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ABC MARTES 21 s 8 s 2007 MADRID 45 Mil y un regalos del color del carey Casa Merolla se anuncia como la fábrica de peines y es, quizás, la única de su género en todo Madrid s Ya no trabajan con carey auténtico porque está prohibido, pero aquí todo es pura artesanía POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTO CHEMA BARROSO MADRID. Casa Merolla es la única fábrica de peines que, seguramente, queda en Madrid. Se fundó en 1932. Su edad hace que nada más bajar las escaleras de acceso- -la tienda hace sótano- todos y cada uno de los objetos allí expuestos trasladen al cliente a la moda de los años treinta del siglo pasado. El establecimiento huele a historia, a costumbrismo, a carey... Peines, peinetas, cepillos, cajitas y marcos para cuadros lucen, orgullosos, en las paredes y en las estanterías. Están por todos los rincones para deleite del comprador. Eugenia Merolla está al frente del negocio. Detrás del mostrador hay una puerta cubierta con cortinillas. Antes era una vivienda. Allí nació ella en octubre de 1935. Allí estaba el negocio de su padre y la casa familiar. Hoy, Eugenia pasa muchos ratos entre esas paredes porque me encuentro a gusto y porque tengo una cocina y un servicio. Es cómodo En las tarjetas de visita, Casa Merolla deja claro que su especialidad son los objetos en concha y toda clase de celuloide y que, además, se hacen toda clase de composturas en concha y celuloide, artículos para regalos y adornos de cabeza También se restauran abanicos antiguos y porcelanas; se restauran cerdas en cepillos y se arreglan bolsos de piel. Queda claro: esta tienda es un filón. Eugenia nos cuenta que la casa la fundó su padre. Era italiano, de Nápoles y él fue quien trajo el negocio y el oficio del carey a España. Era bastante lanzado. Con mi madre, que era riojana, se casó en segundas nupcias. Nacimos mi hermano Eduardo y yo. Hubo un tiempo en que los dos llevábamos el negocio pero ahora yo me he hecho cargo de ello En ese momento de la charla, entra en la tienda una mujer de rasgos orientales. Es una japonesa. Estas no compran aquí, vienen a curiosear. Estas compran en Loewe comenta entre dientes. En efecto, la mujer pregunta por una peineta que ha visto en el escaparate. Eugenia se la enseña. ¿Es concha auténtica? pregunta la supuesta clienta. La dueña del local le dice que no, que ese material está hoy totalmente prohibido, pero tiene usted en sus manos la mejor de las imitaciones que existen ¿Precio? Eugenia le informa que 60 euros la pareja de peinetas, bonitas y originales como ellas solas. La mujer las mira una y otra vez para, al final, lanzar la socorrida frase: Me lo voy a pensar Y sale despacio del establecimiento observando todo lo que tiene a su alrededor. Estas no compran aquí Se hacen composturas Ninguno de mis sobrinos quiere este negocio Lo más triste de esta singular tienda es que puede colgar el cartel de cerrado en pocos años. Eugenia Merolla nos lo cuenta así de claro: Me voy a meter en los 72 años. Estoy soltera, por lo tanto, no tengo hijos. Mi hermano Eduardo sí los tuvo. Seis, nada menos. Pero ninguno de mis sobrinos quiere este negocio. Cada uno tiene su profesión y su vida. Yo puedo aguantar aquí un poco más, pero a veces me canso y me apetece tener más tiempo libre para pasear, por ejemplo Eugenia reconoce que la gusta mucho el mundo del comercio. Lo lleva en la sangre desde chica. Sin embargo piensa que ya va llegando su hora de descansar. ¿Concha o asta? No es nada difícil que se vayan los ojos detrás de los mil y un objetos que hay aquí. Figuritas de santos y del Niño Jesús, crucifijos (en plata, enmarcados, artesanales bastones, peines, cepillos, cajas de plata y de nácar; abanicos antiguos enmarcados, manitas rascaespaldas prendedores de pelo, pastilleros, dedales, calzadores... Más que una tienda, parece un museo con auténtico olor a carey y a pura artesanía. Nuestra conversación se interrumpe de nuevo. Acaban de entrar en la tienda- -situada en el número 28 de la calle Goya- un matrimonio con su hija adolescente. Ya vienen con Peines y peinetas, dos de las especialidades de este antiguo establecimiento de la calle Goya bolsas de compras anteriores. El marido pregunta por un peine que peine bien Eugenia no lo duda. Agarra uno de carey (imitación, claro está, pero hecho a mano) que, en principio, parece agradar al cliente y a su mujer. La hija está quedada con todos los objetos que hay en el establecimiento. Les enseñan, también, un peine de asta. No sé si es de toro o de búfalo, pero es buenísimo y genuina artesanía le informa Eugenia al cliente. El hombre opta por el de concha, que es de punta gorda y paga sus 60 euritos de rigor. Aquí eran famosos los truns ya en desuso. Llevaban su departamento para los polvos compactos, la barra de labios, la pitillera y el peine. Se usaban, en especial para las puestas de largo Desde los años 30 El negocio lo fundó, en 1932 un napolitano que trajo a España el oficio del carey Aquí se venden figuritas, peines, peinetas, cepillos, dedales, manitas rascaespaldas dedales, prendedores de pelo y un sinfín de objetos a cual más original La tienda también está especializada en la restauración Otros menesteres Los artesanos que trabajan para Casa Merolla también reproducen bolsos de piel estropeados, forran cajas antiguas en madera y terciopelo, reponen cerdas en cepillos de plata; restauran porcelana, abanicos antiguos, marfiles y figuritas. ¿Quién da más?