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62 40 FOTOBLOG VIERNES 17- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Cathy Joly Dubois Funcionaria de la UE Me aterroricé cuando un guardia civil me pidió el DNI Cathy aterrizó en Madrid hace 26 años de la mano de la Unión Europea RAQUEL RINCÓN MADRID. Cathy forma parte de la extensa familia de los funcionarios europeos y llegó a nuestro país en 1981, durante la negociación de la adhesión de España a la Unión Europea. Hoy es la encargada de la contabilidad de la oficina del Parlamento en España. Cuando se le pregunta por qué eligió nuestro país, una pícara sonrisa se dibuja en su cara: Vine por amor. Conocí al que luego sería mi marido cuando hacía la mili en Vielha. Luego me separé, pero me quedé en España y nunca tuve ganas de volver a Francia Cathy confiesa que no le costó adaptarse a las costumbres españolas, aunque recuerda con humor: Lo de pedir la vez en una tienda es una de las cosas que me costó. Tener que decir quién da la vez me daba mucha vergüenza, porque en Francia estas cosas son más discretas y menos bulliciosas Pero a la francesa ya no le asusta ni el bullicio ni el tono alto de los españoles, aunque sigue pensando que no es la mejor forma de expresarse Sin embargo, ella tiene claro que es positivo cumplir eso de Donde fueres haz lo que vieres Cathy recuerda su primer paseo por el Retiro: Fui allí con mi novio y de repente me paró un Guardia Civil con un Cetme para pedirme la documentación. Me quedé aterrorizada... Aunque reconoce que la sociedad española ha avanzado muy rápidamente desde entonces, y se muestra encantada con la gente y el clima, Cathy se queja de un punto negro español Lo peor de España es su forma de hacer política. Creo que todavía en este terreno todos tienen mucho que aprender Admite que no soporta a los fanceses que critican gratuitamente a España, porque no se dan cuenta de que es una sociedad abierta y receptiva AFP Homenaje a Elvis en el trigésimo aniversario de su muerte Seguro que los seguidores más fanáticos no estuvieron, convencidos ellos de que El Rey no ha muerto. Los más resignados, como estas dos mujeres de Massillon, Ohio, se reunieron ayer a las puertas de Graceland, en Memphis, para rendir tributo al dueño de las caderas más revolucionarias de la Historia. Fans de todas partes del globo han cruzado montañas y océanos para no faltar a la cita- -que se alargará durante varios días en la llamada Semana de Elvis -mientras que la compañía SonyBMG aprovecha la coyuntura para lanzar The King un doble CD con los 52 mayores éxitos de Presley Fernando Castro Flórez En el laberinto no de los libros que forman parte de la pequeña biblioteca nómada que preparé para la Ruta es el Breve tratado del paisaje de Alain Roger; el capítulo que dedica al nacimiento del desierto carece de alma, es imposible que allí florezca la imaginación. Señala, a la carrera, que el desierto del western es una pura invención hollywoodiana. Esa obviedad la puede decir cualquiera, aunque me gustaría saber si esa sentencia lapidaria ha sido contrastada con la experiencia de adentrarse en el Antelope Canyon. Estas formaciones geológicas están más allá de lo cinematográfico, cuando se camina a través de ellas re- U sulta difícil reducirlo todo a la dimensión estrecha del cliché. Caparrós ya había estado aquí y, como el mejor de los guías, me conduce suavemente hasta la entrada mágica. Las paredes rosadas de formas ondulantes te transportan hacia la ciencia- ficción y al mismo tiempo hacia la elucubración metafísica. El lecho de arena sobre el que caminas se reduce hasta permitir que entre únicamente un pie. Espacio para transitar de uno en uno, en silencio, con la más intensa de las emociones. En este ámbito horadado por las aguas la mente fluye en recorridos fantásticos y placenteros. Acariciando con las dos manos los muros extraños de ese cañón he recuperado mi obsesión por el laberinto, que no es tanto una construcción arquitectónica cuanto un proyecto mental, un dibujo para ser recorrido en una danza ritual. Símbolo de la desorientación, pero también del placer de la pérdida. El hilo de Ariadna borra el dibujo del astuto Dédalo, convierte la oscuridad del Minotauro, símbolo de la pasión visceral en geometría del retorno. Jacques Lacarriere señala, en su ensayo La caída de Ícaro que al adentrarse en la penumbra Teseo debió llegar a sentir o presentir que el Laberinto no era en realidad una sutil cárcel de piedra, sino el fuero interior donde cada ser encierra su vida y sus actos y donde uno va dando vueltas mientras permanece inacabado. Solamente los héroes son llevados a encontrar unos monstruos y a enfrentarse a ellos, solamente ellos pueden un día de su vida verse ante el Minotauro y, dominándolo, aca- bar con su inmadurez y sus temores primitivos. El laberinto es el hogar del dubitativo. El camino de aquel que teme alcanzar la meta dibujará fácilmente un laberinto; eso es lo que hace el instinto en los episodios que preceden a su satisfacción. En el Antelope Canyon, una suerte de catedral subterránea y solitaria emplazada al norte de Arizona, no hay bifurcaciones, no es un círculo ni una espiral, sino una línea, una prueba de la escala humana. Encajonado ahí, le he comunicado a Caparrós que mi memoria no es inferior a la de Funes y así le he citado, de carrerilla, el comienzo de La casa de Asterión Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias El Minoauro, si creemos a Borges, apenas se defendió cuando le atacó mortalmente Teseo. Era otra forma de salir del laberinto fatal.