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74 40 RICOS SOLEMNES MIÉRCOLES 22- -8- -2007 ABC Charlene Heineken La humilde heredera ISABEL GUTIÉRREZ C uando Alfred Henry (Freddy) Heineken falleció víctima de una neumonía en Noordwijk, al oeste de Holanda, el 3 de enero de 2002, la incertidumbre sobre el futuro de la gran multinacional de la cerveza se desató apenas unas horas después del óbito. El modo más evidente de manifestar tanta inquietud fue dibujar el retrato del magnate y el de su única hija y heredera, Charlene, y contrastarlos. En apariencia, ambos eran bien diferentes, por temperamento y por cómo se exponían en público. Freddy resultaba ligero y extrovertido, un visionario de chispeante talento, cuyas maneras de bon vivant enmas- caraban un fondo correoso y aguerrido. Charlene, la humilde Charlene aparecía como una mujer imperdonablemente discreta, refugiada en el caparazón de un hogar confortable y austero, sin más ambiciones que la crianza de sus cinco hijos. Padre e hija, sin embargo, se comprendían y respetaban. Estaban unidos. Aun cuando ella, a su manera, fue insumisa. ¿Su gran acto de rebeldía? Empeñarse en defender su condición de ama de casa, cuando él insistía en implicarla cada vez más activamente en la gestión de una compañía en la que, años atrás, Charlene ya se había rodado dentro del equipo de dirección. En el momento de la muerte de Freddy Heineken, de su suceso- ra se trazaba un perfil empresarialmente bajo. Pero cuando aseguró que soy parte del pasado, el presente y el futuro de Heineken empezó a aclararse por dónde irían los tiros. Charlene de Carvalho- Heineken nació en Amsterdam el 30 de junio de 1954. La familia de su madre, Lucille Cumming, norteamericana natural de Kentucky, era dueña de diversas destilerías de bourbon. Precisamente el mismo año en el que Charlene vino al mundo, Freddie había recuperado para los Heineken su participación mayoritaria en una empresa que su abuelo creó y su padre vendió. Gerard Adriaan Heineken (1841- 1893) el patriarca y fundador, se hizo en 1864 con la firma cervecera Haystack (sus orígenes se remontaban a 1592) a la que cambió el nombre y con la que marcó la diferencia introduciendo, por vez primera, el control de calidad. Pronto se convirtió, dentro del sector, en la firma más poderosa de Holanda. Cuando Freddie recompró las acciones tras conseguir un préstamo de 122.000 libras (cuenta la leyenda que, para impresionar, se plantó en la puerta del banco con un RollsRoyce de alquiler) puso en funcionamiento el arsenal de enseñanzas y doctrinas adquirido a lo largo de sus años de estudios en Estados Unidos. No sólo manejaba el márketing con especial habilidad; su genio creativo tiñó su marca de un verde bastante indiscreto y la hizo mundialmente grande. Yo no vendo cerveza, vendo alegría decía. Mientras, Charlene estudió leyes en la Universidad de Leiden (tiene un doctorado) y se casó con Michel de Carvalho, un financiero anglo- brasileño a quién había conocido en la estación alpina de St. Moritz (Suiza) de hecho, él formaba parte del equipo olímpico de esquí de Gran Bretaña. También era un actor en el retiro: fue miembro del reparto de Lawrence de Arabia y, acaso por participar en una película tan memorable, lamentó profundamente la decisión de cambiar los platós de cine por las aulas de Harvard. Sin embargo, en aquel El marido en la sombra tiempo Carvalho sobre todo era un profesional de los negocios especialmente valioso e inspirado: Schröder Salomon Smith Barney o Nikko Cordial Securities son dos de las compañías en las que su presencia ha sido decisiva. En el momento de la sucesión en Heineken, trataba de no aparecer como quien manejaba los hilos mientras su esposa daba la cara, aunque de vez en cuando fuera él quien expresara lo que ella pensaba. No nos desmarcaremos de los principios del viejo dijo en una ocasión. Precisamente en aquella férrea fidelidad al espíritu del viejo Freddy algunos vieron un serio problema: en un mundo global, donde las fusiones y absorciones son el salvavidas que mantiene a flote a muchas empresas, Heineken había cimentado su fortaleza en torno al poder familiar. Más allá de la adquisición, por ejemplo, de El Águila o del Grupo Cruzcampo, por no perder el control la firma era más modesta de lo que merecía. Es posible que la reconquista del año 54 dejara en Freddy Heineken la obsesión de no ceder jamás. Y también es muy posible que, por lo mucho que le costó recuperar el legado del abuelo Gerard, disfrutara de su buena fortuna con una alegría envidiable y una excentricidad algo latosa. A su yate, en cuya cubierta eran habituales los miembros de la familia real holandesa, se le conocía como Something Cool nombre que guarda toda una declaración de intenciones. En 1983, fue secuestrado y durante tres semanas permaneció encerrado en un pequeño almacén. Se cree que por su liberación se pagaron 17 millones de euros, aunque, tras el arresto de los delincuentes, se recuperó buena parte del rescate. Tras las vacilaciones iniciales, justificadas o no, definitivamente Charlene lleva las riendas de una multinacional que está presente en más de 170 países y que en España controla casi el 40 por 100 de la cuota de mercado. El legado parece a salvo. Charlene Heineken, en la presentación de la cervecera en el índice bursátil europeo Euronext ABC Más información en: http: www. forbes. com