo lo que quiere todo el mundo en Washington.