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64 40 FOTOBLOG SÁBADO 18- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Emiliano Bruno Coordinador Admivo. en la UE En España perdí la virginidad y me enamoré, por ese orden Con 18 años hizo una gira por Valencia tocando el saxo en una orquesta I. S. R. MADRID. ¿Por qué vino Emiliano a España? Hay cosas que no se deciden, sino que te vienen dadas. Tenía 18 años, iba para ingeniero de telecomunicaciones y tocaba el saxo en una orquesta. Y era virgen Este italiano llegó a Sagunto en el verano de 1989 para hacer una gira por la región con sus compañeros músicos. Toqué, bebí, comí paella, corrí por las calles gritando: ¡Agua, agua! mientras nos calaban desde los balcones a cubazos; perdí la virginidad y me enamoré (por ese preciso orden) Emiliano volvió a Italia para sacarse la carrera de Filología española e inglesa (con una tesis sobre Álvaro Cunqueiro, subdirector de ABC en 1939) pero en 1993 regresó para quedarse. A mí, paletillo de un pueblo del sur de Italia, me resultaba curioso casi todo en España. Me parecía un Marruecos metido en la Unión Europea A este trabajador de la UE, defensor de la buena globalización, lo que más le desagrada de nuestro país son los nacionalismos, tanto el español como los periféricos. Cuando oigo hablar a alguien articulando las palabras como si en lugar de lengua tuviera una bandera, no sólo se me ponen los pelos de punta, sino que me parece estar oyendo a algún personaje esperpéntico salido directamente de Tirano Banderas de ValleInclán Viniendo de un pueblo mediterráneo, no puede evitar cierto gusto por costas como la de Cádiz, pero hay un norteño lugar que despierta, más que sus emociones, sus ganas de vivir: Cuando uno se sienta en la Pedra da Campá en las Islas Cíes, hay siempre un momento en el que, cuando el sol acaba de ponerse, las miles de gaviotas, el mar y el viento se juntan y te pegan una bofetada y te dicen: Idiota, ¿no ves que la vida es inmensa? AP Niños de Manila se valen del tráfico para surfear las calles inundadas El paso del tifón Sepat por las Islas Filipinas nos deja imágenes muy llamativas. Los niños de la capital, Manila, que tiene numerosas calles inundadas, aprovechan la lentitud de los vehículos para agarrarse a coches y camiones y dejarse arrastrar por la corriente del tráfico. Tres días sin colegio por culpa del tifón han bastado para inventarse este modo de cabalgar sobre las aguas, cuando han pasado pocos días desde el estreno en España de Locos por el Surf la película infantil de los pingüinos surferos. La pega, cómo no, es que este modo de jugar con el agua parece tan peligroso como jugar con fuego. Fernando Castro Flórez Caparrós e escrito ya tal cantidad de paridas en esta ruta que ahora ya me permito decir una perogrullada absoluta: conoces a la gente cuando viajas con ella. Es una verdad absoluta, pero se olvida con frecuencia y así no es extraño que nos metamos en camisa de once varas con gente nefasta, esto es, con individuos que no sirven ni para ir hasta la parada del metro. Chistosos de la barra del bar, poetas del Café Gijón, restos de tienta de la generación gin (Andrés Ibáñez dixit) adictos al teléfono móvil, expertos en mecánica cuántica o analistas de tendencias juveniles, todos éstos, me permito el trazo H grueso, junto con los glamourosos de turno, inspectores de Hacienda y opositores a notarías, deben desecharse inmediatamente como compañeros de viaje. Si el interfecto con el que se va a emprender el itinerario aparece con más de tres maletas hay que abandonarle a la primera de cambio sin ninguna compasión. Los que tengan fama de torpes o haya caído sobre ellos la ácida sombra del gafe no deben ser convocados bajo ninguna circunstancia. No es fácil encontrar al compañero ideal, lo puedo asegurar yo que he tenido que vérmelas con gorrones, cretinos y subespecies criadas en esta viña del Señor. En Chile tuve que soportar, en unos fastos del arte deleznables, a una escultura que estaba gagá y a un crítico que es conocido por sus tendencias cleptómanas. Se negaban a pedir de comer para luego picotear en los platos de los demás y ahuecar el ala cuando llegaba la dolorosa Estoy convencido que no he sido el primer damnificado de esos malajes pero si los menciono elípticamente es para reforzar mi tesis de que todo viajero tiene que hacer una selección extremadamente rigurosa de su partenaire so pena de sufrir indecibles penalidades. Esta divagación viene a cuento porque he tenido la fortuna de encontrar en la Route 66 al compañero ideal: Paco Caparrós. Le conocí, como a tantos amigos, desde mi Tomás Ruiz a Uiso Alemany, en Valencia. Es un importante diseñador y un fotógrafo extraordinario, pero sobre todo es un sujeto con el que, después de haber atravesado los desiertos americanos y llegar al espectáculo brutal del Grand Canyon, se puede ir al fin del mundo. Otros van hasta allí con Georgie Dann o se arriesgan a trazar las curvas de la carretera con la amenaza del piano de Richard Clayderman. Tenía la intuición de que me entendería con Paco a las mil maravillas. Tenemos algunas enfermedades que nos aproximan: somos unos padrazos, le damos a la charla con frenesí y pensamos que no hay momento demasiado malo que excluya unas gotas de humor. Él no puede pisar el territorio sin disparar a diestro y siniestro con sus inmensas cámaras, yo tengo una extraña fotofobia a pesar de lo mucho que tenido que escribir sobre el arte de la cámara lúcida Caparrós es un poco mago. No quiso que nos alojáramos en un hotel en el Grand Canyon. Nos despertó una pareja de ciervos. Seguro que traía preparado ese prodigio.