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70 40 RICOS SOLEMNES VIERNES 17- -8- -2007 ABC Gustavo Cisneros El hijo pródigo TEXTO: BEATRIZ CORTÁZAR FOTO: ERNESTO AGUDO econoció el éxito con sólo mirar a su padre y eso es más que una llave maestra a la hora de convertirse en la segunda fortuna de América Latina, según la revista Forbes cuya riqueza la valora en 60.000 millones de dólares, colocándose entre los 50 hombres más poderosos del mundo. Con una carta de presentación como ésta no hay más que bucear en la hemeroteca para emborracharse de todos los logros, proezas y algún que otro batacazo que este empresario de 62 años ha cometido en su vida profesional. Gustavo Cisneros (Caracas, 1945) R fue el elegido de entre todos los hermanos y eso que no fue el primogénito. Algo vio en él su padre cuando lo señaló como el heredero de sus negocios dotándole de una educación necesaria para cumplir todos sus sueños, que, con el paso del tiempo, no sólo hizo realidad sino que amplió hasta límites que por entonces se creían impensables. El hijo de Diego Cisneros estudió en un colegio de Caracas hasta los doce años. Su formación siguió en los Estados Unidos y se graduó con un expediente cum laude en Economía en el Babson College de Wellesleyn (Massachusetts) Está claro que su padre no se equivocó puesto que su hijo apuntaba maneras desde bien joven. En los tiempos libres de estudio se colaba en las reuniones de trabajo que mantenía su padre con otros empresarios para acomodarse al lenguaje que utilizan los grandes de los negocios y hacer de ese medio su modus vivendi. El ejemplo lo tenía en casa y es que su padre fue el clásico hombre hecho a sí mismo. Nació en Cuba, pero a finales de 1920 emigró a Venezuela, donde debutó con su primer negocio: vendía helados y sorbetes que él mismo fabricaba en su casa con hielo picado. Como todos los millonarios, sus primeros pasos fueron desde lo más bajo. Si Rockefeller limpiaba cristales para sacarse unos dólares, Cisneros machacaba hielo con un punzón para refrescar las limonadas que preparaba. Así fue hasta que se lanzó a su segunda aventura, cuando a los 21 años compró a un chatarrero un viejo camión que supo transformar en un autobús con el que hacer negocios de transporte. Había estudiado de niño en un colegio irlandés y de ahí que pudiera aprender a hablar en inglés, idioma que resultó fundamental puesto que pudo empezar a entenderse con los gringos y trabajar años después en el Royal Bank de Canadá. Diego Cisneros tuvo once hijos, 8 varones y 3 mujeres, pero fue el tercero, Gustavo, el que mejor supo entender el lenguaje de los empresarios que arriesgan y ganan. Como todo los poderosos que además invierten en los medios de comunicación, a la hora de encontrar datos personales sobre este multimillonario venezolano las contradicciones son grandes puesto que cuando uno alcanza ciertas metas, y Cisneros llegó donde nunca llega nadie, las opiniones de sus amigos o enemigos aparecen por todas partes. Consciente de que no hay nada como escribir uno mismo su historia, Cisneros contó en dos largas entrevistas todo lo que quería que se supiera de él para el libro del periodista Pablo Bachalet Gustavo Cisneros. Un empresario global que cuenta con prólogo de Carlos Fuentes. En esas páginas se narra desde los primeros pasos de Cisneros de la mano de su padre, con quien aprendió a ser un líder de hombres a todos los movimientos que necesitó para conseguir crear un imperio empresarial en América Latina. Entre sus aptitudes siempre se destaca su olfato para hacer grandes operaciones hasta el punto de que todos sus colaboradores no dudan en definirle como un visionario. Pero, volviendo a su biografía firmada por el periodista Pablo Bachalet, nada como las palabras de Carlos Fuentes para acercarnos a la figura de Cisneros, a quien define como creador de una cultura de negocios, adelantado de una cultura política de equilibrios, promotor de una cultura educativa que no deje atrás a nadie, escudero de la lengua española en el corazón de Angloamérica, Gustavo Cisneros descendió un día a la caverna de Sarisariñama como un personaje de Conan Doyle descendió al centro de la tierra y, al tocarla, escuchó un grito de dolor. En su descenso a la caverna, Gustavo Cisneros escuchó, acaso, un grito de alegría: una fiera medida de hombría como exclama Rómulo Gallegos en las páginas de Canaima Menos prosaicos fueron los titulares que obtuvo en España durante el gobierno de Felipe González, cuando compró la cadena Galerías Preciados, que acababan de expropiar a la Rumasa de José María Ruiz Mateos. Aquella venta supuso el desembarco de este animal de las finanzas en nuestro país y fue motivo de muchísimas polémicas sobre el supuesto favor que le acababa de hacer González en el que se llamó el primer pelotazo de la democracia española El empresario compró Galerías por 216 millones de pesetas y más tarde vendió la cadena de almacenes al grupo Mountleigh por 30.000 millones. En los últimos tiempos son muchas las voces que hablan del ansia de política que tiene Cisneros, a quien algunos sitúan como futurible presidente de su país natal. De momento el empresario no esconde el cariño que siente por su tierra y de ahí que entre sus últimas adquisiciones figure el emblemático equipo venezolano de béisbol, Los Leones del Caracas, o que haya creado una fundación junto a su esposa Patty, con la que ha creado un auténtico museo de arte colonial. Su visión optimista de América Latina como una tierra de oportunidades todavía dará mucho que hablar. Más información en: http: www. forbes. com Ansia de política Un visionario Gustavo Cisneros, en una imagen tomada en 2004