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68 40 VISIONES MIÉRCOLES 15- -8- -2007 ABC BELLEZA A CONTRAPLANO CHIPS DE VERANO José Manuel Nieves ¿QUIÉN BARRE LOS CADÁVERES? Caso: La invasión de los ladrones de cuerpos Acusado: Don Siegel. Cómplices: Kevin McCarthy, Dana Wynter y Larry Gates. Estados Unidos, 1956. Rizos: clase de doma Teresa de la Cierva Marta Barroso Si adivinó ayer cuál de las jóvenes periodistas que esto suscriben tenía el pelo como una tabla, les era fácil imaginar, hoy vamos a hablar de los problemas que tiene la otra para domar sus rizos. Situación: llegas a la playa y entras en un (no siempre controlado) ataque de pánico. Sufres de lo que se llama remonte de rizo (vulgarmente conocido como pelo frito Las ondas se deforman, se encrespan, dando paso a un bucle esponjoso (y espantoso) ¡Y a ver quién sale con esa pinta! La culpable no es otra que la naturaleza permeable del cabello, que puede hacer que absorba más de un 30 de su peso en agua si no está bien nutrido. Para dominar esa rebeldía, sin abusar de espumas que sobrecargan el pelo, hay que alimentarlo. ¿El menú? De primero, champú Oléo- Curl de Kérastase (16,50 euros) porque sus aceites nutritivos definen los cabellos indisciplinados; de segundo, Gelée D Huile de la misma firma (32) el primer gel de tratamiento que, a diferencia de una mascarilla, se funde en el pelo, preservando la tonicidad del rizo; y, como postre, Curl Refiner de Redken (20) un producto antiencrespamiento que disminuye el volumen. Después de este banquete podrá relajarse y estar en la onda. Federico Marín Bellón Busco socios para la Asociación de Móviles Maltratados Ayer por la mañana llegó Mayte a la redacción con un problemilla de esos que ya he comentado aquí otras veces. Resulta que se le había quedado atascada la batería dentro del móvil, y por mucho que lo intentó después, no podía sacarla de allí. Creo- -me dijo con el aire inocente de quien se sabe culpable- -que la he puesto mal... Si alguien ha probado alguna vez a colocar una batería justo al revés de como debe ir, sabrá de qué estoy hablando. Hay que tener mucha fuerza (y una determinación aún mayor) para conseguir que un objeto sólido encaje dentro de otro cuyas formas no coinciden. Pero ella lo hizo. No sé cómo, pero lo hizo. Lo que debió sudar, la pobre. En mi mente se agolpan imágenes de móviles maltratados, con las pantallas rajadas, devorados por el perro o con los circuitos empapados e inútiles después de haber caído a la piscina o, peor, al mismísimo WC. Y pienso en lo bien hechos que están los malditos cacharros para soportar, estoicos, tanta vejación y sufrimiento. Propongo aquí mismo crear una asociación que defienda a los móviles de los desmanes de sus dueños. Seguro que el de Juan C. (otra vez) que le deja el suyo al niño para darle el biberón, se apuntaría el primero. l cine de serie B de los años cincuenta no ha sido igualado, ni lo será. Los avances tecnológicos y la pérdida de la ingenuidad por parte del público imposibilitan del todo la reedición del fenómeno. Películas de bajo presupuesto habrá siempre y entre ellas surgirán de forma periódica algunas joyas, pero el encanto de La mosca La increíble historia del hombre menguante El fotógrafo del pánico y tantos otros títulos se ha perdido. El pueblo de los malditos y La invasión de los ladrones de cuerpos son dos ejemplos perfectos, porque aunque han sido reeditados (la segunda dos veces) en color y con resultados más que dignos, no pueden compararse con sus respectivos modelos. En La invasión... Don Siegel traza con cuatro duros y sin más alarde técnico que unas judías verdes de tamaño descomunal una escalofriante historia de ocupación alienígena. De paso, permite complejas lecturas, incluso contradictorias, sobre una época dominada por la histeria anticomunista comandada por el senador McCarthy. No deja de tener gracia que el actor protagonista se apellide igual que el político. En el filme, un médico descubre que los habitantes de la E Kevin McCarthy se acerca tímidamente a una de las terroríficas vainas de La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel tes le cuentan que sus seres queridos parecen otros. En efecto, los marcianos copian con la pericia de un sastre chino, pero no han conseguido imitar eso que llamamos sentimientos. En una de las escenas cumbres, Dana Wynter es descubierta porque grita de forma espontánea al ver un accidente. Ningún otro testigo se inmuta, adivinen por qué. Y aquí va el final; cada cual sabrá lo que tiene que hacer. En su huida junto al doctor, la mujer acaba en una mina abandonada, donde, exhausta, se duerme un instante. Cuando el doctor la besa, la frialdad de sus labios le basta para saber que la chica ha cambiado de bando. Ahora bien, en este caso concreto, ¿estaba ya en la mina la vaina destinada a ella, esperando allí, clarividente? Y, en general, cuando se forma el cuerpo del clon, ¿qué hacían con el original? Don Siegel, responda a lo que se le pregunta. Lo de la sustitución de los cuerpos es una vaina, que diría un colombiano pequeña localidad californiana de Santa Mira están siendo sustituidos por marcianos que adquieren idéntico aspecto físico, pero no químico. Como son extraterrestres de hace medio siglo, también primitivos, deben fraguar la suplantación a fuego lento, dentro de unas simpáticas vainas. Una vez que brota cada clon sustituye a su pareja (durante las horas de sueño) y hereda su forma de vida para no despertar sospechas. Cómo adquieren los conocimientos de sus antecesores es un misterio de otra galaxia. La película, en cualquier caso, es magistral desde su arranque. McCarthy descubre la invasión cuando varios pacien-