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ABC MARTES 14- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 71 ALTOS VUELOS BARRA LIBRE Y así como la vergüenza es asunto que sobra cuando se trata de la cama, de igual formar ha de sobrar tratándose de la mesa cores que sirven son de garrafa, nada mejor que guardar las apariencias para beberse un Napoleón, o un Juan Bermúdez, que es como llaman al JB por Andalucía. Con dos de hielo, por favor Y a la que se hace la digestión, se van pinchando las burbujas del estado gaseoso que mantiene al mundo agarrado por los bolsillos. Dicho de otra forma, si de los hoteles borraran el derecho a pensión completa, sería una pena, pues desaparecería un agujero en el colador del capitalismo. Llegado el verano, el latifundio se orienta hacia el litoral y hasta la ramera más tirada hace su agosto. Entonces el movimiento de la Tierra alrededor del sol se convierte en asunto propicio, no ya para las siegas, ni tampoco para la flota pesquera, sino para todo lo contrario. Es decir, el beneficio se lo lleva el sector que llaman terciario y que es sector en estado gaseoso por carecer de solidez. Porca miseria. Así que, siempre será de agradecer que, llegada la hora del almuerzo, los hoteles dispongan de bufete libre. Una oportunidad, no sólo de llenar andorga por la jeta, sino también de desequilibrar el sector de la única manera posible, o sea, comiéndotelo todo. Pues si el hambre es egoísta, uno ha de tomar ejemplo. Qué menos. Por todo lo dicho, saltándose el protocolo y poniendo cara de virtud y ahorro, no hay nada más fácil que llegar hasta la mesa que llaman bufete libre, y ubicarse a pillar unas tajadas que ya quisiera el George Bush para acompañar sus cenas presidenciales. O sus purgaciones, pues un fulano de tal corte nada bueno ha de tener en las canillas. Y después del Bush que venga Napoleón, Carlos III, el Gran Duque de Alba o el mismísimo Juan Bermúdez, con dos de hielo, por favor, que paga el Imperio. INCLUIDAS LAS ESPOSAS En el complejo toda la bebida y la comida que se pueda embuchar corre por cuenta del señor Todo Incluido le poco o nada, pues en el complejo toda la bebida y la comida que se pueda embuchar corre por cuenta del señor Todo Incluido. Estando el pulserista inmerso en esa bacanal, pudiendo vomitar la cena para recenar a la romana, y habiéndose hecho todo el camino hasta el Caribe, ¿va a pagar dos veces el mismo mojito? No, por eso está preso. Lo tienen cogido por la billetera, que es por donde acostumbra a dejarse agarrar el homo hipotecarius, sin necesidad de que le vistan con camisa de fuerza. Por el contrario, los animales menos territoriales suelen contratar en sus viajes sólo el alojamiento. No sólo para deambular por la zona sin horarios y charlar con los aborígenes en todos esos lugares del mundo donde a un español no le hacen falta intérpretes, sino también para dejar allí algo de dinero: la justicia distributiva no es el fuerte de los turoperadores. Si se pudieran gastar bromas, diría que el destino predilecto de los turistas de sólo alojamiento este verano es Barcelona, donde parecen estar ensayando una radicalización de las privaciones. Sólo alojamiento allí es literal: ni catenaria, ni trenes, ni gas, ni luz, ni tuberías, ni equipaje, ni voltaje, ni autopistas... Pero no tiene gracia, así que no lo voy a decir. Es más, voy a aprovechar para expresar mi solidaridad con los sufrientes ciudadanos de Barcelona. Precisamente hace años que tengo ganas de devolver el saludo que Companys dirigió a Madrid en 1937, tan sencillo como Madrileños, Cataluña os ama y a la vez tan hondo. El momento ha llegado, sin duda. Ante tantas calamidades y tan pocos motines, no cabe más que una sincera muestra de cariño: Barceloneses, Madrid os ama Y admira vuestra santa paciencia. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora ara llenar el buche por el morro, o sea, para comer de gratis, se han de pasar por alto ciertos protocolos. Y así como la vergüenza es asunto que sobra cuando se trata de la cama, de igual forma ha de sobrar tratándose de la mesa. Por lo dicho, lo más aparente es saltar sobre el propio retraimiento y colarse en uno de esos bufetes libres que anuncian los hoteles en verano. Hay que ver, no han terminado con la faena de los desayunos y, en un pispás, van y desenganchan media docena de puertas, agarran unas borriquetas y, hala, ya está hecha la mesa. Sólo queda vestirla con rollos de papel como única mantelería. En un periquete llegan las bandejas con sus puntillas de lechuga y sus chorreras de huevo hilado. Al centro, las mejores tajadas. Todo un espectáculo de vivos colores que ya quisiera el Bush para su pavo de plástico. Además, qué puñetas, gracias al invento del bufete libre, manducar durante la temporada es asunto fácil. Para ello no se necesita más que tener hambre y saber disimularlo, es decir, ponerse a comer sin llenar el plato y utilizando el cubierto de manera escrupulosa. Masticando con el mismo reparo que tiene la gente poseída por el sentido del ahorro. Y, aunque la mayoría así no hagan, pues desconocen el detalle, es de recibo saber que ésta es la única forma de ser tratado con cierta exquisitez por parte del personal. Es decir, si los li- P unque el régimen vacacional del todo incluido parezca un invento reciente, es en realidad el mismo que lleva siglos aplicándose a los presos, los enfermos y los locos. Con esos antecedentes, para trasladar la rutina de las cárceles y los manicomios al turismo ha sido necesario el camuflaje de un anglicismo. Al recinto en el que pasan sus vacaciones los internos lo llaman resort. Puag. Cada vez que alguien lo pronuncia me ocurre lo mismo que a Goebbels cuando oía la palabra cultura me echo la mano a la pistola. Encañono al diccionario y canta bajo coacción. La palabra propia es complejo Conjunto de edificios o instalaciones agrupados para una actividad común Sí, la misma de complejo penitenciario y complejo hospitalario Qué le vamos a hacer. Lo que diferencia a los complejos turísticos es que se llega a ellos por voluntad propia y que para tener identificado al personal no le dan un uniforme, sino una pulsera, versión discreta de las esposas. A partir de ese momento el turista es libre de no moverse del recinto, donde puede dar unos paseos por el patio o apuntarse a bailes de salón para redimir las penas. En apariencia, los huéspedes pueden entrar y salir a su antojo, no hay rejas ni alambradas; y la cancela está vigilada sólo para impedir el acceso a los de fuera, porque al parecer hay gente que quiere entrar en esos sitios. Sin embargo, el interno sa- A El bufé libre es uno de los reclamos de los hoteles en verano ABC