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62 40 FOTOBLOG MARTES 14- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Jerome Le Fovillé Diseñador de interiores España dejó de ser el país de fiesta para los extranjeros Reconoce que lo mejor del país es el ambiente y lo peor los sueldos RAQUEL RINCÓN MADRID. Jerome llegó a España en septiembre de 2002 para cumplir uno de sus sueños, montar su propio estudio de decoración, y lo ha conseguido. A pesar de venir del vecino país francés, cuando llegó apenas manejaba el español, por lo que el trabajo le ayudó a integrarse mejor Además, en poco tiempo encontró la solución a sus problemas de idioma al compartir piso con españoles, porque reconoce que son muy abiertos y que en seis meses ya sabía decir lo esencial Ahora admite que aquellos comienzos difíciles han quedado atrás. Es fantástico que lo haya logrado, porque desde pequeño venía de vacaciones a España con mis padres y siempre dije que quería vivir aquí. De España me gusta su ambiente, su tiempo y, sobre todo, su gente. Además, siempre he pensado que hay que cumplir los sueños y nunca hubiera podido juzgar la vida aquí sin pasar esta experiencia Jerome se muestra tan encantado que, si alguien le pregunta si le ha costado adaptarse a las costumbres españolas, lo niega de inmediato con una sonrisa. Salir por la noche con amigos, estar en la calle más que en casa... ¡Claro que no me ha costado adaptarme! Es más fácil para un francés acostumbrarse a España que un español a Francia. Somos más aburridos en Francia Además, Jerome admite entre risas que el francés es un idioma que atrae a los españoles y sobre todo a las españolas Sin embargo, Jerome afirma que en estos años España ha cambiado mucho. Los precios han subido y los sueldos son horribles y antes no te decían nada por hacer fiestas en la calle o fumar en lugares públicos. España ha dejado de ser el país de fiesta para los extranjeros REUTERS Jimmy Carter... y olé El ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, ha aprovechado que hace años dejó atrás las obligaciones de la Casa Blanca para visitar España y conocer de primera mano nuestro instrumento musical por excelencia. Carter estuvo ayer en la localidad toledana de Esquivias, donde recibió de la empresa Guitarras Manuel Rodríguez e Hijos una guitarra española que el ex presidente subastará en febrero para obtener beneficios en favor de la fundación que lleva su nombre y lucha por los derechos humanos. En la imagen, Jimmy Carter sonríe al intentar tocar la guitarra tras escuchar en directo una pieza Fernando Castro Flórez Nostalgias extremeñas E n las inmediaciones de Albuquerque se pueden pisar tramos de la clásica así la llaman, Route 66. Está acotada, conservada como si fuera una calzada romana. He visto a individuos, extasiados, agacharse y tocar el asfalto parcheado con actitud devota. Luego me he reencontrado con algunos de estos mistificadores bailando, encantados de la vida, al ritmo de los Indios Pueblo. Me he pegado una sobredosis de etnicidad y, lo peor de todo, nos ha dado por entrar a cualquier garito donde en la entrada ponga Museum Aquí basta con que aparezca una alpargata o una cabellera sin cráneo para que monten un display proporcio- nal a la ignorancia de los turistas más atolondrados. Baudrillard señaló que nunca es demasiado tarde para resucitar los orígenes. En el país de los lotófagos todo es susceptible de formar parte de la colección museística. La memoria conservada en vitrinas es, en realidad, un sistema comercial que simula plantear una legitimación histórica Los norteamericanos embalsaman todo lo que pueden, lo restauran y, después, presentan los restos auráticos a temperatura constante. Todo, como apunta el profeta del simulacro, es objeto de un segundo nacimiento: actitud propia de multitudes que suman al furor misionero, la es- peranza anabaptista. Hay que bautizar las cosas por segunda vez, sobre todo cuando el original es, descaradamente, una reproducción. Aunque no se puede negar el encanto de Albuquerque, me ha superado tanto culto decorativo al indígena y, además, me ha entrado la paranoia de que podría aparecer un poeta español que da clases en la Universidad de Nuevo México o alguno de sus sicarios, con vocación de palmero, obligándome a que les invite a un gin- tonic o a dos si son pequeños. Caparrós monta una maravillosa salida de la ruta y nos vamos al río Pecos y a Santa Fe, que, realmente, me encanta. Con un par de sombreros de cowboys nos adentramos en las estribaciones de las Montañas Sangre de Cristo y llegamos, en un pispás, a Espanola. Pobres desgraciados, andando por esos mundos sin la ñ Caparrós cree que le he obligado a traerme a Galisteo porque tengo la intención de ir a dar la brasa a Bruce Nauman pero se equivoca; me he dejado llevar por la pulsión de lo originario. El Galisteo verdadero tiene unas murallas que, en las brumas de la infancia, son fabulosas. Un verano se me ocurrió acudir con mis hermanos a recoger tomates a esas tierras y casi palmamos. Las ancianas de luto riguroso eran máquinas perfectamente sincronizadas junto a nosotros que éramos el colmo de la torpeza. Aún me duelen los lomos. Buscamos luego sacar unos cuartos como socorristas de piscina, aunque nos corrieron a gorrazos por ser auténticos forasteros Es lamentable pero cierto: a miles de kilómetros me está entrando un síndrome de extremeñidad que seguramente tendré que tratarme en un recinto adecuado a mi regreso. Mi mente calenturienta me lleva a planificar una expedición con Ibarra, el gran bellotari, para adoctrinar a estos indígenas Necesitamos un mapa de colosales proporciones, un tamboril y cuatro jamones de la dehesa extremeña. Éstos no saben como nos las gastamos.