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62 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS JUEVES 16- -8- -2007 ABC Grandes Óperas Tristán e Isolda, una sublime historia de amor ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE n la superficie de Tristán e Isolda está la leyenda de ancestrales mitos arios. También el Wagner más racial y terrestre, aquel que cree en sí mismo y en su poder sobre los demás, alguien a quien agita la soberbia... y, él lo sabía, la desgracia de la inquietud: En mi existencia jamás he disfrutado de la auténtica dicha del amor, así quiero ahora elevar al más bello de todos los sueños, un monumento en el que desde el principio hasta el fin, se sacie plenamente este amor Cuando el 29 de agosto de 1858 llegue a Venecia descubrirá que ese mundo absolutamente lejano, extinguido, concuerda admirablemente con mi deseo de soledad Las primeras ideas de la obra que Wagner anota corresponden al preludio y al dúo de amor del segundo acto. No hace falta más. Toda la música está contenida ahí. Primero, el famoso acorde inicial de Tristán De él se desprende el carácter cromático de la partitura, esa sintaxis que es hija del de- E seo, la pasión, el dolor, la angustia, la impaciencia, la voluptuosidad amorosa, los perfumes de la noche y la fiebre de la herida También de las aguas oscuras, de los efluvios narcotizantes, del placentero calor del amor inmediato... de la pasión en oleadas. Esa es la razón por la que Hans- lick, el crítico de lo absoluto, proclamará que Tristán es una música enferma. Tiene que serlo una obra que penetra en el delirio metafísico y que transforma cualquier carnalidad en etérea sustancia. Al comienzo del segundo acto, Brangäne se lo advierte a Isolda: Te engaña la vehemencia de tu de- seo, escuchar lo que sueñas No hace sino entreabrir una puerta por donde arrasará el más ardiente de los vientos. Y con él todo aquello que, en el dúo de amor, lleva a los dos amantes a fundirse en una entidad distinta, en la íntima armonía de las almas, la de los cuerpos confundidos en un solo aliento, en un sentimiento químicamente puro Para entenderlo, nada mejor que escuchar a Birgit Nilsson y Wolfgang Windgassen protagonistas de la versión que, esta semana, ofrece las Grandes Óperas de ABC. Con notable grandeza, Nilsson convierte cada inflexión vocal en un pliegue que perfila la personalidad de la protagonista. Y aún sobrevuela, a veces con acuciante estatismo, sobre la densa textura sonora. Windgassen añade otra complejidad más cercana a la magnificencia de un caballero legendario que se hace hombre. Y junto a ellos Christa Ludwig, una ejemplar Brangania; Eberhard Wächter, Kurnewal juvenil e impetuoso; y Martti Talvela, Rey Marke de extraordinarias resonancias. Dirige Karl Böhm con un apasionamiento contagioso, nervioso, dramático. Puede decirse que esta versión es digna del mejor Bayreuth de 1966 pues gracias a ella se reafirmó en su tiempo el gran principio de Tristán que no es otro que el de un misterio sin materia, imposible. Quizá similar al de esa Venecia que inspiró al compositor y que en la noche se confunde con el agua. Flotante, silenciosa, transfigurada. Densa textura sonora Consiga mañana, y a lo largo de todo el fin de semana, la penúltima entrega de la colección Grandes Óperas Tristán e Isolda, por tan sólo 9,95 euros y el cupón del día. Con el sello de calidad de Deutsche Grammophon