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ABC MARTES 21- -8- -2007 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 77 Una pareja de personas con evidente sobrepeso espera la llegada del tranvía en Manchester (Reino Unido) AFP una explicación a la obesidad que se aleja de la genética, las dietas hipercalóricas y del sedentarismo. En un estudio anterior demostraron que pollos y ratones infectados con el virus AD 36 llevaba a los animales infectados a engordar y a duplicar su almacén de grasa. Ahora, para este nuevo experimento, los científicos utilizaron células madre adultas de tejido graso de pacientes que habían pasado por una liposucción. La mitad de estas células fueron expuestas al virus y la otra mitad no. Tras una semana de crecimiento en cultivo, la mayoría de las células madre adultas infectadas por el virus se convirtieron en células grasas y las que no estaban infectadas se mantuvieron invariables. Es la primera vez que se demuestra que este virus podría provocar en el organismo humano un aumento de los niveles de grasa. Al parecer, lo que podría incentivar la transformación de esas células es un gen llamado E 4O rfl. Los futuros tratamientos dirigidos a prevenir o inhibir este virus de la obesidad tendrían como diana ese gen. La obesidad podría contagiarse por la infección de un virus común El adenovirus, que provoca infecciones respiratorias y gastroenteritis, transforma las células madre del tejido adiposo en células grasas N. RAMÍREZ DE CASTRO MADRID. Decir que la obesidad es contagiosa puede parecer disparatado. Pero cada vez hay más evidencia científica de que esta epidemia mundial, que se propaga como si fuera un virus, también está originada por uno de ellos. Al menos, en algunos casos. La última prueba la proporcionan investigadores de la Universidad de Louisiana en Estados Unidos. Ayer, durante el congreso de la Sociedad Americana de Química, presentaron un sorprendente estudio que conecta la infección por un adenovirus- -el virus que causa el catarro- -con la obesidad y el exceso de peso. El hallazgo plantea la posibilidad de desarrollar una vacuna o utilizar un tratamiento antiviral para frenar ciertos tipos de obesidad con una diana clara: el adenovirus 36 (AD 36) Ese es el nuevo enemigo de las personas con sobrepeso. El AD 36 es el miembro de una familia de virus que incluye 50 cepas. Cuando se introduce en el organismo humano puede causar infecciones respiratorias, gastroenteritis, conjuntivitis y otros trastornos de escasa gravedad y corta duración. Ahora se sabe que, además, este inocente virus puede transformar las células madre del tejido adiposo en células grasas. En experimentos en laboratorio los científicos de la Universidad de Louisiana han visto cómo esas mismas células madre no se transforman en adiposas si no entran en contacto con el adenovirus. También identificaron un gen específico en el adenovirus que parece estar involucrado en ese efecto promotor de la obesidad. No decimos que un virus sea la única causa de obesidad. Ni que todas las personas infectadas engorden, pero nuestro estudio proporciona evidencia sólida de que algunos casos están relacionados con las infecciones víricas advirtió Magdalena Pasarica, autora de la investigación junto a Nikhil Dhurandhar. No es la primera vez que este grupo de científicos ofrece Un 30 de obesos infectados Se estima que hasta un 30 de las personas obesas y el 11 de las personas delgadas podrían estar infectadas con el virus AD- 36. Por eso, el siguiente paso de los científicos estadounidenses es identificar aquéllos factores que llevan a algunas personas infectadas con el virus a ganar peso y a otras no. Tampoco se sabe el tiempo que el virus permanece en el organismo de los individuos obesos o lo que dura ese efecto, capaz de producir nueva grasa. En pruebas con animales el efecto se prolongó durante más de seis meses tras la infección. Más información sobre obesidad y virus en: http: ndhuran. tripod. com whatIdo. html Los estrógenos dirigen la acumulación de grasa en el abdomen durante la menopausia Hay dos momentos en la vida de la mujer en los que resulta muy difícil no ganar peso. Uno es el embarazo y el segundo la menopausia. En esta etapa, cuando la fertilidad desaparece, la grasa tiende a acumularse en el abdomen, donde el riesgo cardiovascular es mayor. Se pensaba que los cambios hormonales incrementaban el apetito y provocaban el sobrepeso. Pero en una serie de experimentos con roedores, científicos de la Universidad de Cincinnati explican cómo determinados receptores de los estrógenos (hormona femenina) controlan la ingesta de comida, el gasto de energía y la distribución de la grasa corporal. Cuando esos receptores (ER- alpha) localizados en el cerebro, se anulan, los animales comen más, gastan menos energía y almacenan kilos de más, sobre todo en la cintura. La investigación respalda la asociación entre estrogénos y obesidad y abre un camino al desarrollo de terapias hormonales de reemplazo más dirigidas. Los dos roedores del experimento ABC