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ABC DOMINGO 19 s 8 s 2007 ESPAÑA 17 ¿RIVE GAUCHE? El libro de Santillana sobre Educación para la Ciudadanía es inocuo, correcto, y tan aburrido como el de Marina dedicadas a las tribus urbanas. Descubrimos que la cultura punk ha derivado en un pacifismo nostálgico, en tanto que los cabezas rapadas, en su versión cruenta, se adhieren al nazismo racista. El cuadro refleja una fragmentación cultural absoluta, que los cabezas rapadas resolverían. presuntamente, exterminando a los punk. ¿Cómo superar esta situación desagradable, una situación que encierra una de las muchas aporías de la sociedad intercultural? Lo más próximo a una respuesta, aparece en la página 55. Bajo el epígrafe ¿Qué hacer por la interculturalidad? se nos amonesta para que nos esmeremos en la autocrítica y el respeto hacia los otros. Pero es evidente que un cabeza rapada no podrá aplicarse este consejo virtuoso sin renunciar a su cultura. Lo que ocurre al cabo, es que la profusión de garambainas y monerías gráficas permite a las autoras eludir lindamente la cuestión. La eluden asimismo en el asunto peor tratado por todos los textos: la globalización. En la página 126 se invita al alumno a identificar, entre quince afirmaciones, las que se refieren a los buenos y malos efectos del proceso globalizador. Una de las afirmaciones reza: Concentración de la riqueza en pocas manos Esto, evidentemente, es malo. Pero no se nos explica por qué la globalización ha de alojar semejante efecto. De hecho, no está claro que la imputación sea correcta. La globalización robustece, sí, a las multinacionales. Pero transfiere una enorme masa salarial a los países más pobres. ¿Silencian el matiz las autoras, o no lo comprenden? Me inclino por lo segundo. Como no existe, no obstante, ni un asomo de argumentación, la cosa se queda en el aire. Marina va derecho al toro, y se equivoca estrepitosamente. En la página 153 de su texto, sentencia: Si la globalización sigue tal como hasta ahora, es decir, como un proceso económico principalmente (negritas en el original) son los países desarrollados los que obtienen más beneficios con la liberación de los mercados Marina debería tener presente el caso de Delphi, en Puerto Real. La General Motors ha cerrado sus factorías españolas, para abrir otras más grandes en Tánger. ¿Significa esto que España se beneficia de la globalización más que Marruecos? La simpleza salta a la vista. No se sigue de aquí que las consecuencias de la globalización vayan a ser uniformemente positivas. Es seguro que la globalización generará paro en los países desarrollados que no compensen sus salarios poco competitivos con una especialización en tareas productivas de alto valor añadido; es probable que agrande en esos mismo países la desigualdad, puesto que una parte de la población se dedicará a la fabricación de cosas complicadas, mientras que la otra estará abocada a repartir pizzas; y es cierto que el nuevo orden internacional debilita el control fiscal y laboral de los Estados sobre la economía y pone en aprietos el equilibrio de las socialdemocracias. Pero esto no tiene nada que ver, absolutamente nada, con el colonialismo del XIX. Llama la atención, por cierto, el tono pío, acrimonioso, que en lo relativo a estos temas adoptan los libros que he leído. En el de Marina, domina el acento etnográfico: se conciben las necesidades de los países en desarrollo desde la perspectiva de una ONG. En el de Santillana, se retrata a los españoles como una banda de egoístas de instintos xenófobos y potencialmente peligrosos. El acento está mal puesto. En Europa estamos ingresando en una era de nuevos y profundos conflictos sociales, que no se conjurarán recitando homilías. Y el Tercer Mundo no es el que era. Está, sí, la tragedia del África subsahariana. Y el estancamiento de Hispanoaméricana. Pero está también Asia, que nos va a enseñar- -venturosamente- -lo que vale un peine. El libro de Santillana es, por lo demás, inocuo, correcto, y tan aburrido como el de Marina. Álvaro Delgado Gal Anxo Quintana, en un homenaje a las víctimas del franquismo EFE Y ahora, el himno gallego Inscripciones en las sepulturas, parloteos de muñecas, cambio de huso horario, galescolas y, ahora, que los niños conozcan y sepan cantar el himno gallego. El BNG quiere utilizarlo para hacer país E. P. RODRÍGUEZ- SOMOZA SANTIAGO. Ya es hora de que desaparezca la cultura de que el gallego no vende Con esta frase el diputado nacionalista Bieito Lobeira, que abandera la defensa más firme dentro de las filas nacionalistas de un idioma de país recriminaba no hace mucho que los famosos cómics de Astérix y Obélix, traducidos a más de 20 lenguas, dejasen de ser publicados en gallego. Pero esta no ha sido ni la primera, ni la última, de las iniciativas que el BNG ha propuesto durante sus ya dos años de gobierno. La última ocurrencia del vicepresidente de la Xunta de Galicia, Anxo Quintana, ha sido popularizar el himno gallego, aprovechando el año del centenario de su primera interpretación oficial, para que ningún niño de Galicia se quede sin conocer los versos de Eduardo Pondal El caso es que Quintana quiere que todos los niños gallegos conozcan y sepan cantar el himno, porque su letra y su melodía es el compás que oficializa los sentimientos de Galicia como país Pero el dirigente nacionalista no se queda ahí: La letra de Pondal expresa la lucha de un pueblo en defensa de su lengua y de su identidad. Es un lenguaje que agita el despertar de Galicia como nación. Por eso, mientras hay himno, habrá país A juicio de Quintana, la música es un espacio de sentidos, pero también de realidad histórica y de memoria y por ese motivo reivindica el papel de la música para hacer país, y como elemento de construcción y fortalecimiento de la identidad gallega No menos original fue la iniciativa de traducir las grabaciones de la muñecas comerciales al gallego, del tipo As bonecas de Famosa se dirixen o portal... frase célebre donde las haya. Los nacionalistas han pensado en todo. Para que los niños sean capaces de entender lo que dicen los juguetes qué mejor que una formación íntegra en gallego, y para eso están las Galescolas auspiciadas desde Vicepresidencia, que depende del líder del BNG. No menos polémico fue el cambio de huso horario para adaptarlo al de Portugal, que se rige por la hora canaria, y con el que el BNG busca estrechar cada vez más lazos. Pero una de las mayores preocupaciones de las autoridades gallegas durante este verano ha sido el idioma en que están escritas las lápidas de los cementerios. Temen que, en futuras expediciones arqueológicas, si los epitafios no están en gallego se certificaría que Galicia nunca tuvo idioma propio. Suma y sigue. De las muñecas a las lápidas e rumorea que muchos colegios públicos, máxime los residenciados en comunidades de confesión socialista, elegirán el libro de Santillana como texto de referencia para instruir a los jóvenes en las técnicas y hábitos de la buena ciudadanía. Lo he leído en paralelo al de Marina, teóricamente más conservador, y no he sido capaz de averiguar entre ambos diferencias notorias en lo que hace a los contenidos. Si acaso, Marina es más audaz que Carmen Pellicer y María Ortega, las dos plumas que han intervenido en la entrega de Santillana. Sí se advierte una interesante divergencia en el procedimiento expositivo. Marina propende a enunciar los distintos contenciosos, lo que le coloca en apuros cuando las consecuencias de lo que escribe no son las que él querría. El volumen de Santillana, sin embargo, está organizado en forma de mosaico: los mensajes reposan menos en la parte discursiva, muy sumaria, que en las viñetas didácticas y las amenidades laterales. La resulta, es que las autoras disponen de holgura para dejar el razonamiento en suspenso, o decir primero una cosa, y después otra que no tiene mucho que ver con la anterior. Les pondré dos ejemplos. El capítulo 4- Una sociedad plural toca el problema de la interculturalidad. Se adopta, alegremente, una aproximación antropológica, cuyo desarrollo central viene dado por dos páginas S Las autoras disponen de holgura para decir primero una cosa y después otra El himno y el país