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66 40 TIRIOS Y TROYANOS BAJOS FONDOS JUEVES 16- -8- -2007 ABC ALTOS VUELOS CORONA DE MOSCAS La lista de averías que causa la siesta es mayor que la de los beneficios, siendo el colapso del organismo la principal nes son garbanzonas y pesadas. La modorra casa bien bajo el sombrajo, y la peña carga el buche y se deja llevar por el sopor de la sobremesa. No se necesita preparación alguna. Tan sólo llenar la andorga y, hala, a roncar la siesta bajo un resguardo coronado de moscas. Con todo y con esto, los médicos señalan que, lo de hacer siesta en los veranos y días de guardar, es buena receta para curar males. Así, las consultas cada vez están más llenas de gente que duerme la siesta. Paradoja que da que pensar, igual que, en tiempos de los romanos, daba que pensar lo contentos que se ponían los leones cuando les arrojaban un cristiano. Y como la dejadez y la flojera no pueden traer nada bueno pues lo de la siesta tampoco, al no ser más que la modorra llevada al límite peninsular. Por lo referido, la siesta sólo es entendible en oficios extremos. Como ejemplo para beneficiarse de la siesta sirvan los organismos que se emplean a fondo, ya sea, conduciendo transporte, como subidos al andamio, así como todos los referidos al arte de suerte suprema, dando igual, primer espada que picador o espontáneo. Por el contrario, en los demás organismos, la siesta sobra, de la misma manera que, de las bragas, sobra la etiqueta. Por todo ello la siesta es origen de la indolencia, de la vaguería y del desastre del Annual, pues hasta en tales vicios le sacamos ventaja al moro. Y entre unas cosas y otras seguimos roncando, unos por gusto y otros por respeto al prójimo, mientras abajo afilan cuchillos para hacer de España parte del Califato. No es de extrañar que si, un día de estos, les da el punto y vuelven otra vez con lo de Perejil, lo hagan a la hora de siesta, que es cuando los matadores están durmiéndola y toda España se da a la poesía del Panero. ¡CHIST! UN MANIFIESTO SIESTISTA Los efectos benéficos de la siesta son reconocidos por los poderes económicos y políticos. ¿Qué otra cosa podían hacer? el aprendizaje y combate el estrés. Además reduce la mortalidad coronaria y mejora la circulación sanguínea. Nosotros lo sabíamos antes de que lo publicara Nature, pero ese reconocimiento nos da ímpetus renovados. La organización económica, el capitalismo depredador, la vida en las grandes ciudades, los desplazamientos a los centros de trabajo, están convirtiendo en clandestino y delictivo el sueñecito de veinte minutos (cuarenta al menos si es en compañía de otros) Y los poderes públicos deben atajar esta persecución injustificada; no podemos permanecer impasibles ante el absurdo de que se considere un lujo algo gratuito. No consentiremos por más tiempo la alienación de tomarnos dos cafés después de comer y un Orfidal por la noche. El mundo se halla inmerso en el sinsentido: lo fundamental no es estar levantado, sino despierto. La gente despierta lo es porque duerme. ¿Cómo organizó Churchill la defensa de Gran Bretaña en la II Guerra Mundial? ¿Por qué pudo Einstein formular la teoría de la relatividad? ¿Qué permitió a Edison patentar 1.093 inventos? ¿Lo lograron gracias a la vigilia? No. Toda su lucidez la obtuvieron de las siestas. En la estela de aquellos grandes hombres, reivindiquemos el descanso letárgico como la mayor aportación de España a la civilización. Estamos llamados a un papel de vanguardia, compatriotas, desempeñémoslo con altura y generosidad, guardando el sueño de nuestras fuerzas de choque: el oficinista sobre su mesa, el albañil en el andamio, el opositor en su pupitre. Chistemos sin piedad a los que les zumban alrededor. Toda cabezada es un acto de resistencia. Atentas, masas agotadas, ha sonado la hora del grito liberador: preferimos morir reclinados a vivir sonámbulos. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora ara colmo de minorías, en los veranos peninsulares, ya sean mediterráneos, vascongados o manchegos, nos obligan al silencio y la sordina después de las comidas. Es lo que se conoce como tiempo de siesta y suele durar un buen rato, durante el cual, la única actividad que se permite es la de roncar con la boca abierta. Condenados a escuchar resuellos y ventear digestiones, los que no gustamos de hacer siesta, al final, acabamos obligados a realizarla por respeto al prójimo. Y el despertar trae hasta la boca el calostro amargo de la mala leche patria. La lista de averías que causa la siesta es mayor que la de los beneficios, siendo el colapso del organismo la principal de todas ellas. Sólo acercarse hasta alguien que ande en ello, para darse cuenta de los espasmos y sacudidas que se realizan en tal estado, así como las supuraciones que arroja por boca, orejas, fosas nasales y otras fosas. Por decir no quede que las posturas que pilla también merecen su estudio, siendo la del sofalito con el mando en el puño la más típica de todas ellas. También suele ocurrir que el siestero sueñe en alto, resultando lo que sale por su boca de una incoherencia tan espesa que no la supera ni el Leopoldo María Panero harto de jaco. Por ser el verano estación en la que la máquina intestinal trabaja con más pereza que de costumbre, las digestio- P tentas, masas somnolientas, ha sonado nuestra hora. Ya está en marcha la insurrección arrolladora esperada por la humanidad contra este modo de vida que priva a la gente sencilla del bien de la siesta. Las fuerzas oscuras de la vieja Europa acorralan a los siestistas, mientras ellos resisten los inhumanos horarios laborales que nos empujan a abandonar nuestro hábito más ancestral. ¿Qué sesteador no ha recibido el epíteto de haragán? ¿Quién, encontrándose grogui, no ha sido tachado de gandul por los intolerantes o de holgazán por los calvinistas? Los efectos benéficos de la siesta son reconocidos por los poderes económicos y políticos. ¿Qué otra cosa podían hacer sino rendirse a una realidad abrumadora? Pero la rebelión siestista no se conforma ya con buenas palabras. Ha llegado la hora de explicar al mundo nuestras aspiraciones; de reivindicar al bendito, al tronco y al cesto; instaurar el culto a Morfeo, idolatrar sin complejos al lirón y la marmota. El mundo no puede seguir erradicando impunemente la siesta. Si ellos han enloquecido hasta el punto de considerarla un lujo vacacional, nosotros no. Difundid a los cuatro vientos nuestro ideal, masas estresadas: un descanso breve después del almuerzo durante los meses de trabajo. Aventad por el mundo el mensaje: la siesta potencia la memoria, multiplica el rendimiento, facilita A Varias personas dormitan aprovechando la sombra que ofrecen los jardines de Albia, en Bilbao MITXEL ATRIO