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ABC MARTES 14- -8- -2007 La guerrilla talibán libera a las dos rehenes surcoreanas Hamid Karzai, presidente afgano 25 EL SUPERFONTANERO DE LA CASA BLANCA Karl Rove se despide sin cumplir su ambición mítica de lograr una mayoría conservadora permanente en la política de Estados Unidos P. RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Producto de una familia como salida de una novela de Dickens y sin título universitario formal, Karl Rove ha demostrado ser un virtuoso autodidacta de la política como ciencia premeditada, donde hay que improvisar muy poco y maquinar bastante. En este sentido, a Rove se le reconoce haber trazado hace casi dos décadas un plan para colocar a George W. Bush en la Casa Blanca que se ha cumplido con creces aunque quizá sin un final feliz a la vista. Desde que se conocieron casualmente en Texas, los dos personajes se han llevado mutuamente de la mano en su singladura política. Pero la salida de Rove era inevitable por una combinación de desgaste y carencia de nuevos retos electorales por la limitación de mandatos presidenciales. Aunque se supone que la figura del estratega electoral debe operar desde el más estricto de los anonimatos, Karl Rove se ha convertido en sus seis años y medio en la Casa Blanca en una figura de proporciones casi míticas para bien y para mal, famoso y polarizador, admirado pero también repudiado. Con unas credenciales rubricadas con la reelección del presidente Bush para un segundo mandato pero empañadas con la derrota de los republicanos en los últimos comicios parlamentarios. Con aspecto de querubín pese a sus 56 años, y de estudiante empollón, tal y como le llama Bush, Karl Rove ha sido durante su etapa en Washington objeto de especulaciones sin fin. Una fascinación cimentada en el hecho de que Rove aconsejaba al presidente Bush sobre toda cuestión relacionada con política y opinión publica. Lo que en la Casa Blanca supone aconsejar sobre casi todo. En su papel de canal de Panamá por donde casi obligatoriamente todo tiene que pasar, las teorías conspirativas tan abundantes en Washington le han atribuido una miríada de manejos, tretas y montajes. La especialidad de Rove ha sido la organización electoral, la búsqueda de votos y plantear toda una serie de debates políticos en términos favora- Florentino Portero REALISMO DEMÓCRATA esde esta columna hemos prestado especial atención a la posición militante del Partido Demócrata norteamericano de abandonar cuanto antes Irak. No hemos ahorrado críticas a una actitud que, en el mejor de los casos, nos parecía irresponsable. La reflexión parece que ha sido compartida. The New York Times el más influyente de los periódicos demócratas y adalid de la candidatura de la senadora Clinton, reconoce en un largo y medido artículo que se ha producido una divergencia entre los líderes en el Congreso, Pelosi y Reid, y los candidatos a presidente. A la prudencia mantenida por la citada senadora se están sumando los restantes candidatos. Si hasta la fecha el argumento era que había que retirarse cuanto antes porque Estados Unidos nada tenía que ver con una guerra civil entre suníes y chiíes, ahora resulta que EE. UU. no puede quedarse de brazos cruzados ante un genocidio suní a manos de los chiíes y que un contingente militar deberá permanecer en aquellas tierras para vigilar la evolución de la situación tanto en el Kurdistán como en Irán. El súbito cambio de posición carece de lógica estratégica. Nada ha acontecido en la vieja Mesopotamia para revisar argumentos. De nuevo nos encontramos con un partido que actúa en función de las expectativas electorales. Una cosa es ganar las primarias y otra distinta vencer al candidato republicano. La campaña liderada en las anteriores elecciones por Pelosi y Reid capitalizó el sentimiento de frustración de los norteamericanos por la evolución de un conflicto mal dirigido desde el Pentágono, pero en ningún momento supuso el respaldo a una visión alternativa que, de hecho, no existía. Los sondeos manifiestan el descontento popular con el Congreso y las frivolidades de los candidatos demócratas en materia de seguridad. De ahí que éstos se sumen al realismo de la senadora Clinton y reconozcan lo obvio: que en Irak sólo hay dos opciones, la victoria o la derrota frente al islamismo. D Karl Rove, a su llegada ayer a Texas bles para los republicanos. Con sueños reconocidos pero frustrados de otorgar al Partido Republicano una mayoría sólida y duradera en Estados Unidos, utilizando como modelo y fuente de inspiración la presidencia de William McKinley a finales del siglo XIX. Por eso en su despacho del Ala Oeste de la Casa Blanca, figuraba en un lugar prominente una foto del presidente Bush, rubricada y con la inscripción: A Karl, el hombre del plan Durante estos años, Karl Rove también se ha ganado fama de utilizar estrategias de ataque despiadadas y preventivas, como las desplegadas en el 2004 contra el senador Kerry, AFP Su personalidad ilustra cómo la acción de gobierno se ha convertido en una campaña permanente al que se presentó como un elitista de izquierda, dubitativo y fuera de sintonía con la América real. La otra herramienta de trabajo de Rove han sido los números, los sondeos y las encuestas de intención de voto. Con fama de manejar datos y cifras a nivel de condado. Conocido por sus bromas, su adicción al correo electrónico y su pasión por la historia política de Estados Unidos, se presentó en Washington con una mudanza que contenía más de 150 cajas de libros. Pero a pesar de tanta erudición, a él le gusta decir que dirige todas sus campañas electorales como si la gente estuviera viendo la televisión sin sonido La baja más relevante del equipo de Texas dentro de un éxodo imparable de altos cargos P. R. WASHINGTON. Ante el cansancio de seis años y medio en la Casa Blanca, y la oportunidad de empezar a rentabilizar toda esa experiencia en el sector privado, la cúpula de la Administración Bush ha sufrido durante las últimos meses un éxodo sostenido de dimisiones del que no se ha librado el grupo de ayudantes de confianza que el presidente Bush se trajo de Texas. La situación ha llegado hasta un nivel en el que jefe del Gabinete de la Casa Blanca, Joshua Bolten, se ha visto obligado a llamar al orden a los altos cargos del Gobierno de Estados Unidos. Con la insistencia de que aquellos que retengan sus puestos después del Día del Trabajo (3 de septiembre) quedan comprometidos a servir hasta el final del mandato del presidente Bush previsto para enero del 2008. En esta sangría de personal figura el asesor político Dan Barlett, el director presupuestario Rob Portman, la letrada jefe de la Casa Blanca, Harriet Miers, la directora de Asuntos Políticos, Sara Taylor y los asesores de seguridad nacional J. D. Crouch y Meghan O Sullivan. Como consecuencia de presiones políticas, Bush también se ha visto obligado a aceptar la dimisión de su secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Además de dos cambios de secretario de Prensa, Bush ha sufrido también el alejamiento de personas de máxima confianza y amigos como el ex ministro Don Evans, el antiguo jefe de Gabinete Andrew Card y su asesora Karen Hughes, ahora dedicada a tareas de relaciones publicas en el Departamento de Estado. Del grupo de Texas, Karl Rove ha resultado ser el más longevo a la hora de trabajar directamente con el presidente George W. Bush. Todo este cúmulo de bajas en cadena también refleja el carácter excepcional de esta Casa Blanca sin proyección de futuro, ya que el vicepresidente Cheney ha descartado entrar en el pulso político para determinar quién será el próximo nominado presidencial del Partido Republicano. Circunstancia que complica la retención de personal.