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ABC DOMINGO 19- -8- -2007 40 TEATRO 87 Mamagorka y su Pleyamo Autor: G. Mancebo del Castillo Trejo. Dir. L. Sánchez Caro. Esc. y vest. M. Marcos Patiño. Mús. J. P. Acacio. Int. N. Narbón y L. Llácer. Lugar: Sala Lagrada. Madrid. Érase otra vez JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN El mexicano Gerardo Mancebo del Castillo Trejo (1970- 2000) fue un cometa sorprendente y raro que dejó un rastro de destellos nerviosos, imaginativos y muy personales. En su escritura bullen referencias muy diversas: el cómic, los cuentos de hadas, el humor cruel y descoyuntado de Jarry, sesgos de Arrabal, giros de Ionesco y visitas a los predios clásicos de Molière o Rabelais, por citar cotas aproximativas a su multiforme universo de mercurio. Esta Mamagorka y su Pleyamo que visita en agosto la sala Lagrada se ha unido en alguna ocasión a Rebelión o la farsa en pedazos bajo la advocación conjunta de Mundos calánimes pues ambas piezas transcurren en una Tierra de la Calamidad concebida por Mancebo como ámbito fantástico en el que se reflejan conflictos y situaciones de este otro lado del espejo contemplados a través de una lente de niebla y maravilla; un proceso que guarda paralelismos con los mecanismos del esperpento puestos en marcha por ValleInclán, una de las referencias que también se mencionan en las aproximaciones críticas a la obra del mexicano. El hada Gorka se afana en planchar la enorme camisa de su marido, un gigante con quien ha tenido un hijo, Pleyamo, un ser monstruoso que se arrastra y sólo emite sonidos guturales. En un inagotable monólogo, Mamagorka rumia la bilis de su insatisfacción: la brusquedad del gigante le dejó maltrecha un ala, está unida a su molesto vástago por eslabones que alternan cariño y fastidio, y sueña con volver a volar y regresar a su mundo feérico. Transparente visión de una agobiada condición femenina, maltratada por maridos gigantescos e hijos idiotas, perpetuados como coartadas castradoras. Al cabo, una estampa realista cocinada como atroz fantasía y servida en salsa de gnomos. El montaje dirigido por Lidio Sánchez Caro, insuficiente y plano, da la impresión de no hacer justicia a la imaginación sideral de Mancebo. El féretro con los restos mortales del director de cine fue despedido por familiares y amigos, entre otros, los actores Erland Josephson (en silla de ruedas) y Peter Stormare (derecha) AP El entierro de Bergman, filmado en blanco y negro CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. Tras una fecunda vida de éxitos y aplausos, a Ingmar Bergman le llegó la muerte en su casa de Farö donde pasó sus últimos años el pasado 30 de julio. El ingenioso director de teatro y cine recibió como era su deseo un entierro humilde. Pasadas las trece horas de la mañana de ayer, en un día claro y soleado y con las banderas a media asta, los restos mortales de Ingmar Bergman recibieron sepultura en la esquina norte del cementerio de Farö, a la sombra de árboles centenarios y cara al Báltico. En este sitio de las fresas salvajes el famoso director decidió pasar su eternidad. Como si fuera el espejo de uno de sus guiones o una de sus obras de teatro con la clásica escenografía bergmaniana: negra, roja y blanca, ayer se celebró en la pequeña iglesia de la isla de Farö la Misa corpore in sepulture por el alma de Ingmar Bergman. La ceremonia comenzó a mediodía con la triste y lenta réplica de campanas y la entrada al templo del féretro, un sencillo ataúd de madera de pino, llevado a hombros por varios actores. Una vez dentro del santo recinto que data del siglo XIV esperaban de pie un centenar de personas, de absoluto negro, entre las que se encontraban los ocho hijos del director, sus mujeres (Bibi Andersson, Liv Ullmann, Käbi Laretei, entre otras) sus amigos íntimos y la élite de actores del Dramaten con Erland Josephson y Peter Stormare a la cabeza. La iglesia estaba iluminada con enormes cirios y abarrotado de coronas de rosas rojas y blancos lirios. El funeral, según deseo expreso del director, siguió la liturgia tradicional. No hubo discursos, como es la costumbre en este reino, aunque sí muchas lágrimas (incluso las de la oficiante) sobre todo cuando se escucharon los tonos de la Suite Saraband, Opus 5 de Bach, interpretada por una cellista. Docenas de periodistas, varias televisiones y un gran número de admiradores del creador de Fanny y Alexander acudieron a aquel lugar aunque un cordón policial no permitió su entrada al Los restos mortales de Bergman recibieron sepultura en la esquina norte del cementerio de Farö, a la sombra de árboles centenarios y cara al Báltico El próximo viernes en la catedral de Visby se celebrará un funeral oficiado por el obispo Koskinnen al que asistirá la Suecia oficial templo. Sin embargo, uno de los discípulos del maestro filmó toda la ceremonia para que no se perdiera un solo segundo del emotivo momento. La televisión nacional sueca ya ha mostrado su interés por emitir el filme. El próximo viernes en la catedral de Visby se celebrará un funeral oficiado por el obispo Koskinnen al que asistirá la Suecia oficial y todos aquellos que quieran dar su último adiós a uno de los hijos predilectos de esta nación. Ingmar Bergman, director de cine y teatro, merecedor de varios Oscar, que desde hace décadas figura con todos los honores en la historia del cine, dejó este mundo el 30 de julio a los 89 años. El famoso murió como habia vivido, rodeado de sus mujeres. No es por eso de extrañar que también una dama, la pelirroja Kyrkoherde (párroco) Agneta Söderdahl, le diera las últimas bendiciones y formulara ante su tumba el deseo de que siempre brille sobre ti, la luz de este sol de Gotland Nota: El lugar de las fresas salvajes título de una de las peliculas de Ingmar Bergman, frase traducida literalmente del sueco, es la alusión a aquél sitio donde cada persona consigue paz y felicidad.