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72 40 VISIONES MARTES 21- -8- -2007 ABC BELLEZA A CONTRAPLANO CHIPS DE VERANO José Manuel Nieves LA LEYENDA Y LOS HECHOS Caso: Fahrenheit 451 Acusado: François Truffaut. Cómplices: Oskar Werner, Julie Christie, Cyril Cusack, Anton Diffring y Bee Duffell. Reino Unido, 1966. A por la eterna juventud Teresa de la Cierva Marta Barroso La playa da mucho juego, la verdad. Sobre todo para este tipo de columnas. Un simple vistazo a nuestro alrededor es suficiente para saber con qué tema podemos lidiar al día siguiente. En este caso podemos decir eso de que una mirada basta. O mejor, varias. Como la de ese grupo de mujeres- -maduritas, claro- -que miraba a otro grupo de mujeres- -jovencitas, claro- -con cierta envidia. Nada sana, por cierto. Algo más que comprensible. Frente a ellas cuerpos esculturales con una piel maravillosa, tersa, espléndida. Cuerpos empeñados en demostrar que, entre el antes y el ahora, o si prefieren entre la juventud y esa edad que parece ser que es la de la madurez, nadie es inmune al paso del tiempo. La piel cambia, la flacidez se impone y lo que tiene que caer, cae. Qué se le va a hacer... La fuerza de la gravedad es implacable y hay que asumirlo. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que no se deba luchar contra ella. ¿Cómo? Con productos como la Crema Alisante Reafirmante y Rejuvenecedora de la línea Body Excellence de Chanel (45 un tratamiento corporal antiedad que utiliza los mejores activos para devolver la firmeza a la piel a la vez que la hidrata dejándola suave y lisa. Ya saben. Federico Marín Bellón Lo he pensado, y seguiré usando el móvil... aunque me parta un rayo A los muchos males y perjuicios que se les imputan a los teléfonos móviles, se añade ahora uno nuevo y letal. La posibilidad de que, descansando tranquilamente en un camping, al teléfono le de por atraer los rayos de la tormenta de fuera y nos deje, literalmente, fritos. Eso es, por lo menos, lo que Pedro Frutos, director del camping Estrella de Mar, de Castelldefels, dice que le sucedió a la desafortunada ciudadana portuguesa que perdió la vida ayer en el interior de su tienda cuando sobre ella cayó un rayo. Que fue su móvil quien lo atrajo. Pues anda que no habré yo caminado veces (y usted, seguro) bajo la lluvia y con el móvil en el bolsillo... O incluso hablando a todo hablar debajo del paraguas en lo que, al parecer, es toda una provocación para los elementos de la naturaleza. Habrá que añadir este indeseable y trágico efecto a los clásicos, a saber: falta de libertad al estar siempre localizable; peligrosas radiaciones electromagnéticas inyectadas directamente al cerebro; y por si fuera poco, la posibilidad de que su peor enemigo le acierte en todo lo alto con un misil que siga la pista de ese pequeño traidor electrónico... Lo he pensado bien. ¿Y saben qué? Que lo seguiré usando. Aunque me parta un rayo. C omo todo el mundo sabe, el título alude a la temperatura a la que arde el papel- -algo así como 233 grados centígrados- -en la escala que inventó el caprichoso físico alemán Gabriel Fahrenheit. El novelista Ray Bradbury, para muchos el creador de la telebasura, ideó una sociedad sin incendios, en la que los bomberos no torean, sino que queman libros a las órdenes del Gobierno, dado que leer angustia a los hombres, lo que no deja de tener fundamento. En realidad, la profecía se ha cumplido, aunque el poder ha aprendido a ser un poco más sutil. Según el provocador profesional Michael Moore, Fahrenheit 9 11 es la temperatura a la que arde la libertad. Guy Montag (Oskar Werner) es el instrumento del régimen a quien, como al capitán de La vida de los otros le brota la semilla de la duda, en su caso regada por dos mujeres, Julie Christie y, en la segunda mejor escena, la lectora empedernida que prefiere arder junto a su biblioteca antes que ser despojada de sus libros. Los abogados de la Universal pretendían salvar de la quema las novelas de Faulkner, Sartre, Proust y Salinger, entre otros, porque estaban vivos, para evi- Oskar Werner, en una imagen publicitaria de Farenheit 451 voluntaria. Todos los errores se le perdonan por su hermoso y emocionante final, cuando aparecen los hombres- libro y se esfuman los inventos futuristas, cuyo único acierto son los enormes televisores que vigilan a lo Gran Hermano. El sistema de enseñanza de los libros, no obstante, es inverosímil. ¿Sabe alguien cuánto se tarda en memorizar una novela de 300 páginas al pie de la letra? Lo más curioso es que existe un Proyecto Fahrenheit 451. En www. personaslibro. org detallan cómo apuntarse e incluso citan con humor el caso de un socio que se ha aprendido el celebérrimo relato del dinosaurio de Monterroso. ¿Cómo se explica, por otro lado, que en una sociedad sin textos Montag sepa leer? Resulta hasta ridículo cuando agarra un libro y finge que le cuesta. François Truffaut, ¿leyó usted su guión? ¿Sabe alguien cuánto se tarda en memorizar un libro de 300 páginas? tar posibles demandas. Truffaut cuenta que un abogado de Londres le confirmó su derecho a citar, y chamuscar, cualquier libro y autor. Hay quien critica al cineasta por la ausencia del sabueso mecánico que cita Bradbury en la novela, una máquina con la que los bomberos persiguen a los tenedores (y hasta a las cucharas) de libros. Más vale así, después de ver lo fuera de lugar que se sentía Truffaut en las escenas de ciencia ficción, cuya estética futurista es de pandereta. Los cuatro jinetes voladores ¿del apocalipsis? caen de lleno en la peligrosa comedia in-