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80 TOROS www. abc. es toros SÁBADO 18- -8- -2007 ABC Vuelta a la normalidad SAN SEBASTIÁN Plaza de toros de Illumbe. Viernes, 17 de agosto de 2007. Sexta corrida. Tres cuartos de entrada. Dos toros de Los Espartales, mansitos y buenos; cuatro de José Luis Marca, bien presentados, sin fuerza ni casta; destacó más el 6 Pablo Hermoso de Mendoza, pinchazo y rejón (saludos) En el cuarto, pinchazo, dos hondos y bajonazo (saludos) Sebastián Castella, de grosella y oro. Pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos (silencio) En el quinto, pinchazo, media y dos descabellos. Aviso. (silencio) Eduardo Gallo, de grana y oro. Estocada baja (saludos) En el sexto, pinchazo, estocada pasada y atravesada y tres descabellos. Aviso (silencio) Tarde redonda de Ponce, por la puerta grande MÁLAGA Plaza de toros de la Malagueta. Viernes, 17 de agosto de 2007. Casi lleno. Cuatro toros de Zalduendo, de buen juego salvo el 5 y dos de Román Sorando- -1 premiado con la vuelta al ruedo y 6 bueno, también- Enrique Ponce, de grana y oro. Media (dos orejas) En el cuarto, pinchazo y media caída y atravesada. Aviso (oreja y dos vueltas al ruedo) Javier Conde, de marfil y oro con cabos negros. Pinchazo, estocada corta trasera (pitos) En el quinto, dos pinchazos y pinchazo hondo bajo (bronca) Joselito Ortega, de purísima y oro. Media caída (oreja) En el sexto, dos pinchazos y estocada. Aviso (saludos) ZABALA DE LA SERNA SAN SEBASTIÁN. Creo que así tituló el maestro Cañabate una crónica un día después de contemplar a Curro Romero convertido en Faraón del temple. Billy Wilder, cuando vivía en una habitación realquilada al lado de un cuarto de baño con la cisterna del retrete estropeada, se imaginaba que era una hermosa cascada. Mucha imaginación habría de derrochar mi pobre mente para convertir la porquería de corrida de ayer en una fluida crónica de hechos inmensos. Hoy serán felices quienes se rasgaban las camisas a jirones y se arañaban la cara como gatas desesperadas en celo porque en la tarde de José Tomás el público vivió apasionado cada segundo, cada silencio, cada paso. Y mire usted que la pasión es bella e imprescindible en el toreo, que se llenen las plazas en pos de un torero que ha renacido cual Ave Fénix en un momento clave para la Fiesta. Que no es el mesías pero tampoco el anticristo en el que lo quieren convertir plumillas de la mediocridad, cantores de medianías, escribidores de reseñas que nadie lee; sencillamente es un torero de época. J. T. ha venido a sumarse a un momento de la historia de la Tauromaquia en el que El Juli ha alcanzado una fabulosa plenitud de magisterio; una edad en la que José María Manzanares ha roto, o está rompiendo, como exigíamos, incluso con mayor capacidad; un año en el que un tal Alejandro Talavante, que una temporada atrás no existía, ha arrancado con fuerza descomunal en Valencia, Sevilla y Madrid; un tiempo en el que Sebastián Castella blande la bande- El primer toro saltó al callejón ante la atónita mirada de los espectadores ra de Francia por España como figura internacional. José Tomás se ha incorporado al tranquilo y señorial mando de un Ponce solo en la cumbre durante un lustro con El Juli; a la marcha clásica de un Cid que ha conquistado Las Ventas y la Maestranza en su ausencia. ¿Que dentro de todo ha quebrado la normalidad vigente porque ha traído la esencia del primigenio José Tomás madurada y aquilatada? ¡Pues bendita anormalidad que arrastra masas y encanta con solemnidad pueblos y caminos desérticos con su concepto puro! Cuando en el ayer reapareció en 1981 Antonio Chenel con toda su torería a cuestas, el sentido de las distancias, el sitio mágico donde los toros embisten o embisten, salvando las diferencias, enloqueció a los aficionados de toda la vida. Sumó a su belmontismo la ligazón manoletista, el empaque y el pecho por delante, la sabiduría de terrenos y querencias, los mil EFE Cantalejo (Segovia) López Chaves corta cuatro orejas con una magnífica victorinada Toros de Victorino Martín, de magnífico juego, según informa Efe; el quinto fue premiado con la vuelta al ruedo. José Ignacio Uceda Leal, ovación y oreja. Domingo López Chaves, cuatro orejas. Luis Bolívar, ovación y dos orejas. Alfaro (La Rioja) Triunfo de El Cid y tres avisos para Jesulín de Ubrique Toros de Caridad Cobaleda, justos de fuerzas y recorrido, aunque nobles de comportamiento. Jesulín de Ubrique, silencio tras tres avisos y silencio. Vicente Barrera, silencio tras un aviso y oreja. Manuel Jesús El Cid oreja en ambos. ojos de toros a los que les absorbió las ideas en los corrales venteños de la mano de Paco Parejo, y estalló en mi niñez como algo nunca visto, sin que por ello desdeñase a ningún otro torero. Quiero decir que en la cabeza de un aficionado, y más de un crítico, pueden y deben caber muchos toreros que enriquecen. Si uno me toca más la fibra del corazón que otros, perdónenselo a mi corazón, roto desde los ochenta por Chenel. Wilder tenía imaginación para hacer del ruido de una cisterna el sonido de una cascada. Aquel agua de retrete se debió llevar los toros de Marca que no valieron ni para arrimarse. Algo más el buenecito sexto, con un Gallo voluntarioso y valentón. Nada el lote de Castella. La torería corrió a cargo de un Hermoso de Mendoza sin espada y de los nombres de sus caballos: Curro Chenel Silveti Demasiado fría la gente con su perfecta primera faena. Demasiado normal la plaza. Apenas exclamaron un ¡oh! cuando el toro de los Espartales saltó al callejón, por donde yo también me hubiera ido. JAVIER LÓPEZ HERNANZ MÁLAGA. Tarde redonda de Enrique Ponce, que abrió la puerta grande. El torero de Chiva desorejó al buen primero, un remiendo de Román Sorando, que tuvo clase y fue premiado con la vuelta al ruedo, aunque quizá le faltó un punto de chispa en la muleta. En el caballo peleó con bravura en el primer puyazo y se arrancó con alegría al segundo. A la franela llegó con nobleza y recorrido, y Ponce lo aprovechó en un trasteo largo en el que conjugó dos fases diferenciadas. En la primera firmó tres series plenas de ritmo y ligazón; luego vino el bache con la zurda y, de nuevo, calentó los tendidos en el epílogo con un toreo de menor calado, basado en circulares, imantando al animal en su poderosa muleta. La media estocada arriba, de fulminante efecto, le hizo acreedor del doble premio. En el cuarto consiguió otra oreja por una faena más compacta que la anterior, pero peor rematada con la espada. Logró mantener el diapasón en una extensa labor con pasajes de suma belleza a derechas, por donde la obra alcanzó mayor intensidad. Javier Conde desaprovechó un buen ejemplar de Zalduendo con su toreo de camelo, en un trasteo sin planteamiento ni estructura. Si con el bueno estuvo mal, al deslucido quinto no lo quiso ni ver, por lo que recibió una sonora bronca. El malagueño Joselito Ortega cortó una oreja localista del manejable tercero, como premio a una labor muy entregada, aunque las ganas le hicieron acelerarse por momentos. En el sexto tuvo a una actuación a menos, emborronada además con el acero.