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ABC DOMINGO 19 s 8 s 2007 ESPAÑA 21 Violadores fuera de la burbuja Andrés Mayo, el violador del chándal ha vuelto a prisión por ocho delitos de violencia sexual s Tras doce años en la cárcel, una terapia y estar rehabilitado en apariencia- -tiene familia y un trabajo- -ahora pertenece al 20 de los agresores que reinciden POR CRUZ MORCILLO MADRID. Entre los tres y los cinco años se da el mayor riesgo de reincidencia en los agresores sexuales. Andrés Mayo ha cumplido este patrón, después de una vida aparentemente normalizada y cinco años en libertad explica la psicóloga de Instituciones Penitenciarias Guadalupe Rivera, experta en el tratamiento de violadores y maltratadores. Es un drama y un fracaso, pero no inhabilita la terapia concluye. Esta experta es una de las principales valedoras del trabajo que se lleva a cabo en las cárceles españolas para conseguir que estos delincuentes se curen. Empezaron en 1998 y en la actualidad siguen los programas 198 internos en 27 centros penitenciarios distintos, según datos de Prisiones. Mayo fue detenido la pasada semana en La Coruña acusado de agredir sexualmente a ocho mujeres, seis en grado de tentativa, desde diciembre de 2006. Ingresó en la prisión de Teixeiro al día siguiente. Varias de sus víctimas lo han reconocido en los juzgados. La Policía ha recabado denuncias, testimonios y vestigios y está segura de que es el autor de la agresiones. Quizá ni siquiera él esperaba volver a ver su nombre escrito a toda página en la Prensa. En 1991 fue condenado a 106 años de prisión por cuatro violaciones y siete tentativas. Otras cuatro víctimas no le reconocieron y fue exculpado de otros cuatro delitos más. En su historial delictivo consta que actuaba de noche, los fines de semana, invariablemente vestido con un chándal y durante más de un año su rostro desconocido aterrorizó a decenas de mujeres en León y Asturias. La sentencia presentaba a un individuo joven (tenía 21 años) con alta desviación psicopática que actúa de forma impulsiva en periodos cortos, con tendencia a conductas antisociales que se alternan con fases depresivas En el año 2002, tras cumplir doce de pena, obtuvo la libertad condicional (ya había disfrutado de permisos penitenciarios) Su salida de la prisión leonesa de Mansilla de las Mulas provocó otra convulsión social y varias asociaciones intentaron hacer valer, sin éxito, la voz de las víctimas. Dos años después era un hombre completamente libre, un ser anónimo que trabajaba, se había casado y había formado una familia (tiene dos hijos) En la cárcel tampoco perdió el tiempo. Siguió la terapia- -son voluntarias y no implican beneficios penitenciarios- -en la que el reconocimiento de la culpa y el delito, es la puerta y la evaluación final, un paso hacia el cambio. Además, trabajó en una empresa de construcciones metálicas colaboradora del Estado en la reinserción de presos. Por ese motivo se trasladó a La Coruña desde León para continuar con su empleo. Antes había colaborado con una ONG y su vida parecía estar en el camino de la normalidad. No en vano, en la citada sentencia condenatoria se afirmaba que tenía tendencia a responder con impulsos extraños a las normas sociales, aunque las conoce y las comprende No es el único. Muchos de los violadores que acuden a las terapias también las conocen, pero los límites parecen carecer de sentido para ellos. Los terapeutas basan su trabajo en métodos cognitivos y conductuales. El manual pasa por reconocer, por hacer que el individuo, convertido en un monstruo para la sociedad, se ponga en el lugar de su víctima. La tarea dura dos años y está sometida a rigurosas evaluaciones universitarias. Mayo, como antes lo hicieron otros violadores, ha vuelto a resucitar a la bestia, pero algunos consiguen dejarla atrás. De cada cien agresores sexuales que ingresan en la cárcel reinciden veinte. En el caso de los que siguen las terapias para violadores hasta el final, el porcentaje se reduce al cinco por ciento. Sus delitos son terribles y no admiten comparaciones, pero hay que tener en cuenta que de los presos ingresados por delitos contra la propiedad, por ejemplo, el cincuenta por ciento vuelve a robar cuando sale. Los programas son sumamente eficaces y hay que apos- PERFIL DEL VIOLADOR EN SERIE En su infancia -Presenció violencia conyugal durante su infancia... 58,3 -Presenció cualquier tipo de violencia durante su infancia... 71,7 -Tuvo progenitores alcohólicos... 31,7 -Procede de familias desempleadas o con bajos recursos económicos... 58,3 -Fue sometido a abusos físicos, emocionales y o sexuales entre los 6 y los 14 años... 86,7 En el momento de su detención -Edad... entre 21 y 35 años- Con estudios secundarios... 50 -Con trabajo fijo... 50 -Con familia estructurada y con hijos... 49 -Abstemios... 62 -Jamás consumió drogas... 85 -Sin antecedenetes penales... 80 ABC Las terapias para agresores sexuales reducen la reincidencia hasta el cinco por ciento Una vez extinguida la pena, los ex presos no son sometidos a ninguna vigilancia ni programa ni control tar por la terapia. Es como si elimináramos la quimioterapia de los tratamientos de cáncer porque muchos enfermos mueren sostiene Guadalupe Rivera. Ella sabe mejor que la mayoría que bajo el paraguas de agresor sexual se esconden auténticos monstruos. La cárcel es una burbuja, además de una barrera de contención, pero an- tes o después todas las condenas se extinguen. Lo más sencillo es cuestionar las terapias en lugar de poner en tela de juicio lo esencial: la ausencia total de medios y control cuando el interno sale a la calle defiende la psicóloga. Ahí reside el verdadero peligro. Rivera defiende que los violadores con psicopatías, por ejemplo, deberían tener control policial incluso cuando alcanzan la libertad Son esos individuos que llevan la amenaza grabada a fuego. Son reincidentes múltiples con un ritual, suelen matar a las víctimas o valerse de la agresividad para someterlas. No existe tratamiento que sirva para ese tipo de personalidad. Son personas irrecuperables y reincidentes en más del 90 por ciento de casos Andrés Mayo, en principio, no figuraba en ese grupo. Su pronóstico penitenciario apuntaba a la reinserción social y, de hecho, así parecía haber sido. Ahora, algunos han puesto estas terapias en el punto de mira de las críticas, como en otras ocasiones ha ocurrido con los permisos penitenciarios a violadores que han acabado en tragedia. Pero ¿qué hacer si no con los más de 4.000 condenados por delitos sexuales que duermen cada noche en las cárceles, casi todos con penas que superan los diez años? Individuos sin tratamiento Condenado a 106 años Juvenilson, el violador de Pozuelo fue condenado a 325 años por 19 agresiones sexuales JAIME GARCÍA