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ABC MARTES 14- -8- -2007 40 67 El perro y el campanario Tras la identificación de Emilio Muñoz, la Policía necesitaba colocar micrófonos en su casa. La misión se encomendó a baqueteados agentes de Información. Lo primero era sacar unas horas a Emilio de su casa. La pérdida de documentación denunciada por este individuo hacía tiempo fue la excusa perfecta. Un agente se puso en contacto con él y le dijo que la habían encontrado, por lo que necesitaba que fuera a comisaría para los trámites. Lo citaron a las 8 de la mañana. Los agentes le vieron salir de casa y comenzaron a actuar. Emilio tenía dos perros bastante fieros, por lo que había que neutralizarlos Se utilizó carne con sedantes. Uno de los canes comió y quedó dormido. Pero el otro se resistió. A grandes males, grandes remedios, dice el refrán. Y la Policía usó un dardo con suficiente somnífero para que no hubiera más problemas. No molestó más. Quedaba el problema de dónde instalar los aparatos de grabación. Se vio que el campanario de la Iglesia era el mejor lugar. No hubo dudas. mismo tiempo, en una iniciativa hasta entonces inédita. La Policía sabía lo que se le venía encima a partir de esa decisión sin precedentes. Comenzaron a recibirse miles de llamadas, que fueron analizadas una a una por un equipo de agentes designados en exclusiva a esa labor. Tras una primera criba, se investigaban a fondo el resto. En junio se recibió la definitiva. Un hombre aseguraba que la voz de la cinta era la de Emilio Muñoz, un repartidor con el que acababa de estar y del que aportó además la empresa en la que trabajaba. La Policía obtuvo una grabación de su voz. El jefe policial que había estado al frente del caso desde el primer día supo de inmediato que era el asesino. El análisis científico de la voz coincidía al 90 por ciento con la del comunicante. Aun así, hizo la prueba del 9 le puso la cinta a su superior, el nuevo jefe de la brigada: No sé que te parece le dijo como sin darle importancia. El comisario dio un brinco: Es ese... Los puntos suspensivos son fácilmente rellenables. La investigación se centró ya en Emilio Muñoz. Todo coincidía: su empresa había hecho trabajos en La Moraleja; cerca del punto fijado por los secuestradores en Guadalajara vivía su hermano; tenía mujer e hijos; frecuentaba Vallecas, desde donde se hizo una de las llamadas a la familia... Pero la Policía quería más pruebas. Hizo ver al hermano de Emilio la conveniencia de que llamara a su cuñada para sonsacarla. En efecto, Felisa García reconoció a su cuñado que sabía lo que había hecho su marido, pero no quería hablar de ese asunto por teléfono. El 28 de septiembre los agentes de la Brigada de Policía Judicial de Madrid detuvieron a Emilio Muñoz y a su mujer en Pantoja, apenas a un par de kilómetros de donde Anabel Segura fue asesinada. El criminal confesó ya en el coche y explicó dónde estaba el cadáver. Además, a la primera pregunta de los investigadores sobre su amigo dio su nombre, profesión y lugar de residencia. Cándido Ortiz, del que se desconocía hasta entonces su identidad, fue arrestado e igualmente se derrumbó a la primera de cambio. Por su parte, Felisa también admitió que se hizo pasar por Anabel, aunque dijo que fue por miedo a su marido. ¿Por qué lo hicisteis? le preguntó la Policía a Emilio. Y éste, sin inmutarse, respondió con cierta desgana: Fue un negocio que salió mal Se cierra el círculo Cándido Ortiz, uno de los asesinos, asiste esposado al hallazgo del cadáver de Anabel era infernal, no tanto por ese factor ambiental sino porque todos nosotros estábamos absolutamente identificados con la familia Segura y compartíamos su dolor Lo dice alguien que cada tarde, tras el trabajo, visitaba a los padres de Anabel no para nada, sólo para acompañarles La primera decisión fue hacer un estudio de los empleados de todas las empresas que habían trabajado o trabajaban en La Moraleja, ya que se pensaba que los secuestradores, aunque no eran de la zona, sí la conocían. Uno a uno se cribaron todos esos trabajadores. Paralelamente, los secuestradores continuaban con sus llamadas a la familia, que había nombrado como portavoz a Rafael Escuredo, ex presidente de la Junta de Andalucía. Naturalmente éste había pedido pruebas de que Anabel estaba viva, y fue entonces cuando Felisa García, la mujer de Emilio, grabó una cinta en la que se hizo pasar por ella. Los padres, aferrados a la esperanza, creyeron en un principio reconocerla; la Policía supo muy pronto que por desgracia no era la jo- ABC porque los conocían bien y, por tanto, había que investigar a fondo ese entorno. El estudio de la cinta enviada a la familia de Anabel, parte del cual se hizo en Alemania, reveló otro dato de interés. Muy al fondo se oía la voz de unos niños. Por tanto, quien la grabó tenía una vida bastante normalizada. Además, los pinchazos telefónicos demostraban que una de las llamadas de los asesinos se hizo desde una cabina de Vallecas, barrio que se peinó palmo a palmo. A pesar de esos avances, no se veía la luz al final del túnel. Por ello, y tras un estudio a fondo de los pros y de los contras, se decidió divulgar la voz de los secuestradores para pedir la ayuda ciudadana. Pasados unos meses se dio un paso más y el 6 de abril de 1995 España se paralizó para escuchar nuevos pasajes de la cinta con cortes de voz escogidos por los expertos, que fueron emitidos en un programa especial de ¿Quién sabe dónde? en TVE. Las principales cadenas de radio se unieron también a la causa y los emitieron una mañana al Ayuda ciudadana Anabel Segura ven y eso anunciaba que la tragedia era ya inevitable. No obstante, se fijaron dos citas para la entrega del dinero, en la provincia de Guadalajara y en Tarancón (Cuenca) pero los criminales no se presentaron. Si lo hubieran hecho ha- ABC brían sido detenidos, ya que la zona estaba tomada por la Policía, que además disponía de los mejores medios técnicos de entonces. En cualquier caso, esos dos puntos fijados por los asesinos también fueron una pista, ya que si los habían elegido era