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80 40 FOTOBLOG DOMINGO 19- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Gui Blanot Comercial La gente aquí es menos formal, un efecto de la buena vida De España, lo mejor, el Levante, donde vive y disfruta del mar LUIS MIGUEL GÓMEZ MADRID. España ha cambiado mucho en los últimos veinte años. En cierta manera se ha europeizado, las diferencias ya no son tan grandes En 1988, año en que Gui se instaló definitivamente en España, Europa comenzaba a ser una realidad más cercana. Él había estado en otras ocasiones, de vacaciones, en busca de fiesta. Mis amigos y yo veníamos con ganas de pasarlo bien En Francia, en los años ochenta, perduraba una imagen rancia de los españoles. Eran vistos con condescendencia, como los vecinos pobres del sur que buscaban una oportunidad allí Habían sido muchos años de emigrantes en el continente. Como tantos otros, reconoce que en España se vive muy bien. Lo que más me gustó fue las ganas de vivir de los españoles. En Francia no es igual Sin embargo, comenta que no lleva tan bien la otra cara de la moneda y le cuesta acostumbrarse a la falta de serieddad o la impuntualidad La gente es menos formal, un efecto de la buena vida Menudo sambenito el nuestro. Recién llegado encontró algunos prejuicios. Fue un emprendedor y montó su propio negocio de hostelería. No estaban acostumbrados a que los extranjeros abriéramos un negocio, tenían sus reservas, y hasta algunas envidias Hoy es mucho más fácil. En todos estos años, casi veinte, a conocido a mucha gente. Colegas hay muchos, amigos no tantos Que nadie se engañe. Se quedará en España, ha echado raíces, y la familia tira mucho. Pero añora la cultura francesa, la música, la literatura, y sobre todo nuestro sentido del humor Para terminar, se ríe a la francesa, esbozando una sonrisa. REUTERS Los desnudos de Tunick suben hasta los Alpes por el calentamiento global El glaciar Aletsch, el mayor de los Alpes Suizos, nunca sintió tan a flor de piel la concienciación por el calentamiento global. Acompañado por muchos derrubios y gran número de morrenas, el fotógrafo americano Spencer Tunick llevó ayer sus célebres desnudos multitudinarios a las cimas alpinas, como parte de una campaña de Greenpeace por la concienciación contra el problema del calentamiento de la tierra. La piel cálida contra el hielo escalofría a los mirones. Pero los modelos, con tan solo unas chancletas, aguantaron el fresquito toda la mañana y encima aprovecharon para broncearse en cuchipanda. Fernando Castro Flórez Frikismo en Las Vegas C on la demencial intención de confirmar la picnolepsia (esa sensación de que esto ya ha sucedido) nos situamos frente al Desert Inn y suelto una parrafada de F for Fake de Orson Welles: Soy un charlatán. Solía ser un mago y aún trabajo en ello Caparrós se toma la revancha y me obliga a entrar en una de esas capillas ultra- cursis donde se casan todos los que han perdido el nivel freático de la ridiculización. Estamos, por fin, en Las Vegas. He hablado por teléfono con Manuela que me avisa que está entregada furiosamente al bricolaje veraniego. Dice, su- pongo que para evitar que mi mente entre en picado desde la distancia, que ha visto en Telemadrid La balada de Cable Hogue una de mis películas favoritas. El salvaje y genial Peckinpah retrata a un tipo que encuentra agua en el desierto y se queda ahí para venderla a todos los que pasan por esas regiones penosas. Supongo que cuando mi mujer me recuerda esa peli es porque me imagina pasando sed. Me he comprado una peluca de Elvis Presley que me queda, todo hay que decirlo, como un tiro. Ataviados con unas camisetas, talla XXL, de Naranjito aquella mascota del Mun- dial de Fútbol y, en mi caso, con el suplemento indigno del tupé que pica con saña entramos en el Flamingo. Vamos como unos frikis cabales. Con todo, el ejercito de porteros ni se inmuta cuando pisamos la alfombra de la fama. Dentro, como suele ser habitual en los Estados Unidos, el frío es polar y la luz incierta. En las tragaperras que son millares hay un ejército de jubilados con cubos llenos de fichas; el aspecto de esta zona es idéntico al de una planta de un macro- hospital: la indecencia marca todos los gestos, a nadie le importa que la bata se le abra mostrando el culo escurrido. Nuestro destino es la ruleta. Paco apuesta con desenvoltura y pierde con la misma actitud, yo me pongo en plan cobardica a darle al asunto de rojonegro y par- impar hasta que, impulsado por el furor ambiental, pongo todo, que no es, en cualquier caso, mucho, al 23 que para algo era el número fa- vorito de David Beckham. Pierdo como solía hacerlo uno de mis mejores amigos de los años ochenta: era un profesional y en Torrelodones le dieron, en mi presencia, una cerrada ovación un día en el que se desprendió de doce millones de las antiguas pesetas. No me gusta el juego: nunca he comprado un décimo de loteria y, por supuesto, no he pisado un establecimiento de las quinielas o la bonoloto. El único azar que me interesa es el de Mallarmé o el de Duchamp. Manuela hace bien en recordarme la película del hombre abandonado a su (mala) suerte que descubre, por sus botas embarradas, que el agua tiene que estar cerca. Dicen que fueron unos zahoríes extremeños los que descubrieron el líquido vital en Las Vegas. Luego vendría La Mafia y la gente en chandal. Rumbo a peor aparecería un gordo imitando a Elvis. Vivir para beber.