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24 INTERNACIONAL www. abc. es internacional MIÉRCOLES 15- -8- -2007 ABC Karl Rove, en una imagen de febrero de 1999 en Austin, Texas, cuando estaba plenamente implicado en la primera campaña presidencial de George W. Bush ABC La dimisión de Karl Rove no termina con su larga sombra en la política de EE. UU. Su duro estilo de hacer campaña se ha convertido en arquetipo para los aspirantes a la Casa Blanca, republicanos o demócratas PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. La leyenda omnímoda y omnipotente de Karl Rove, el legendario gurú electoral del presidente Bush, no parece terminar con su anunciada dimisión del puesto formal que ocupaba en la Casa Blanca. Estrategas del Partido Demócrata han empezado a admitir abiertamente que Rove tiene bastante más peligro fuera de los confines gubernamentales, libre de ataduras para ayudar a reinventar a los republicanos de cara a la cita electoral del 2008. Quizá la mejor prueba de su legado de duras y premeditadas tácticas se encuentra en las campañas de los principales candidatos a la Casa Blanca, republicanos o demócratas. Montajes imitadores organizados bajo el modelo establecido por Karl Rove para ganar la reelección en el 2004 del ticket Bush- Cheney, con un especial énfasis en detectar y motivar votantes afines, aglutinar donaciones, trazar planes a largo plazo pero con mensajes simples, descrédito de rivales y si es posible mezclar estrategias de gobierno y politiqueo de campaña. Aunque Rove no ha inventado todas estas mañas por separado, su reputación se basa en haber integrado estos elementos en una baza ganadora. Hasta el punto de haber establecido una especie de patrón oro electoral con tracción de futuro, ya que se puede encontrar a todo un grupo de sus ayudantes y protegidos en puestos de responsabilidad en candidaturas republicanas. Tampoco faltan indicios sobre la influencia del modelo Rove incluso en la campaña de Hillary Clinton, favorita para conseguir la nominación presidencial del Partido Demócrata. La relevancia de Karl Rove, bastante obsesionado con el voto hispano como clave de futuros éxitos para el Partido Republicano, también pasa por el ejercicio de una influencia no solo limitada a estrategia electoral sino a cuestiones de gobierno. En este sentido, su impronta ha tenido contados antecedentes en la historia de la Casa Blanca situándose a la altura de las privilegiadas relaciones establecidas entre el presidente Franklin D. Roosevelt y su ayudante Harry Hopkims o entre el presidente McKinley y su patrocinador Mark Hanna. Sobre sus sueños de crear una estable mayoría política para el Partido Republicano en Estados Unidos que perdure durante décadas, Karl Rove se ha despedido de la Casa Blanca insistiendo en que todavía es posible, con la insistencia de que George W. Bush contra todo pronóstico ha ganado sus pulsos presidenciales y ha impulsado la presencia de su partido en el Congreso. Nunca falto de explicaciones, Rove ha vuelto a interpretar la derrota en los comicios legislativos del 2006 como un retroceso mínimo dentro de un contexto de guerra y escándalos. Con todo, no faltan reproches que atribuyen la precaria situación actual de la Administración Bush precisamente a Karl Rove, con un exceso de tácticas polarizantes y uso politizado de poderes gubernamentales que habría conseguido cansar a un electorado sobre todo pragmático y moderado. Junto a recordatorios de que los dos grandes partidos de Estados Unidos son en realidad partidos minoritarios. Estrategas del Partido Demócrata advierten que Karl Rove tiene más peligro para ellos fuera de la Casa Blanca