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ABC DOMINGO 19 s 8 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 61 Trinidad de León- Sotelo CONFIANZA MORTAL reer o no creer. Confiar o no confiar. Esta es la disyuntiva a la que tienen que enfrentarse, por si fuera poco hacerlo con su maltratador, demasiadas mujeres. ¿Son ellas más crédulas que los varones? ¿Son ellos impresionantemente persuasivos? Estas y otras preguntas asaltan con facilidad la mente cada vez que una mujer es asesinada por su pareja y se sabe, después de cometido el hecho abominable, que ella había conseguido judicialmente una orden de alejamiento precisamente de su asesino, con quien había aceptado, sin embargo, una cita. ¿En casa? No, mejor al aire libre, un método de defensa que se ha demostrado ineficaz. porque el deseo criminal de un individuo que ha demostrado violencia y más violencia durante años, no se frena en lugar alguno. No, no se le pueden dar crédito a las palabras de los canallas que han certificado con su modo de actuar una conducta rechazable. El porqué las víctimas dan oportunidades a sus verdugos, con una frecuencia alejada de la lógica, puede mostrar hasta qué punto han sido machacadas no sólo física, sino psíquicamente. La cuestión es que las víctimas se llevan el secreto a la tumba y el asesino, que había demostrado con creces su menosprecio, consigue que la mujer que pase a ser un número más en la estremecedora estadística de la barbarie de esos machos que se creen capaces de dominar vidas y hacienda. La ley y la inmensa mayoría de la policía, los jueces y la sociedad desean acabar con ese submundo, pero la sangría continúa. Del algo habrá hecho (ella, por supuesto) se ha pasa- C El porqué las víctimas dan oportunidades a sus verdugos, con una frecuencia alejada de la lógica, puede mostrar hasta qué punto han sido machacadas no sólo física, sino psíquicamente porque castiga casos con connotaciones específicas, pero algunos de los arrasadores de otras vidas, en su delirio de poder, consideran que son diferentes al común de los asesinos, ya que disponen de una ley especial que los hace distintos En realidad, siempre se han sentido distinguidos ya que el llamado crimen pasional los mostraba como seres capaces de un ardor realmente macho, cuando sólo eran, son, torturadores de la más baja estofa, nacidos no para compartir su existencia, sino para escribir nombres de mujer en el silencio de los cementerios. Se piensan fuertes y sólo logran imponer el terror y la muerte. ¡Cuántas mujeres aguantan años por miedo a las represalias convencidas de que ese es el camino para librarse del trágico e irreversible final! Una fe que se ha demostrado falsa. de vidas de mujeres hay en todas partes. Incluso, contra lo que podría creerse- -es lugar común que se trata de algo más propio de países latinos- se da en los gélidos países del norte de Europa y en mayor número que en España. Esta plaga es feroz y no conoce fronteras. Las mujeres han dado muchos pasos adelante y no faltan campañas publicitarias que las animan a huir del horror, legalmente protegidas. Pero en esta historia atroz también ellas deben entender, asimilar, que si han comprendido que su existencia es imposible junto a un hombre determinado, si han sufrido la ignominia, si han dicho hasta nunca, no pueden, ni deben, dejarse engatusar por buenas palabras. En estos casos, la confianza suele ser mortal. Arrebatadores do a una frase también peligrosa nadie se lo esperaba, se le habrán cruzado los cables (a él, ni que decir tiene) No estaría de más una estadística que nos dijera cuántos de los que matan a sus parejas tenían real- men- te- per- tur- ba- das- susfa- cul- ta- des- men- ta- le. Hubo un tiempo, no lejano, en el que el marido se iba de rositas- -tantos eximentes le otorgaba la ley- si mataba a su esposa al encontrarla en flagrante adulterio; ahora, el matarife parece haber ideado en su favor- -depresión, locura transitoria- el intento de suicidio posterior, claro, a la muerte de su mujer. No obstan- te, ¿cuántos al desear darse muerte logran la precisión conseguida con su víctima? Los menos. De ahí, la duda. blar de la Ley de Violencia de Género- -quejas de la Real Academia por el término aparte- porque lo cierto es que no está dando los resultados apetecidos, y ya son múltiples las voces que aseguran que las penas son escasas y es necesario ajustarlas para que, en verdad, el criminal pague por la vida- -lo único que el ser humano en realidad posee- arrancada. Cierto que la ley lleva su nombre, Quizáseaelmomentodeha- Santiago Tena Escritor ABANDONARSE E Y así, de ese modo, algo de anarquía en el proceder, algo de desorden en el entorno, algo de pasión nos mantiene vivos y creadores, nos hace saber que no nos hemos perdido del todo n La historia interminable de Ende, la nada se expande por todas partes y se lo come todo, y, avanzada la novela, se descubre que viene de las mentes de los hombres que llaman mentiras a lo que en verdad son fantasías, fantasías tan existentes y tan vivas como cada uno de nosotros, que nos acompañan cuando leemos o cuando soñamos, que se portan a veces mejor que el mejor amigo y que no merecen que se las insulte ni que se las expulse de la vida, todo para conseguir que los días sean más áridos, que los locos dejen de estar locos pero enfermen de realidad grave, para que los niños crezcan más deprisa y Dios se canse de este mundo seco, en el que por fin habremos aprendido a no ser felices, a hacer imposible la convivencia con uno mismo, ya sin alma a que agarrarnos, ya sin corazón que llamar nuestro. creíble, atreverse a perder el tiempo sin saber por qué, mantener viva la imaginación aunque la cabeza se pierda, pues a menudo la imaginación nos saca a flote en las aguas de la tristeza. Y así, de ese modo, algo de anarquía en el proceder, algo de desorden en el entorno, algo de pasión nos mantiene vivos y creadores, nos hace saber que no nos hemos perdido del todo, que no nos hemos vendido a un Yesnecesariocreerenloin- orden en el que no creemos, ni a una idea de disciplina que nada tiene que ver con el torbellino en que nadan nuestra mente y nuestra voz y nuestra vida, emergiendo ideas aquí y allá, sin estar seguras de querer hacerse entender, aun manteniendo en tanto cierta imagen de coherencia. lens, si uno toma cincuenta bolas negras y cincuenta blancas y las junta y las divide de nuevo al azar en dos grupos de cincuenta, es imposible que no se hayan mezclado. Lo natural es el desorden. El orden es creación nuestra. Y aquí añado yo que es sano dejarse llevar un poco por el desorden de lo que suceda, y evitar encerrarse en horarios o en sistemas rígidos para obli- ComodecíaundíaJenaroTa- gar a la Providencia a jugar con nuestras reglas. Y si el destino y el tiempo nos llevan a salvar el reino de Fantasia, y si descubrimos que el pasado y el futuro son lo mismo y que no hemos tenido ni tendremos principio ni final, tal vez, seguro, todo ello sea consecuencia de habernos atrevido a vivir, atrevido a ser libres, atrevido a amar y a gozar y a vivir y a volver a vivir, y merece la pena, y todo el arte que alcanzamos y toda la belleza que rozamos quizá venga de ese abandonarse a lo que suceda, abandonarse como yo quisiera que mis letras se escribieran solas como juguetes que descansan de su lucha y renuncian a tal lucha para ser solo apetencia que a su apetencia se abandona, el pasito adelante al que cada día se arriesga el infinito.