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ABC MARTES 21- -8- -2007 40 69 Ángel Suárez Flores, alias Cásper tras ser detenido por su presunta relación con el tiroteo de Rodríguez Menéndez tro, nada escapaba a su control, y movían mucho dinero. Se podían permitir el lujo de dejar dormir las obras una temporada mientras se dedicaban a vivir como reyes tirando de billetera como siempre. Juan Manuel Candela pasó sus vacaciones en Ibiza, con un grupo de agentes pegados a su cogote, que ven con pasmo como Sapo llega a gastar 6.000 euros en una noche. Restaurantes de postín, reservados vips en las discotecas, suites de hotel, mujeres despampanantes y trabajo: concierta citas con rusos, rumanos y kosovares en eternas noches de parranda. Sus compañeros de andanzas no le van a la zaga. Eligen Marbella y Valencia y dilapidan euros por miles. Cunde la alarma: pese al estrecho cerco, los delincuentes pueden haber colocado ya alguna pieza menor y estar viviendo de las rentas. Era improbable, dado que no había marchante, anticuario o policía del mundo- -se habían hecho gestiones en Italia, Francia, Suiza y Reino Unido- -que no supiera que se estaba antes obras BIC (Bienes de Interés Cultural) que forman parte del Patrimonio Histórico. En teoría eran casi imposibles de vender, pero con Cásper y su gente nunca se sabe. Más tarde, los investigadores averiguarían que el despilfarro venía de otra tangada a un empresario madrileño afincado en Estados Unidos al que estafaron unos 150 millones de pesetas con cheques falsos al calor de una noche de juerga en Ibiza. En diciembre de 2001, la Policía se ve obligada a improvisar una estrategia. Suárez y Candela han mantenido una cita en el club de alterne de Madrid, propiedad del primero, con tres colombianos relacionados con un grupo de narcos. Los agentes están seguros de que se va a cerrar un trato inminente con alguno de los cuadros. La banda pagaría parte en metálico y parte en cocaína. El jefe de la operación Cuba informa a la juez- -la colaboración fue muy estrecha desde el primer momento- -y, pese a lo arriesgado de la operación, se decide detenerlos, con la certeza casi absoluta de que no se van a encontrar los cuadros. O los arrestábamos ya o perdíamos el botín. No teníamos duda, pese a que nos complicaba la vida, porque ya sabrían definitivamente que las cartas estaban encima de la mesa admitía después el comisario que ordenó la detención. El día 4 arrestan a Ángel Suárez, Juan Manuel Candela, su novia, Juan Carlos González, el conductor de la Renault Espace, y al vigilante Luis Miguel del Mazo. Cásper en su línea chulesca, se muestra desafiante. Quiere hacer un trato, que le paguen por revelar el secreto mejor guardado, pide mucho dinero a la Policía- -no en vano ya había despreciado el millón de euros que se rumoreaba había ofrecido Esther Koplowitz- -y calla. Callan todos y, como era previsible, quedan en libertad con cargos. La cautela demostrada por Suárez y sus esbirros hasta entonces empieza a astillarse y la avaricia gana terreno. Vuelven a su vida chanchullera, con medidas de seguridad redobladas, pero ya al alcance de los investigadores, y se lanzan a una carrera sin freno, a ofrecer la mercancía por medio mundo. Ese recorrido les traicionará y permitirá a la Policía, más fría que nunca, tejer la maraña en la que terminarán enredándose los cacos, la trampa perfecta, con varias versiones adaptadas, una muestra de arte policial, que salió bien, casi perfecta. Fueron meses de una partida dura, donde se jugaba al ratón y al gato con decenas de escuchas, vigilancias, agentes encubiertos, despistes y todo tipo de argucias. La banda estaba cada vez más nerviosa, hasta que en mayo llegó el plan definitivo. Dos agentes del FBI informan a la Policía de que los ladrones han ofrecido el botín a un grupo mafioso del Este, afincado en Nueva York. La transacción parece inminente. Los FOTOS: ABC Un intento de homicidio, un trato, un abogado Cásper se vio implicado en el homicidio frustrado del abogado Emilio Rodríguez Menéndez. Se sentó en el banquillo, con su habitual esto no va conmigo junto a Laura Fernández, la mujer del letrado que planificó el crimen, y otros dos acusados. Suárez llegó a un acuerdo con Rodríguez Menéndez para que la acusación particular retirara los cargos. Tras el juicio, Cásper contrató los servicios jurídicos del letrado, que ya asesoraba a otros miembros de la banda. Fue condenado por encubridor a seis meses de cárcel, pero el Tribunal Supremo elevaba la pena después a un año. De hecho, la rumorología apunta a que el polémico abogado, hoy en prisión, estuvo al tanto del robo de los cuadros, al menos a posteriori Suárez, Candela y Del Mazo, que se entregó al día siguiente de las detenciones, pasaron cinco meses en prisión por el caso Koplowitz y salieron en libertad bajo fianza de 80.000 euros. investigadores se adelantan y suplantan a los supuestos compradores. El dispositivo desplegado para el día 21 de junio de 2002 en el Hotel Meliá Castilla daría para un libro. No quedó un hueco sin tomar por fontaneros, electricistas, aparcacoches, camareros... Todos policías. Arriba esperaba un agente del FBI, experto en arte, y otro del CNP ex, perto en casi todo, pero que además habla inglés con acento americano. Y un maletín con 300 millones autorizado por el Banco de España para engatusar a los cacos. Sube Sapo toma 130 euros para comprobar que son auténticos y baja a la calle a por Las tentaciones de San Antonio de Brueghel. Cuando vuelve, es detenido. Ángel Suárez, que esperaba en el vestíbulo, corre la misma suerte. Llevan las llaves de dos coches aparcados a unos metros. En uno de ellos se encuentran diez de las joyas, bajo un colchón, envueltas en plásticos. Nunca se esperó hallar tantas obras. Todavía tuvieron que pasar otros tres meses para recuperar el resto. Fue en un chalé de Gerona, cuando la mercancía estaba a punto de viajar en barco hasta Colombia. De nuevo, las obras habían sido tratadas como baratijas. Pero qué esperar de una banda que escondió a Goya y a Gris en el reservado de un burdel.