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62 40 FOTOBLOG MARTES 21- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Paul Guiovanni Director de Estudios de OIJ Los españoles parecen hoscos pero en realidad son sinceros A este colombiano no le costó a adaptarse a un pueblo tan asequible RAQUEL RINCÓN MADRID. Paul trabaja para la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) y posee la amabilidad de los colombianos. Cuando alguien le pregunta sobre su trabajo contesta orgulloso que es el encargado de construir políticas públicas para jóvenes Llegó a España en 1999 y le llamó la atención ver que no anochecía hasta las 10. En Colombia la noche comienza a las 6 Cuando habla de nuestras costumbres saca a la palestra muchos de detalles: Cuesta adaptarse a la Navidad porque allí empezamos las fiestas el 1 de diciembre y no tenemos Reyes. En cuanto al horario de las comidas, aquí hasta que llegan las 3 me muero de hambre Acostumbrado a trabajar con jóvenes sin recursos, reconoce que la adaptación a nuestro país es asequible porque los españoles son acogedores con los extranjeros Es cierto que hay chicos con situaciones irregulares en los que se puede observar una negación de la ciudadanía, pero en general somos una población aceptada Confiesa avergonzado que al llegar tenía fama de autista debido a su timidez. Yo estaba acostumbrado a pedir un favor con mucho protocolo y aquí eso no se estila. Los españoles pueden parecer hoscos, pero en realidad son muy sinceros, y eso es una virtud Recuerda con humor como, una vez, en Barcelona pidió que le regalaran un café -tal y como se pide en Colombia- -y para su sorpresa le contestaron: En España no se regala nada y en Cataluña menos Muchos son los recuerdos que guarda de su estancia en nuestro país, aunque se queda con los de las fiestas: Las fallas y sus petardos, los toros por las calles de los pueblos, la tomatina... Todo eso es irrepetible AP Un chicle de casi seis mil años de antigüedad Aunque parezca increíble, ya se mascaba chicle en el Neolítico, según el hallazgo realizado por Sarah Pickin, una joven estudiante británica que excavaba con un grupo de arqueólogos en Finlandia. Se trata de una bolilla de resina de abedul que presenta una huella dental y que fue descubierta junto con otras piezas más aseadas en el asentamiento de Kierikki. El jefe de la expedición, Sami Viljamaa, aseguró que alguien escupió aquel chicle hace 5.500 o 6.000 años, aunque su uso principal fuera el de pegamento. En cualquier caso, lo cierto es que nuestros ancestros también dejaban pegados los chicles por ahí... Fernando Castro Flórez De matute M e he construido una casa en Las Vegas. En realidad no está terminada, aunque tenían que habérmela entregado hace año y medio. Con la cosa del ladrillo nunca se sabe, esto es más angustioso que la duda metódica cartesiana. No quiero quedar como embustero: mi choza está en las inmediaciones de Segovia no en los desiertos americanos. Cuando Manuela me llevó a ver el terreno, no tenía ni idea de dónde estaba pero de pronto reparé en el letrero de aquel pueblo de apenas cincuenta casas: Vegas de Matute. He comprobado que cuanto más obsesivo eres con mayor facilidad se presentan razones para justificar la para- noia. Acababa de montar una exposición, con Domingo Sánchez Blanco, mi mejor compañero de desbarres, con el título de Matarile en la que incluía, entre otros, a Cornelius Oran, aquel sacerdote irlandés que paró en seco la galopada del brasileño que iba en cabeza en la maratón de la Olimpiada de Atenas. Creo que ese proyecto es de lo mejor que en mi funesta carrera curatorial he pergeñado. Por lo menos los artistas que incluía eran unos completos desconocidos y algunos superaban el estandar de la rareza. Queríamos que el batiburrillo de las obras diera, literalmente, matarile al que las intentara ana- lizar sesudamente. Busqué, como suelo hacer cuando no tengo otra cosa mejor entre manos, la palabreja de marras en el Diccionario de la Real Academia y comenzó a brillar por su ausencia. Tampoco sale cojones y mira si se usa. Convertido, repentinamente, en un arqueólogo de lo olvidado por los lexicógrafos, pensé que tenía que indagar en torno a la palabra Matute y así comenzamos a elucubrar con los artistas que deberían incluirse, esto es, con una legión de estafadores y gente que te la cuela sin que te enteres. En el Diccionario de mis desvelos si se recoge este término que, entre sus significados, tiene el de casa de juegos prohibidos. En el vértice del gran estado de Nevada se legitimó, por tanto, lo clandestino, aquello que tenía que hacerse a escondidas. Aquí, rodeado de infinitas tragaperras y de fulanos con manifiesta obesidad mórbida, he comprendido que mi encuentro casual o, mejor, patrimonial con Vegas de Matute era una clara incitación a que celebrara mis bodas de oro en una de las sofocantes capillas que sobreviven a la sombra de los casinos. Le he contado a Manuela mi propósito candoroso y me ha puesto, teléfono por medio, a caldo. Ella sigue, dale que te pego, al destornillador, el taladro y las estanterías y no está para jueguecitos chorras. Me dice, en el colmo del acaloramiento, que en cuanto vuelva tenemos que ir a ver como va la cosa Por menos han pedido asilo político. En la siesta me ha torturado una pesadilla. Vicente, el albañil responsable (en este caso se trata, inequívocamente, de un oxímoron) del desastre de mi casa en Vegas de Matute era la reencarnación de Bartleby, el personaje de Melville, que ante cualquier tarea replicaba preferiría no hacerlo Nuestro pseudo- capataz ha llegado a palpar una humedad descomunal mientras decía que eso era bueno para el cemento, que, cuanto más empapado está, más duro se pone. Matarile lirerón o, por volver al tema, de matute.