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ABC MARTES 21 s 8 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL INFIERNO Y LA IMPACIENCIA C ORIGEN Y CIRCUNSTANCIA DE ZP H UBO no pocos cruces entre el azar y la necesidad en el trayecto que lleva a Zapatero- -desde el Congreso socialista que le elige a las tristes jornadas del 11- M- -a formular los rudimentos de una horma de izquierda para su uso personal. En paradójica confrontación con el ritmo endiablado de la política, la evolución de Zapatero en su estado de crisálida política no había sido fulgurante en sus años de parlamentario resguardado de las grandes refriegas. Aún así, llegó al final del túnel y allí estaba la imagen asidera del talante, del diálogo. Para entonces quizá se le había explicado una tesis de los teóricos de la Tercera Vía: Los fallos de la democracia liberal en un orden universalizado y reflexivo -sea el que sea el significado de estas palabras- -aconsejan la búsqueda de formas más radicales de democratización En suma, talante, diálogo. Giddens lo llamaba democracia dialogante Es curioso hasta qué punto la izquierda esquiva la asunción estricta de la democracia formal para añadirle siempre una guinda al pastel. La democracia formal, el sistema representativo son insuficientes: los viejos parlamentos no VALENTÍ dialogan lo que haría falta. AñadámosPUIG les una dosis de talante y todo irá mucho mejor. Es decir: si la izquierda crea un terreno público en el que el diálogo resuelva cosas, se salta uno formas preestablecidas de poder y se legitima la política. A ese proceso puramente verbalista se le llama democratización de la democracia No fue otra la misión simbólica asumida por Zapatero: democratizar la democracia. Lo de menos es que a estas alturas todavía pueda suponerse que la izquierda legitima la política, con lo que implícitamente se afirma que la derecha la deslegitima, del mismo modo que la izquierda democratiza la democracia y la derecha la desdemocratiza. No, lo más significativo es que la izquierda recurra a esos trabajos de mampostería por no tener a mano otra cosa. Resulta, además, que hay sectores de la opinión pública y del electorado que lo comparten de buena fe. Es la vieja historia de la derecha gestora y de la izquierda benefactora. El talante, últimamente, ha tenido que dar un pequeño vuelco. Por suerte recupera la provechosa costumbre de detener a etarras, habla- -quizás algo publicitariamente- -de Gobierno de España y refrenda por ahora los vínculos históricos de Navarra con España frente a las hipótesis del hinterland vasco. Es que están al rojo vivo las calderas del buque electoral. Máxima presión, misma sonrisa: adecuaciones del talante, Persiste, con todo, la idea de democratizar lo que se ponga a tiro: laicismo para todos, manuales de ciudadanía, salud absolutista. Es lo que en años intermedios de la Tercera Vía se llamaba democracia de las emociones. Si la democracia formal es patrimonio de la razón, la democracia dialogante es el territorio del corazón. Como si viera que de aquí a las elecciones generales no puede estar continuamente caminando sobre las aguas, Zapatero decide no regalarle más sus errores al PP que está en la oposición. Es más: quiere sustraerle las causas que le había cedido, como una cierta idea de España. Mantiene, al mismo tiempo, lo que quede del buenismo y del empuje laicista. Quizás haga en algún momento un gesto de respeto por esa Transición democrática que a veces ha ninguneado en nombre de una Memoria Histórica de buenos y malos. Tenemos ahí un zapaterismo capaz de combinar derroteros que se creían contradictorios, de mezclar pócimas de apariencia antitética. Visto así, de perder las elecciones será por algún error propio al no acertar en el empalme entre nuevos cálculos estratégicos. Prosigue, eso sí, con la democracia del corazón. Es notable que a inicios del siglo XXI, con el antifaz de las nuevas sensibilidades, asome el rostro de aquel antiguo sentimentalismo que creyó en la paz perpetua y en la ausencia de conflicto. Lenguaje corporal, terapias exóticas frente al saber médico tradicional, nuevos módulos de convivencia familiar, subjetivización de lo religioso, compartir emociones a chorro: la actual circunstancia del talante zapaterista es de transición pero los objetivos no varían. El pastel es el mismo aunque ahora lleve un banderín de España. Es, no más, como si uno va abandonando la práctica del tai chi y se dedica más al pasodoble. vpuig abc. es UANDO era pequeño y decía palabrotas me contaban que en el infierno los condenados estaban enterrados en mierda hasta la coronilla; si alguno intentaba sacar la cabeza, pasaba un ángel maligno para rebanársela con una espada de fuego. De mayor comprendí que se trataba de una metáfora de la mediocridad, ese infierno que ahoga la excelencia en un pantano de groseras vulgaridades, y que por una extraña desviación de la conducta humana constituye el hábitat preferido de la política, que debería ser el territorio de los mejores en vez de una selecta reserva de mediaIGNACIO nías conformistas. CAMACHO Alberto Ruiz- Gallardón parece uno de esos condenados impacientes, empeñado en asomar la cabeza de la ciénaga para que se la corte algún ángel flamígero armado con la espada del aparato del partido. Su problema consiste en ser brillante en un mundo de mediocres, sin ser taimado ni humilde para hacérselo perdonar. Por eso cada vez que da un paso adelante le cierran el camino recordándole que no sabe medir los tiempos, que es un modo de decirle que entre enanos conviene andar de rodillas para disimular la diferencia. En una organización que no fuese un sindicato de intereses, cualquier líder de peso que se ofreciese a sumar sería bien recibido, pero en España los partidos están dominados por camarillas de burócratas que consideran que los escaños son puestos de trabajo a repartir entre los más fieles. El criterio que impera es el de que si un alcalde ya tiene sueldo ha de dejar sitio libre para colocar a otro menos preparado. En Francia, por ejemplo, no ha habido político de relieve que no simultanee el cargo con una alcaldía, que es donde se cuecen los problemas reales de los ciudadanos; Chaban- Delmas, Mauroy, Juppé, Chirac: hasta Mitterrand mantuvo siempre el bastoncillo de la pequeña Chateau- Chinon. Pero si el alcalde de Madrid quiere ser diputado, lo apostrofan de ambicioso y conspirador como si fuese un Macbeth con el cuchillo ensangrentado. Rajoy puede pensar que nadie debe marcarle los tiempos, pero a la hora de la verdad tendrá que elegir: o se hace acompañar de los listos, o se rodea de torpes. Se la juega, sí o sí, en las próximas elecciones, y debe decidir si da cuartelillo a los que valen y arrastran votos o a los que hacen huir a los electores. Si ganó las municipales con alcaldes de rango y carisma- -Barberá, Teófila, De la Torre, el propio ARG- -no se entiende por qué no ha de ponerlos en la alineación para las generales. Y si les añade a Rato, a Mayor Oreja, a María San Gil y a cualquiera que sobresalga de la adocenada media aunque sea aficionado a pensar por su cuenta, tendrá más posibilidades que al frente de una tropilla de disciplinados secundarios grises. Podrá perder, pero al menos lo hará con grandeza. Si en algo se equivoca Gallardón es en urgir una decisión que acaso ya esté tomada. La ambición es legítima, pero la brillantez no está reñida con la paciencia, ni con el silencio. El infierno de la política no sólo está lleno de mediocridades anodinas y de monotonías insustanciales, sino también de palabrería vana y de gestos estériles mal acompasados.