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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 15 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro GEORGE BUSH SE QUEDA MÁS SOLO UNA MINISTRA SIN CRÉDITO POLÍTICO NA vez que la anterior ministra de la Vivienda ha dejado el campo libre, parece claro que Magdalena Álvarez reúne todos los méritos para ocupar el puesto de miembro del Gobierno peor valorado por los ciudadanos. Aunque sea lo principal, no se trata sólo del despropósito en la gestión de las competencias de su departamento. Es también cuestión de malos modos, prepotencia y falta de capacidad para encajar las críticas, como ayer puso de manifiesto una vez más la titular de Fomento en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados. La ex consejera de la Junta de Andalucía sigue en su cargo por razón de los equilibrios internos del PSOE. Más allá de la obviedad, es lógico por ello que ponga su futuro político en manos de Rodríguez Zapatero, porque sabe que la cuota territorial beneficia su continuidad a pesar del desastre permanente. En el Parlamento catalán ni siquiera sus propios compañeros de partido fueron capaces de defender la gestión ministerial, aunque exculparon al presidente. Álvarez, por su parte, repite una y otra vez los tópicos al uso en el manual de instrucciones de la propaganda socialista. En definitiva, la culpa de todo la tiene siempre la oposición, que por cierto invirtió en cuatro años en Cataluña 1.100 millones más de euros que el Gobierno del PSOE. Si fallan las infraestructuras en Cataluña, los responsables son el PP y CiU, que no supo reivindicar lo necesario. La lógica no importa: la ministra prefiere no escuchar que su antecesor, Francisco Álvarez Cascos, dejó el Ministerio hace tres años y medio y que CiU perdió las elecciones autonómicas hace todavía más tiempo. Los socialistas se equivocan de medio a medio si piensan que esta insólita oposición retrospectiva les permite eludir su responsabilidad ante la opinión pública. Como es natural, cuando fallan los trenes de Cercanías, hay un colapso en la autopista, el aeropuerto no funciona y las ciudades se paralizan por un apagón eléctrico, la gente se indigna con los gobernantes actuales y no admite explicaciones ridículas. El argumento de que las inversiones gubernamentales en U Cataluña son suficientes y adecuadas encierra una trampa dialéctica para quienes lo defienden. Si es así, como el propio Zapatero trató de demostrar en su fugaz visita a Barcelona, parece evidente que el problema reside en la pésima gestión de dichas infraestructuras, cuya responsabilidad recae en todo caso sobre las administraciones- -estatal o autonómica- -regidas por los socialistas. La ministra debería pensarlo dos veces antes de recitar una y otra vez la misma letanía. Reconocer ahora el error de no haber reducido los servicios ferroviarios para llevar a cabo las obras en la estación de Sants- -imprescindibles para el acceso del AVE a Barcelona- -es una buena prueba del carácter electoralista que el Ejecutivo imprime a sus actuaciones. Reducir frecuencias por razones operativas es una decisión técnica que se debió adoptar con independencia de sus eventuales repercusiones políticas. No es de extrañar la soledad parlamentaria de la ministra durante la sesión de ayer. No se puede quedar bien con todos a la vez, como pretende Zapatero. En política se recoge lo que se siembra, y el Gobierno viene jugando al borde del precipicio en materia de infraestructuras con la vana esperanza de que nunca llegue el momento de cumplir las promesas realizadas. Ocurre todo lo contrario: las expectativas insatisfechas generan frustración y, en este caso, los ciudadanos catalanes están hartos de buenas palabras- -así lo atestigua una encuesta de la propia Generalitat- -que contrastan con una realidad inaceptable de fallos en cadena. El problema de las Cercanías le ha estallado en las manos al Ejecutivo y la incuestionable falta de eficacia de la ministra de Fomento debe acarrear responsabilidades políticas. Anteayer, en el Parlamento catalán ni siquiera Joaquín Nadal, consejero del PSC, defendió a la ministra, y ayer, en el Congreso, Álvarez tuvo que escuchar críticas muy severas de todos los Grupos, no sólo del PP Confiar en las cuotas y los equili. brios internos de su propio partido para seguir en el cargo como si no pasara nada es la mejor prueba de la debilidad de una ministra que hace tiempo agotó ya su crédito político. REAPARECE LA KALE BORROKA L pasado sábado, los convocantes de un acto en recuerdo del etarra fallecido Pelopintxo consiguieron desairar a todos los demócratas: se les consintió negociar con la Ertzaintza a pie de calle, y entre pancartas con lemas indiciariamente enaltecedores del terrorismo, se les permitió burlar de facto la decisión de un juez de la Audiencia Nacional de prohibir, incluso por la fuerza, la celebración de homenaje alguno. Esto ocurrió en la localidad vizcaína de Amorebieta, el mismo escenario elegido por los proetarras para una voraz madrugada de terrorismo callejero. Atacaron con cócteles molotov hasta siete entidades bancarias y el juzgado de paz de la localidad, lo que unido al incendio intencionado de un vehículo del Ayuntamiento de Vitoria, y al lanzamiento de artefactos incendiarios contra la fachada de la sede social del PNV en San Sebastián, constituye la reaparición de una auténtica ofensiva de terrorismo callejero. Estos hechos, constitutivos de delitos terroristas por leves que puedan resultar sus efectos- -no conviene olvidarlo- -son la consecuencia directa de la atmosófera de condescendencia y permisividad con que el Gobierno se ha manejado durante el fracasado proceso de paz Y si esto ocurre pactando subrepticiamente con líderes batasunos el formato que ha de tener el homenaje público a un etarra para que no parezca que se vulnera una decisión judicial, cabría pre- E guntarse qué habría ocurrido en Amorebieta si la Ertzaintza hubiera impedido realmente la cita. Desde esta perspectiva, está cargada de lógica la querella que el Foro Ermua ha anunciado para que la Audiencia Nacional aclare quién y por qué consintió que una concentración improvisada, y paralela al prohibido homenaje a Pelopintxo se transformara realmente en una evocación pública del etarra. Pero siendo el retorno de la kale borroka una pésima noticia, más desalentadora aún resulta la amarga sensación de vuelta a una normalidad que, con la ley en la mano, nunca debería ser tal: de nuevo se reproducen grandilocuentes declaraciones de condena por parte de los mismos partidos- -y aquí reside la tragedia de la paradoja- -que negocian en secreto con los jefes de esos terroristas callejeros en lugar de combatirlos; de nuevo se instala entre la ciudadanía el temor a un efecto dominó que extienda estos ataques por muchas otras localidades vascas; y de nuevo queda acreditado el envalentonamiento de unos proetarras a los que el sentimiento de impunidad con el que actúan en la calle sirve de palanca a su estrategia de amedrentamiento y coacción. Y todo, aderezado con el desprecio de ANV la vigente marca institucional de los batasunos, a cualquier amago de condena. Por si a alguien le quedara aún alguna duda, es su generosa contribución a la convivencia y la paz que con tanto cinismo pregonan y con tanta eficacia pisotean. A dimisión de Karl Rove marca el final de una era de la política norteamericana. Aunque ya son varios los miembros del equipo presidencial que han abandonado las inmediaciones de la Casa Blanca, la marcha de Rove es la de mayor importancia desde la del ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Sin anticipar lo que sucederá en la próxima elección presidencial de noviembre del año que viene, es evidente que una baja de semejante calado en el equipo presidencial de George W. Bush es la señal de que se cierra definitivamente un modo de hacer política y, si se quiere, un sistema de ganar elecciones. Karl Rove había sido una máquina de producir victorias electorales hasta que las últimas legislativas de 2006 dejaron el panorama político en manos de la oposición demócrata. Su marcha puede ser un reconocimiento de aquella derrota, pero tal vez también una manifestación de su incapacidad para invertir la tendencia. En realidad, lo que queda de legislatura es un periodo en el que al presidente y a su equipo ya no le queda ningún margen de maniobra, a la espera solamente de un improbable milagro en Irak que pudiera cambiar la percepción electoral de una operación que de todos modos ya no podrá recuperar la simpatía que generó en sus primeros meses. Aunque el desarrollo del último plan militar está dando señales positivas, a pesar de que hasta los demócratas van a tener que aceptar que Estados Unidos tendrá que mantener a medio o largo plazo una presencia militar en Irak para evitar que el país no salte por los aires, el lastre que representa esta operación para el legado político del presidente Bush es tan grande que es posible que ni siquiera alguien como Rove se atreva a lidiar con él. Algunos analistas han querido ver en esta dimisión un último gesto del ingeniero de la era Bush para dejar un campo más favorable el año que viene al futuro candidato republicano. Una especie de inmolación heroica destinada a salvar la causa in extremis. Lo cierto es que su marcha ha sido celebrada no solamente por los demócratas, sino por no pocos republicanos y que a la postre ha dejado una imagen de un Bush cada vez más solo y aislado, rodeado de un equipo en el que de un modo u otro todos esperan su oportunidad para abandonar el barco. Ala postre, tal vez la lección más importante del ciclo que ha marcado Rove es que si bien las mejores tácticas de marketing pueden servir para ganar elecciones atrayendo acertadamente bolsas de electores en torno a un candidato, a la larga, la influencia de hombres como Rove en el legado de los dos mandatos presidenciales puede no haber sido tan relevante. Ciertamente, ganar elecciones es muy importante, pero al final es mucho más trascendente colaborar en la dirección estratégica de una política para que deje una huella en la historia que dure más que los cuatro años de una legislatura. L