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ABC MARTES 14- -8- -2007 40 VICIOS Y VIRTUDES E. Rodríguez Marchante 65 EL CALENTAMIENTO GLOBAL N Juan José Castillo, Martín Berasategui, Juan Mari Arzak y Pedro Subijana, sufriendo con su papel de jurados en San Sebastián EFE La tortilla, orgullo patrio Objeto de culto, cuyo sabor juzgan los mejores cocineros en San Sebastián, la tortilla de patatas despierta también el apetito de la actriz Gwyneth Paltrow, que la convierte incluso en estrella televisiva POR MANUEL DE LA FUENTE No es imprescindible haber sido cocinero (con tres estrellas de la guía Michelín) antes que fraile para saber que España ha dado al mundo dos poderosísimas razones para seguir viviendo y creer no sólo en el más allá, sino hasta en el más acá, dos productos, les digo, de pura, dura y genuina tecnología punta: el jamón pata negra y la tortilla de patatas. La tortilla vale para el roto de un almuerzo, como para el descosido de una cena rápida. La lleva el humilde a su merenderola junto al río, y la lleva el patrón de yate de tres alturas en fiambrera para darle lo suyo a la marinería de postín. En pincho, en bocata, con cebolla, sin ella, la tortilla de patata es como el agua milagrosa de los futbolistas de antaño, aquellos que sudaban la camiseta, que casi todo lo cura. Hoy por hoy, la tortilla sólo tiene un peligro: que alguno de esos Terminator de la gastronomía la meta en el microondas, que es a la tortilla lo que el bate a la foca. Y total, no hay más que echarle huevos y unas patatas. Lo dicho, tecnología punta... punta y encima barata. Por eso, las fiestas veraniegas vienen acompañadas del justo (y necesario) concurso de tortilla de patatas. Ahora, que con un jurado como el de la Semana Grande de San Sebastián es para pensárselo. Porque manda huevos que uno se tire medio día cuajando la tortilla con su mejor humor y su mejor maña y sean Juan Mari Arzak, Pedro Subijana, Martín Berasategi y Juan José Castillo los que juzguen la obra y dicten sentencia. Con estos jueces, como para presentar un recurso de amparo al Constitucional. Tan sabrosa ha debido resultar la cata donostiarra que hay quien, como la actriz Gwyneth Paltrow, se lo ha olido y acaba de anunciar que presentará un programa de cocina española en televisión. Hasta ahí, vale. Pero, Houston de la gastronomía, tenemos un problema, y grave. La muchacha es vegetariana, de anguilas ¿no habrá querido decir angulas? y pescado mayormente. Olvídense de unos callos a la madrileña o un rabo de toro cocinados por la protagonista de Shakespeare enamorado Con que su dietista sí la deje tocar los huevos, ya vamos que chutamos. Paltrow recorrerá la España gastronómica para la tele CHEMA BARROSO o digo yo que eso del calentamiento global sea exclusivamente otro mensaje apocalíptico y vacío de los profetas y agoreros de nuestro tiempo, pero se nos había amenazado con un verano fogoso (en el sentido menos carnal de la palabra) y resulta que ya llevamos comprados cuatro pares de calcetines. Desde que anda Al Gore por ahí con lo del cambio climático ha jarreado como en aquellos abriles de antes, y tal vez ocurra que en el Ártico se esté notando el calorcillo y algún glaciar se derrita como la escena final de un buen melodrama, pero lo que es por aquí, desde Madrid a setecientos kilómetros a la redonda, no se recordaba un verano como éste, donde ha habido días de julio y de agosto en los que la frase más oída ha sido ésa de vengan mantas Tratemos, de todos modos, de no subestimar un problema que podría poner en peligro a los terrícolas (ya el hecho de escribir esta frase suena a ciencia ficción) pero a mi modo de ver debieran los científicos o los ambientalistas afinar más en sus señales de alarma: usted no le puede decir a los ciudadanos que se preparen para el calor sofocante y que luego, durante sus vacaciones, tengan que aprender a jugar al julepe mientras ven llover a través de los cristales del apartamento alquilado. Dígasele mejor a la gente que, o nos preocupamos, o hará mucho calor un año de estos... Con franqueza, ¿cuántas noches de calor, calor, hemos pasado este verano? ¿Quién no recuerda esas torraderas de otros años, antes de lo del calentamiento global, cuando subía la fogatina del asfalto y por las noches había que llevarse el colchón hasta el frigorífico y abrir la puerta de par en par? Parece ser que lo del calentamiento global anunciado para este verano no se ha manifestado, tal y como podría pensarse, en una ola de calor, sino en síntomas mucho más sutiles como el de los topillos de los campos de Castilla o la subida de la leche. Vale. Bien. No se entiende, pero cualquier cosa antes de que te lo expliquen todo otra vez.