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68 40 GENTE MIÉRCOLES 22- -8- -2007 ABC Manuela Vellés se apuntó a un casting Quizá fue un flechazo de cine, pues Medem no dudó a la hora de escogerla Manuela aún no se lo cree. se había matriculado en una escuela de teatro madrileño y se apuntó, sin mucha fe, en un casting. Quizá fue un flechazo cinematográfico, el caso es que Medem no tuvo ninguna duda a la hora de escogerla. Al final me dijo que yo sería Ana, que tuviera confianza porque él me iba a ayudar en todo momento- -confiesa- Estaba muy asustada, porque la película entera iba a girar alrededor mío y yo no tenía ninguna experiencia como actriz. Estuvimos dos meses construyendo el personaje, por ejemplo, hablábamos de su madre que nunca sale en la película y de la que tampoco se habla, porque se fue en un momento dado- -justifica Medem esa ausencia- ya que no pudo soportar esa forma de vida. Cuando ella se va, Ana comienza a pintar Parábola de la mujer dadora de vida frente al hombre de la guerra, Ana ha vivido otras vidas de mujer, todas trágicas, y las va recuperando merced a un viaje de regresión hipnótica guiado por Anglo (Asier Newman) Sin embargo, los hombres que la rodean en esa comuna, como Said (Nicolás Cazalé) el joven saharaui del que se enamora; o Lucas (Raúl Peña) el rijoso adorador de diosas, no son hombres de guerra. Tampoco lo es Ismael (Lluís Homar) con el que Ana se embarca de polizón cuando él planta a la madre de la videoartista Linda (Bebe, una salvajilla- -en palabras de Medem- -que transformó a su manera el personaje escrito en el guión y recupera su pasión marinera. Para Manuela, Ana tiene algo que admiro. Me encanta su forma de ser, es muy libre, optimista, tiene la sonrisa permanente. También es muy pasional y así lo vive cuando se enamora Para Medem, Ana es la contradicción, el caos, tan luminosa y volcada hacia afuera, pero al mismo tiempo, abriga un lado oscuro, terrible, que va emergiendo en este viaje Un viaje que a lo mejor sería una historia del alma que se enriquece con todos los muertos, porque estamos conformados por ellos, somos lo que somos porque otros ya fueron concluye Medem junto a Manuela Vellés, su descubrimiento. La joven debutante Manuela Vellés y Julio Medem, director de Caótica Ana película que se estrena el viernes Manuela Vellés El descubrimiento de Julio Medem POR TULIO DEMICHELI FOTO FRANCISCO SECO S e llama Manuela Vellés y hace de Ana, nombre ya presente en el cine de Julio Medem- Los amantes del Círculo Polar aunque ahora no es una cita autorreferente, sino que rinde homenaje a su hermana, que se fue, y a su hija, que vino, como reza la dedicatoria de Caótica Ana película que llega a las pantallas el próximo viernes y que ayer se presentaba en un hotel madrileño muy torero que se ha vuelto más bien fashion y cool, es decir, puntito neoyorquino. En la película, Manuela a veces tiene los ojos verdes y otras amielados, y el pelo, casi siempre trigueño aunque, al final, se corte la melena y se le vuelva casi negro. Manuela parece tan poco española que pasaría desapercibida en Toronto o en Mel- bourne, por eso, da que ni pintada como hippy ibicenca, hija de un colgado encantador, el alemán Klaus (Matthias Habich) y no resulta extraño que vivan en una cueva, donde Ana, que es artista, ha pintado un sinfín de puertas cerradas (sus cuadros son de Ana Medem) Allí la encuentra Justine (Charlotte Rampling) una mecenas que la invita a una comuna de artistas que ella financia en Madrid.