Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
68 40 GRANDES CASOS MARTES 21- -8- -2007 ABC Koplowitz CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ FIRMA MADRID. Cualquier día quemo los putos cuadros Entre esa conversación telefónica intervenida por la Policía y la cena en uno de los asadores madrileños con más pedigrí que compartieron tres hampones la noche del 8 de agosto de 2001, pasaron varios meses. Miles de horas de angustia, presiones e inventiva policial para evitar que la mayor colección de arte robada jamás en España se evaporara para siempre. La obsesión de los investigadores era que la veintena de obras no cruzara las fronteras. Esther Koplowitz, vicepresidenta de Fomento de Construcciones y Contratas y una de las mujeres más ricas de España, estaba de vacaciones en Estados Unidos. En su ausencia había dispuesto remodelar su ático de 300 metros cuadrados en el Paseo de La Habana. La casa estaba vacía y su fabulosa colección de arte embalada en una habitación. Un vigilante, empleado fiel de la empresaria al que incluso había regalado unos 18.000 euros por Navidad, custodiaba la vivienda. Era Luis Miguel del Mazo, un tipo de 28 años que ya llevaba dos en esa casa y, por tanto, era de fiar. Fue el peón de la partida, la llave del golpe, alguien a quien le cambió el destino cuando el dinero, las juergas, las putas caras y el embelesamiento por una mujer llamaron a su puerta. Todo eso y más se lo proporcionaron Ángel Suárez Flores Cásper y Juan Manuel Candela Sapielha Sapo Napo Cris según el día; dos números uno del negocio del crimen, escurridizos y poderosos, que han tocado todos los palos de la delincuencia. A Cásper se le tenía, y se le tiene, por el mejor butronero de España, y jefe de una organización mafiosa con un centenar de miembros, pero hasta el robo de arte sólo había podido ser detenido por tráfico de drogas, contrabando, robo con fuerza y homicidio doloso. Una sola condena pese a vivir siempre del delito. Su cómplice, que se ha hecho pasar por coronel del CESID y ha adoptado todo tipo de identidades, no le va a la zaga. Habla siete idiomas, es un experto informático y se jacta de que su coeficiente intelectual está por encima de 150. Contrabando, tráfico de drogas, falsificación de documento, robo de coches... Otro crack y otra pesadilla para la Policía. Al unir en 1999 sus habilidades y sus destinos, se convirtieron en los correcaminos del negocio de la extorsión, el Una trampa de arte policial Diecisiete cuadros sin precio y una poderosa propietaria. Un robo limpio. Un vigilante infiel perdido por la ambición. La mejor y más peligrosa banda de ladrones de España. Y una investigación digna de Daniel Hammett. tráfico de coches, mujeres y drogas y, por supuesto, de los robos de altos vuelos. La Brigada de Policía Judicial de Madrid sólo necesitó seis horas para convencerse de que Cásper y Sapo eran los autores del robo en la casa de Esther Koplowitz, el tiempo que tardaron en relacionarlos con el vigilante de seguridad. La noche del asalto, después de la cena y las copas en la zona de plaza de Castilla, un monovolumen Renault Space se detiene en el número 71 del Paseo de La Habana. Eran las tres de la madrugada, según recogió la cámara de vigilancia de un banco. Diecinueve minutos después, el mismo coche abandona el lugar. El dúo y otro de sus colaboradores sólo tuvieron que abrir el garaje con el mando que les había proporcionado el guarda, coger las llaves de la casa que estaban puestas, enrollar los cuadros y volver a la impunidad. Las alarmas habían sido desconectadas a tiempo y de la paliza que Luis Miguel del Mazo aseguró haber recibido sólo quedaba una marca de esparadrapo. Demasiado simple, aunque esa fue la única parte fácil de la complejísima y tensa investigación de casi un año en la que no era sencillo deslindar quién seguía a quién y en la que estaban en juego diecisiete cuadros de autores como Goya, Sorolla, Foujita, Brueghel o Juan Gris, sin precio, además de una veintena de estatuillas y vasijas valiosísimas. El vigilante fue el sospechoso número uno desde su declaración en la Brigada a las pocas horas del robo, plagada de contradicciones y detalles inverosímiles para los investigadores. Pero es que, además, cuando salió por la puerta de las dependencias de Federico Rubio y Gali, persuadido de haber engañado a los policías, un agente ya lo había identificado como uno de los invitados que tomaba el sol en la cubierta del yate de Sapo en Ibiza un par de meses antes. Las amistades peligrosas empezaban a pasarle factura a Del Mazo y desde ese momento la Policía se convirtió en su sombra. Era sólo un punto de partida porque de los cuadros no se sabía nada. Los ladrones hablaban poco entre ellos, utilizaban teléfonos a diestro y sinies- La Policía tardó sólo seis horas en relacionar al vigilante infiel con la banda de Cásper y Sapo el guarda mintió y los agentes lo habían visto tomando el sol en la cubierta del yate de uno de los cacos dos meses antes Los agentes suplantaron a la banda de mafiosos del Este que iba a comprar los cuadros; los ladrones picaron el anzuelo y fueron detenidos con una decena de las obras, sudando como baratijas en un coche La Policía muestra algunas de las obras de arte recuperadas