Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 16- -8- -2007 RICOS SOLEMNES 40 63 François Pinault El coleccionista de empresas ISABEL GUTIÉRREZ a lucha que, a finales de los años 90, se libró en el campo de batalla financiero por el control de la firma Gucci evocaba combates feroces de otros tiempos, duelos de titanes que, más allá de los millones, se disputaban vastísimas parcelas de poder: Aristóteles Onassis frente a Stavros Niarchos, Rupert Murdoch contra Robert Maxwell... Y en el caso de Gucci, François Pinault dando la lata a Bernard Arnault para dominar una añeja casa de modas italiana que, en la década de los 80, languidecía hasta que el genio de Tom Ford hizo de ella el paradigma de la elegancia y la sofisticación de finales de siglo. En 2001, ambos enterraron el hacha de guerra y Pinault se hizo con los activos de Gucci, firma que dio aún más L lustre a una sociedad especialmente rutilante: Pinault Printemps Redoute (PPR) perteneciente al holding Artemis- Pinault que fundó en 1992. Hoy, las preciosas rúbricas de Yves Saint- Laurent, Alexander McQueen, Balenciaga o Stella McCartney comparten espacio en el mapa corporativo del emporio francés junto a la casa de subastas Christie s, la bodega Château Latour, los grandes almacenes Printemps, la cadena de tiendas de discos y libros FNAC, la revista Le Point o el Rennes Fútbol Club. Hasta su definitiva consagración como uno de los actuales árbitros del lujo y, por supuesto, de los negocios mayúsculos, la trayectoria vital de François Pinault (Champs- Géraux, Francia, 1936) fue trazada a base de bastante trabajo, estupendas relaciones y gran- dísimas oportunidades. En su caso, no sólo se trataba de bregar a diario por encontrar las condiciones más favorables, sino de tener buena puntería cuando una pieza codiciada se colocaba en la mirilla. Y es que no siempre se acierta. Los paisajes de Bretaña fueron el melancólico escenario de una infancia de la que no sobresale ningún suceso especial, salvo su abandono de la escuela a los 16 años. Hijo de un comerciante de maderas, no se interesó por el mundo de los negocios hasta su regreso del servicio militar, que cumplió en la convulsa Argelia de 1962. Seguramente su matrimonio con Louise Gautier, la hija de un proveedor de maderas del aserradero de los Pinault, fue definitivo para espabilar al joven François. Tomó las riendas de la empresa familiar, la rebautizó con el nombre de Établissements Pinault y con ayuda de su suegro y de un buen crédito bancario, se echó a rodar. En 1970 su actividad empresarial ya había cogido carrerilla: adquisición de nuevas compañías, diversificación de actividades, venta y compra de empresas, y especulación en el sector del azúcar, producto en torno al cual se desataron amargas disputas. Fue hacia 1973 cuando comenzaron sus relaciones serias con el mundo de la política. Comenzó el cortejo escorándose a la derecha, con los llamados jóvenes republicanos independientes; y siguió con su apoyo a Valéry Giscard d Estaing. Aunque siempre ha sido devoto de Jacques Chirac y próximo a Dominique de Villepin, Pinault presume de nadar cómodamente en otras aguas y cuenta con buenos amigos dentro del Partido Socialista francés. En el terreno empresarial, entre sus múltiples acciones sobresale, en 1987, la adquisición del 75 por 100 del capital de Chapelle Darblay, número uno en Francia en la fabricación de papel prensa, que en 1990 revendió embolsándose enormes plusvalías. Pero la aventura más audaz y controvertida, más allá de Gucci, fue la compra en 1998 de Christie s, la más antigua casa de subastas del mundo, emblema del mercado del arte y, desde el año 73, compañía pública en la lista del London Stock Exchange. El golpe fue verdaderamente traumático. Y es en el arte donde encontró su vocación más apasionante, la de coleccionista. François Pinault es una suerte de diletante entregado con fruición a acumular grandes y pequeñas joyas de la creación contemporánea. Buena parte del genio del siglo XX está en sus manos: más de 2.500 piezas conforman 30 años de búsqueda de objetos que le conmueven e ilusionan. Quiso abrigar su impresionante colección en la isla de Seguin, en el río Sena, pero la burocracia y los ecologistas agotaron la paciencia de quien se había atrevido a tomar bastiones en apariencia más inexpugnables. Aun habiéndose gastado 20 millones de euros en el empeño, se fue con sus cuadros a otra parte y, en 1998, adquirió el 80 por 100 del Palazzo Grassi, una joya de la arquitectura veneciana que estaba en manos de los Agnelli. Magnífico escenario que albergó el pasado año la exposición ¿A dónde vamos? donde por primera vez mostraba al público su tesoro. Todo un acontecimiento social y cultural. Para disfrutar con tranquilidad de cuanto posee, en 2001 comenzó a descargar responsabilidades en uno de sus hijos, François- Henri, actual presidente- director general de PPR. En los últimos tiempos, del heredero se habla con especial interés en la prensa de medio mundo, y no precisamente en la sección de economía ni a propósito de su gestión al frente del imperio familiar: en breve hará madre a la actriz mexicana Salma Hayek. Así pues, el abuelo François, aunque involuntariamente, ha puesto una pica en Hollywood. Pero él ya está en otra guerra: mantenerse en un apacible segundo plano. Asalto fallido en el Sena La aventura más audaz y controvertida, más allá de Gucci, fue la compra en 1998 de Christie s, la más antigua casa de subastas del mundo François Pinault, junto al Palazzo Grassi de Venecia, donde exhibe su colección de arte EPA Más información en: http: www. forbes. com