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4 OPINIÓN SÁBADO 18 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro HUGO CHÁVEZ SE BURLA DE LA DEMOCRACIA VOLATILIDAD EN LOS MERCADOS AS Bolsas europeas hicieron ayer un dibujo inverso al del jueves, dos sesiones simétricas, contundentes tanto en la caída como en la recuperación, que confirman que la volatilidad, la incertidumbre y el desconcierto presiden hoy por hoy las decisiones de los inversores. La caída media del 3 por ciento en los mercados europeos se trasladó al mercado japonés, que bajó aún más, pero no al gran mercado norteamericano, el que lidera el mundo por tamaño, influencia y anticipación, y que registró una jornada sin variaciones sustanciales. De hecho, el Standard Poor 500 el índice más relevante, registró el jueves una subida del 0,32 por ciento y ayer mantenía una tendencia alcista por encima del 1. De esta manera, sostener que estamos ante un crack bursátil clásico y cíclico, o ante una situación de pánico de los inversores, es exagerado. Ninguna de las características que definen un crack o una situación de pánico se han dado estos días. Un crack se caracteriza por una avalancha de ventas que no encuentra contrapartida compradora, y en ningún momento se ha percibido algo semejante. En algunos núcleos financieros se presentó como una prueba de la pretendida catástrofe el hecho de que una de las mayores compañías hipotecarias de EE. UU. Countrywide, suscribió un crédito de 11.000 millones de dólares con cuarenta bancos para refinanciar sus compromisos. Sin embargo, esos medios no han reparado en que ese crédito es prueba de confianza y que, por el contrario, lo grave habría sido que nadie lo hubiera otorgado por miedo al riesgo. Estamos en medio de una crisis crediticia de magnitud cuyo alcance aún está por concretarse, iniciada en un deficiente sistema hipotecario que no ha valorado suficientemente las garantías y la capacidad de pago de los deudores. Pero no estamos ante una tradicional crisis bursátil. Las referencias fundamentales de las acciones son sólidas y los resultados de las compañías, buenos. Puede que los beneficios vayan a menos con el paso de los meses y que el segundo semestre resulte peor que el primero, lo cual expli- L ca la caída de las cotizaciones. Pero entre este fenómeno y una crisis financiera generalizada queda mucho trecho. Desde este punto de vista, conviene recordar por ejemplo lo ocurrido entre principios del año 2000 y finales de 2002, cuando durante más de 33 meses consecutivos los índices bursátiles se quedaron en la mitad y el S P 500 bajó de 1.500 a 775. Así se purgaron la llamada crisis de las com) y la burbuja tecnológica, pero la economía en general no se vio afectada. Fueron años de razonable crecimiento. Lo que realmente preocupa ahora a las autoridades monetarias es que el sistema funcione, no el salvamento de posibles bancos atrapados en riesgos que producen pérdidas. Tanto la liquidez otorgada al cortísimo plazo de un día durante esta semana que concluye, como el recorte de los tipos del interbancario aplicado ayer por la Reserva Federal- -téngase en cuenta que en Estados Unidos no se retribuyen los depósitos de los bancos en la Fed- -aspiran a que el mercado interbancario funcione con suficiencia y normalidad. Es verdad que son medidas poco frecuentes, pero no excepcionales; y en ningún caso son onerosas para los bancos centrales que las protagonizan. Es de prever que de todos estos episodios salgan tanto un nuevo perfil para los riesgos como mayores exigencias para quienes desdeñen garantías o asuman riesgos elevados. Saldrá, seguramente, un modelo que otorgue menos facilidades crediticias, pero quizás no haya que dar por concluida la etapa de bajos tipos de interés, que tan propicia ha sido a un crecimiento sostenido de todas las economías. Hace unas semanas, los bancos centrales argumentaban que estaban más preocupados por los riesgos de la inflación que por el crecimiento de las economías, y por eso apuntaban hacia inmediatas subidas de los tipos de interés. La crisis de estos días desaconseja esos incrementos, pero obliga a imponer estándares de crédito más exigentes. Y para ello, a la exigible prudencia de los acreedores habrá que unir el celo de los supervisores para limitar la audacia de los supervisados. LA VOZ UNÍVOCA DE LA IGLESIA ON motivo de las fiestas de la Asunción, los obispos del País Vasco han hablado de ETA y de la situación sociopolítica en sus respectivas diócesis. Es notoria la diferencia entre las palabras de monseñor Blázquez, obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal Española, y las de monseñor Uriarte, titular de San Sebastián. El primero exigió el fin de ETA con términos concluyentes: la banda debe desaparecer inmediata, total y definitivamente ya que nadie le reconoce representación alguna El segundo, en cambio, habló de buscar un acuerdo para la paz instando a todas las partes a recortar sus legítimas aspiraciones Se trata de dos mensajes muy distintos y claramente incompatibles. La voz de la Iglesia debe hacerse oír de forma unívoca en las grandes cuestiones que afectan a la vida española. No caben discrepancias ni siquiera matices cuando están en juego el derecho a la vida y la libertad de muchos ciudadanos, víctimas de una persecución criminal que se sustenta en el nacionalismo excluyente e identitario. La Iglesia ha condenado sin rodeos las ideologías contrarias a la dignidad de la persona y a los derechos humanos. Son muchas también las ocasiones en que se ha pronunciado en contra de ETA y en defensa de las víctimas. De ahí que sea imprescindible aclarar cualquier confusión y no dar pie a ningún tipo de interpretaciones interesadas en favor de una imposible equidistancia o de C una actitud supuestamente comprensiva hacia quienes practican el terror. Los obispos- -en este caso y en muchos otros de entidad moral, como lo es también la Educación para la Ciudadanía- -deben ejercer de forma clara y precisa su magisterio sobre los católicos, así como ilustrar desde la prudencia y el sentido común al conjunto de los ciudadanos sin disonancias en los mensajes y sin dar pie a interpretaciones diferenciadas. Monseñor Blázquez ha cumplido con rigor esas funciones al expresar el punto de vista de todas las personas de buena fe. ETA tiene que desaparecer para siempre y la sociedad tiene una deuda pendiente hacia las víctimas. Se equivoca en cambio monseñor Uriarte desde los propios fundamentos que sustentan su análisis. Ni se trata de dos partes equiparables en la defensa de derechos e intereses legítimos, ni la negociación exige que unos y otros cedan en sus posiciones. Aquí no hay más que una banda de criminales que asesina, extorsiona y hace imposible la convivencia en libertad. ETA ha roto cuando le ha parecido una tregua que nunca existió y mantiene una actitud de violencia que está muy lejos de responder a la lucha por ninguna causa que no sean los fines perversos de la propia banda terrorista. Las reflexiones personales del obispo de San Sebastián no deben inducir a error sobre la voz genuina de la Iglesia en una materia en la que el bien y el mal se distinguen con absoluta nitidez. O sólo se atribuye la capacidad de permanecer indefinidamente en el poder, sino que Hugo Chávez ha laminado todos los mecanismos de control institucional. Con la reforma constitucional que acaba de presentar, el presidente de Venezuela ha despedazado por completo los escasos rastros de democracia que aún quedaban en ese país después de ocho años de régimen chavista- bolivariano. En la primera de sus Constituciones, en 1999, fracasó a pesar de haberla dictado manu militari a sus partidarios. Tan obsesionado estaba por cambiar el curso de la historia de Venezuela con su ingenio constitucionalista que, además de una retahíla de insensateces, se llegó a inventar un poder para añadir al trío clásico que forman el ejecutivo, el legislativo y el judicial, el poder moral que antepuso a los otros y cuya capacidad de interpretarlo se atribuyó él mismo. La bicha como la llamaba su autor, fue impresa en tiradas millonarias, incluso se hizo una edición miniatura para que los campesinos puedan leerla cuando vayan al campo y lo cierto es que tal engendro no ha tenido ninguna virtud para los venezolanos. Sólo ha servido para sentar las bases de una nueva fórmula de destrucción de la democracia y la libertad. La desaparición de la propiedad privada es seguramente el más grave de los desvaríos de la nueva creación chavista. La propiedad y la capacidad de decidir qué hacer con la riqueza obtenida legalmente es la esencia de la libertad individual. Aquellos que tienen que trabajar sin saber si les será confiscado lo que obtengan con su esfuerzo pueden compararse justamente a los esclavos. Y por si quedase alguna duda, Chávez ha anulado la autonomía del Banco Central, con lo que se atribuye la potestad de hacer y deshacer a su antojo con los ingresos del petróleo, sin siquiera pedir permiso formalmente. Visto lo que ha hecho hasta ahora con el patrimonio nacional de los venezolanos, dilapidándolo a manos llenas en sus proyectos megalomaníacos en sus países amigos, lo que puede pasar ahora es muy fácilmente predecible. Hace que el Ejército deje de ser nacional y se convierta en bolivariano, que a estos efectos es como si lo hubiera llamado Ejército Chavista Crea una nueva milicia armada popular y un nuevo poder popular mecanismos con los que podrá controlar a la población al estilo de la dictadura cubana... La lista de atropellos no es fácil de resumir. Algunos de los que colaboraron estrechamente con Chávez en la redacción de su primera constitución bolivariana como el catedrático Hermán Escarrá, que era citado ayer en las páginas de ABC, hace tiempo que ya se han dado cuenta de que es imposible reconducir la deriva autoritaria del ex militar golpista. Aquellos que hoy aplaudan este atentado contra la libertad y la democracia puede que no tengan otra oportunidad para salvar a Venezuela de una catástrofe segura. N