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Muere Max Roach El batería Max Roach, virtuoso de la percusión y uno de los pioneros del jazz moderno, falleció ayer en Nueva York a los 83 años a causa de una larga enfermedad. Barbie tiene museo en Taipei A pesar del tropezón de la empresa Mattel, que ha tenido que retirar millones de juguetes del mercado, su prima donna la muñeca Barbie, ya tiene museo en Taipei. Robert Redford cumple 70 años Actor icono de Hollywood, director laureado, productor, defensor del cine más independiente, Robert Redford es una leyenda viva que cumple hoy 70 años. 63 Fernando Martínez Laínez GANGSTERISMO Y LITERATURA a novela negra probablemente no hubiera nacido sin la existencia del crimen organizado, y ha seguido la línea evolutiva del propio gangsterismo. Son los gangsters de la época de la Ley Seca y la Depresión, a finales de los años veinte, los que proporcionan la mejor materia prima al género negro en Estados Unidos. Ellos encarnan el lado aventurero y oscuro de una sociedad hipócrita, en la que el puritanismo de labios afuera va unido al ansia destructiva de ganancia a costa de los más débiles, fundamento del capitalismo salvaje que mueve la noria del dinero delictivo. El gángster es un personaje consustancial a la sociedad norteamericana, y por tanto a la novela negra que deriva de aquélla. Su mitificación literaria se produce cuando adquiere papel protagonista en las novelas de Hammett, y serodea con un halo deresolución y tenacidad en obras como Louis Beretti de Donald Henderson Clarke, o El pequeño César de W R. Burnett, am. bas de 1929, donde aparece el personaje Rico Bandello, inspirador de toda la saga gangsteril de las innumerables variantes de caracortadas que llega prácticamente hasta nuestros días. Tanto Beretti como Bandello son hijos de su tiempo y de las organizaciones mafiosas y criminales del sur de Italia. Impelidos por la miseria y la atmósfera opresiva del entorno, son también portadores de un deseo de ascenso social extremadamente individualista que encaja muy bien con los valores por los que se rige el sueño americano Se trata de ganar dinero utilizando la fuerza y la resolución, a costa de lo que sea, como único medio de ascender en la escala social de un país en el cual, a fin de cuentas, no se sienten del todo integrados. Pero, para eso, hay queluchar y eliminar a la competencia, ya que la decadencia y la caída vienen marcadas por la amenaza de los falsos aliados o de los que empujan detrás. En esta especie de tierra quemada alrededor, sólo la familia (secreta o de sangre) puede ser un asidero fiable, por eso hay que ser ciegamente fiel, hasta matar si es preciso, porque fuera no queda nada y el individuo aislado se convierte en presa fácil. L Robert de Niro, junto a Ray Liotta, Paul Sorvino y Joe Pesci, protagonizó Uno de los nuestros de Scorsese cerca de un restaurante italiano, la pizzería Da Bruno, en donde trabajaban varios de ellos: era su tapadera. Y ¿cuántas escenas de ajuste de cuentas hemos visto ambientadas en una de estas trattorias, regidas por una benévola mamma o un pintoresco maitre que quizá, junto a la pasta y el relleno de la lasagna, guardan en la bodega un nutrido arsenal? Cabe también especular si antes de la matanza hubo una cordial conversación llena de risotadas entre los miembros de las bandas enfrentadas; al fin y al cabo la ocasión lo merecía, pues lo que se celebraba en Da Bruno era el cumpleaños de una de las víctimas. O si, por el contrario, la cosa fue una operación por sorpresa tipo geo de acoso y derribo: los asaltantes habrían llegado en un coche haciendo chirriar las llantas y si no iba alguno de pie en el pescante metralleta en mano es porque ese tipo de vehículo modelo Chicago años 20 ya no se estila. Llama la atención la brutalidad de los hechos. Todas las víctimas presentaban numerosos impactos de bala; se les disparó a ciegas ha declarado el comisario responsable de la investigación, Heinz Sprenger, en una conferencia de prensa. Otro fiscal experto en la mafia ha comentado que una matanza de este tipo no se hace con ABC Otros clásicos negros Chantaje contra una mujer de Blake Edwards, con Glenn Ford y Lee Remick. Chicago, años 30 de Nicholas Ray, con Robert Taylor Y Barbara Lang. Mientras Nueva York duerme de Fritz Lang, con Dana Andrews y Rhonda Fleming. Más dura será la caída de Marck Robson, con Humphprey Bogart y Rod Steiger. El único testigo de Roy Rowland, con Barbara Stanwyck y George Sanders. Astucia de mujer de John Sturges, con Barry Sullivan y Lee Aaker. Macao de Josef Von Sternberg, con Robert Mitchum y Jane Russell. La jungla de asfalto de John Huston, con Sterling Hayden y Jean Hagen. Pánico en las calles de Elia Kazan, con Richard Widmark y Paul Douglas. Al borde del peligro de Otto Preminger, con Dana Andrews y Gene Tierney. El abrazo de la muerte de Robert Siodmak, con Burt Lancaster y Dan Duryea. El tercer nombre de Carol Reed, con J. Cotten y Alida Valli. Llamad a cualquier puerta de Nicholas Ray, con H. Bogart y John Derek. La dama de Shanghai de Orson Welles, con Rita Hayworth. discreción, para pasar inadvertido, sino para afirmar tu poder no se trata sólo de vengarse sino de desplegar una puesta en escena de fuerte carácter intimidatorio. Esto nos remite de nuevo al cine que históricamente ha jugado la baza de una cierta ambivalencia con respecto a la figura del mafioso. Por un lado, como ya señaló en un artículo seminal el escritor Robert Warshow hace medio siglo, el cine americano ha convertido al gángster en un héroe trágico, un hombre de estilo un emblema del capitalis- mo salvaje- -el hombre que se hace a sí mismo sobre los cadáveres de los demás- -que vive rápido y nadando en una chillona opulencia y muere en una explosión de pirotecnia. Ésa es la figura que han forjado el Paul Muni del Scarface original, los mil gangsters que encarnó el gran James Cagney y los pequeños gangsters como el Legs Diamond de Boetticher, hasta llegar a los Corleone de Coppola, quien según avanzaba su monumental saga iba dotando a sus sucesivos miembros de un angst casi shakespeareano. Más cerca de la brutal y mezquina realidad nos parecen los gangsters de Scorsese, que también han ido ascendiendo en la América corporativa sin abandonar sus modales, del Keitel de Malas calles al Pesci de Casino pasando por el De Niro de Uno de los nuestros Por otro lado, y junto al carácter trágico de sus gangsters, el cine ha ido subiendo el listón de la violencia que utilizan como casi única estrategia empresarial, y ello en aras del espectáculo. Del Scarface de Muni al de Pacino, del Capone clásico al que encarna De Niro en Los intocables de Elliott Ness hay todo un mundo (clandestino) de diferencia. Al gángster clásico la violencia- -como el valor- -se le presuponía, al gángster contemporáneo hay que verle en acción, y ésta debe ser lo más estrepitosa posible, para comprender su villanía esencial, no sea que vaya a quedar oculta tras su nueva definición psicológica y la banda sonora de Nino Rota. Pero se trata básicamente de un matón que se rige por la ley ejemplar del terror, como nos han venido a recordar esos enviados de la familia de los Strangio- Nirta a la tranquila ciudad de Duisburgo, cuya triste hazaña se confunde con un episodio similar de El padrino