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76 TOROS www. abc. es toros VIERNES 17- -8- -2007 ABC Sencillamente brutal, José Tomás SAN SEBASTIÁN Plaza de toros de Illumbe. Jueves, 16 de agosto de 2007. Quinta corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Garcigrande, incluido el sobrero (4 bis) bien presentados, salvo el chico 1 nobles en general, más complicado el 5 destacaron el buen 3 el sobrero 4 por calidad y el extraordinario 6 Finito de Córdoba, de berenjena y oro. Dos pinchazos y se echa (silencio) En el cuarto, estocada. Aviso (oreja) José Tomás, de verde esperanza y oro. Estocada hasta la bola (oreja y fortísima petición de la segunda) En el quinto, estocada (dos orejas) Salió a hombros. El Cid, de tabaco y oro. Estocada corta desprendida y descabello. Aviso (saludos) En el sexto, pinchazo y estocada (oreja) ZABALA DE LA SERNA SAN SEBASTIÁN. El denso silencio se cortaba con miradas afiladas de admiración. Cuando menos se espera, es cuando cae de la nada la súbita revelación del místico Pero es que a José Tomás se le esperaba con Illumbe desbordado y el vacío absoluto de diez mil almas que deseaban la satisfacción. El anhelo se entrecortó, como la respiración, cuando J. T. se desvirgó abriendo los lances hasta los medios, donde, a tumba abierta, se ciñó por chicuelinas, sin medir la ortodoxia ni al toro, que era un toro, haciendo de la heterodoxia bandera: la voltereta crujió su cuerpo. Y lo recogió de la arena por los límites del cuello, por la frontera de la vida. Se levantó como si nada, se caló la montera, siguió la lidia. Un puyazo medido y el capote a la espalda, no con medio farol como se hacía antiguamente. Y citó para pasarse las puntas cerca. Las gaoneras del ay, que cualquier día intenta José Tomás las del ole de pata p alante del genuino Gaona. Escarbó el toro de Garcigrande ya. Otro encuentro con el caballo medido. Los estatuarios en los medios los libró con un improvisado molinete con la izquierda y otro invertido de salida airosa. El silencio volvía con fuerza. Los derechazos se repitieron ligados y templados, con una expresión que es la de la primigenia época tomista pero madura y macerada, con mayor empaque o expresión. Sencillamente brutal. El tiempo mágico de espera con los vuelos lo aplicó en la siguiente tanda, entre paseos solemnes y una atmósfera que sólo los toreros distintos, diferenciales y de referencia, saben crear. Un parón Manoletina de José Tomás, que cortó tres orejas tras protagonizar una tarde soberbia aguantó como si nada con la zocata. Cosió un pase de las flores de más voluntad que logro con unos redondos a pies juntos que desataron la emoción insuperable. Aun quedaría un par de ellos a medio compás en el que su figura se retorció en un apunte del mítico Silverio. Advierto de que no soy fanático ni me priva la manoletina, pero José Tomás la ejecuta con un cuarto de muleta o poco más y le concede crédito de suerte seria como en sus orígenes lasernianos. La plaza entonces se caía. Y reventó con un espadazo en toda la yema. Las dos orejas eran un tema de sí o sí, tan claro, por la cumbre vivida, que no cabía más que una imbecilidad presidencial para negarlas. Así fue. Mala conciencia le quedaría al palco, que otorgó luego las dos en una faena de una, cuando había limitado a una una faena de dos. Al fin y al cabo el orden no altera el producto, aunque no responda a la realidad. José Tomás ahora se convirtió en héroe por su valor de plomo, como heroína es María San Gil contra los plomos de las nueve milímetros parabelum que la amenazan. Un respeto. Las dagas de un toro de escaso viaje, que punteaba con certera violencia, engancharon la franela con reiteración al natural. Nada fácil la cuestión. Frenada la embestida. Pero J. T. juntó las zapatillas y en adelante acongojó con su quietud. Por alto, toreando muy con los codos metidos y jugando las muñecas, remató por alto. Y por todo lo alto tiró al toro reacio sin puntilla. La presidencia compensó su despropósito anterior; EFE Insípida corrida en la Feria de Málaga JAVIER LÓPEZ HERNANZ MÁLAGA. A la muerte del quinto, el público, enfadado, empezó a corear: ¡Toro, toro! entre palmas de tango, hasta el punto que la sardina que salió en sexto lugar fue devuelta sin motivo (el trapío hay que analizarlo en el reconocimiento) Con el sobrero, de Hermanos González, Salvador Vega hizo lo mejor de la tarde en una entonada faena, con pasajes lucidos. Pinchó y perdió un posible trofeo. Dio la vuelta al ruedo. Vega no pudo hacer nada ante el buey que hizo tercero, un animal sin ápice de casta- -como todo el encierro de Sayalero y Bandrés- Saludó. Castella cortó una oreja al flojo segundo por una labor carente de emoción. Principió con sendos pases cambiados por la espalda que metieron al público en la faena. Fue lo más vjbrante de un conjunto insípido. Mató bien y cayó la oreja. El serio quinto fue un morucho que pegaba continuos hachazos. El francés se justificó. Saludos. César Rincón se enfrentó a un primero parado y deslucido que no le dio opción. Tampoco tuvo toro en el cuarto, aunque, a base de porfiar, robó algún muletazo aislado. Con la espada pasó mal rato. Silencio y silencio tras aviso. el personal lo provocó a conciencia. Lamento a todos esos pobres de espíritu que niegan la evidencia con un poema de Antonio M. Figueras: Imagina lo que sintió el general Custer, cuando tras gritar adelante mis muchachos se volvió y comprobó que no le seguía nadie La corrida de Garcigrande dio mejores toros. Buena corrida, en verdad. Estupendo fue el lote de El Cid, que pagó los platos rotos por el usía con el buen tercero: no le pidieron ni la oreja con una faena a tono. Aun más tranco y galope sacó el sexto. Extraordinario. Encajado, torero y sentido El Cid en redondo. Soberbio en los de pecho. Impersonal haciendo o queriendo hacer de José Tomás. Mecido a la verónica. Por hache o por be sólo se embolsó un trofeo del último. Finito es un tío mandangoso que me exaspera porque sabe torear como Dios, y a la calidad del cuarto le bordó series intermitentes como los ángeles desgarrados que suben al cielo y caen al infierno. Puta técnica, don Juan. Una oreja. Y la impotencia con un primero sin nada por fuera y podrido por dentro que se murió asqueado de sí mismo.