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ABC VIERNES 17- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 71 ALTOS VUELOS REBUJITO Un trago que hace posible dos cosas a la vez, esto es, apaga la sed y te pone a gustito han quitado los tropezones y te la sirven del grifo, igual que los vermuses. Y hala, a enchufarse al tinto de verano como cosa nueva. Mucho antes del Plan Marshall, las gentes del sur de España hacían los calores más llevaderos con una fórmula refrescante y literaria. Un mejunje que combina el sol andaluz con la espuma de las greguerías. Y al resultado le añadieron el toque de limón y la hoja de yerbabuena, que es la que pone aroma y ahuyenta los mosquitos. Se servía con hielo granizado. Un refresco perfecto para apagar la sed de un trago, a la que se liberan jugos gástricos. Así el cuerpo queda fresquito además de aliviado por dentro. Y uno puede emprender cualquier acto, sobre todo si el acto es reflexivo y por aquello del puntazo que se agarra al primer sorbo. Dicho esto, en los veranos, el vino queda para los almuerzos, ya sea tinto con la carne, espumoso en la cama o blanco si se hace con pescado. Con respecto a las cañas de cerveza, que en nuestra tierra también son refresco, el rebujito siempre andará por delante. Esto es debido a un detalle que, aunque de gusto escatológico, es determinante a la hora de elegir el rebujito antes que la cerveza, convirtiéndolo así en el primero de los refrescos patrios. Se trata de la necesidad, dicho por lo fino, o micción, dicho por el lado científico. Lo que, con la cerveza, punza vejiga y es de difícil contención, con el rebujito no traiciona, o sea, el chorro avisa antes de soltarse. Luego está lo de las compensaciones. Si bien es verdad que, con la cerveza, siempre es mayor la cantidad líquida evacuada que la ingerida, en el caso del rebujito resulta equitativa, esto es, lo servido por lo bebido. Detalle, éste, que hace del rebujito un refresco de justicia. LO DEL VINO ES MUY SERIO No conviene tomarse a la ligera el empuje de estos brebajes, que se apropian de la esencia del enemigo para desvirtuarla lo de menos. La labor más trascendente la han realizado los defensores del culto al vino. Ése ha sido el fardo más pesado de acarrear. El pobre Dionisos tuvo que navegarse medio mundo para dar a conocer el néctar de los dioses. Y cuando al fin pudo descansar a la derecha de Zeus, todavía tuvo que soportar, él, un entusiasta de la música y del alboroto, del desenfreno y la locura, del caos y la irracionalidad; él, el dios de la infracción de todas las reglas, aún tuvo que aguantar que los griegos lo pusieran, como de tapadillo, en la parte trasera del templo consagrado a Apolo en Delfos. De esto hace veinticuatro siglos, compañero. Son 2.400 años que llevamos los amantes del vino escuchando las monsergas del relamido de Apolo sobre el equilibrio y la contención, resistiendo su empuje ordenancista. Ha sido una larga pugna, continuada en las Bacanales de la Italia meridional, al principio sólo para mujeres, aunque luego se permitió el acceso a los hombres; para diversificar los placeres, supongo. Y también, también tuvo que venir el Senado romano a prohibirlas, porque fastidiones los ha habido en todas las épocas. De entonces a las leyes secas modernas hemos tolerado lo indecible, siglos de represión y control. ¿Creéis que hemos pasado tanta penuria para que vengáis ahora los del rebujito a echarle al vino Seven Up? No jodamos, Montero, vamos a llevarnos bien. No hemos padecido persecución y acoso para esto, no hemos adorado a Baco en la clandestinidad para acabar con un tinto de verano en la mano, para ver cómo llega un gañán en chanclas al chiringuito y dice el muy sacrílego: Un rebujito en vaso de plástico, há el favó Esto no, compañero. Un respeto. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora legados los calores, la garganta necesita su alivio. Y qué mejor que, en vez de hacerlo con Coca- Cola u otra porquería semejante, conseguirlo con tragos de rebujito. Ignoro en suma lo que traen las demás bebidas veraniegas pero soy sabedor, a ciencia cierta, de que el rebujito es vino Manzanilla con sifón, limoncito y yerbabuena. Y todo ello servido con mucho hielo. Aclarado esto, sólo queda plantarse para bendecir la inventiva que tuvieron los que idearon el sagrado refresco andaluz. Un trago que hace posible dos cosas a la vez, esto es, apaga la sed y te pone a gustito. Pero vayamos por partes. En realidad, la idea de mezclar el vino es tan antigua como antiguo es el sifón, esa agua de calambres con sabor a pies dormidos, que decía Ramón Gómez de la Serna. Y, aunque vengan los americanos y quieran apropiarse del invento, hay que recordar que, por mucha agua carbonatada que pongan, nosotros ya pusimos la base. ¿O es que ahora va a resultar que el vino de Manzanilla también pertenece al Imperio? Pues hasta aquí podíamos llegar. Pasa lo mismo con la sangría que, ya sea de Valdepeñas, Rioja o sangre de Toro, es néctar que forma parte de la españolidad. Hay que recordar, para quien no sepa, que la sangría, junto con el gazpacho, es combinado típico de nuestra tierra. Así ha sido siempre. Lo que pasa es que, ahora, a la sangría le L P or si no le bastara al vino con defenderse de las arremetidas del tinto de verano, ahora viene a embestirle por el flanco sur otro escuadrón de nombre disminuido: el rebujito. Pero, ¿qué es eso del rebujito? O, como diría Stalin del Papa, ¿cuántas divisiones tiene? Pues exactamente un tercio de Manzanilla y dos tercios de gaseosa o Seven Up. Poca guerra para los de Flandes. En estos tiempos de mistificación, no obstante, no hay enemigo pequeño. No conviene tomarse a la ligera el empuje de estos brebajes, que se apropian de la esencia del enemigo para desvirtuarla, como el café descafeinado y la nata desnatada. Sus peligrosas embestidas no vienen de frente y por la calle del boe, como la ley seca, sino a hurtadillas y sembrando impurezas. No, Montero, no. La humanidad no lleva más de 6.000 años fermentando uvas para que ahora vengáis los frívolos del rebujito y el tinto de verano a decir que con gaseosa y hielos está más fresquito. Eso no es serio. No se pueden tirar así por la borda los esfuerzos para globalizar la libación: costó siglos extenderla, de Oriente Medio a Creta, de allí a Grecia, Roma y todo el Mediterráneo; después hasta América, con gran pérdida de vidas humanas, para alcanzar la mismísima California, donde pusimos una pica que no le llega al Rioja al fondo de la barrica. Y, si me apuras, el cultivo de la vid es Un hombre degusta una buena copa de vino blanco ABC