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ABC MARTES 14 s 8 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LETICIA, PELIGRO PÚBLICO N la cesárea Francia de Mitterrand se desató un escándalo de grandes proporciones cuando se descubrió que los servicios secretos espiaban, entre otras personalidades, a la actriz Carole Laure, cuya belleza longilínea era del todo peligrosa para cualquier mortal masculino, pero no en apariencia para los intereses de la República. No había que ser un lince para sospechar en las escuchas un interés entre morboso y cotilla, tras el que se escondía el rumor de que en los ojos gatunos de la diva se espejaba el mismísimo presidente, viejo zorro hieIGNACIO rático que las mataba caCAMACHO llando. Esa misma, o similar, maliciosa suspicacia asoma ahora en España bajo la estupefaciente revelación- -por una agente despechada- -de que el CNI tenía entre sus objetivos a Leticia- -con c, por favor- -Sabater, cuya capacidad de desestabilización del Estado se antoja inversamente proporcional al volumen de sus implantes de silicona... y al destilado intelectual de sus sistemas neuronales. El ciudadano común se prende de inmediato por la chismosa imaginación de un trajín de alcoba en altas esferas, atisbado por los funcionarios del espionaje con el malsano celo burocrático del protagonista de La vida de los otros en busca de munición de alto voltaje erótico con la que proveer las alcantarillas de la política. Pero he aquí que la neumática presentadora se relacionaba en la época de autos con un empresario asturiano, apodado Morgan cuyo papel en la arquitectura de la defensa nacional no acaba de resultar descifrable. Acaso se tratase del mote el resorte que estimulaba a los mortadelos un tío al que llaman Morgan tiene que ser, por definición, sospechoso de algo. Aunque sea de beneficiarse a Leticia Sabater, que ya tiene delito... de lesa envidia. El caso es que nuestra presunta inteligencia gasta sus caudales, que son los de todos, en fisgonear la vida privada de ciudadanos perfectamente incapaces de conspirar contra la seguridad nacional, acumulando gratuitamente archivos de orgasmos y grabaciones propias de línea caliente. Si Leticia Sabater es una fatal Mata Hari susceptible de desestabilizar algo más que los músculos pubococígeos de alguien, tenemos derecho a saberlo, más que nada para replantearnos los prejuicios acumulados sobre su cándida banalidad curvilínea. Y si no lo es, alguien tiene que dar una explicación coherente sobre el seguimiento para que no nos alarme la zozobra de pensar que, como dice la perspicaz Rosa Belmonte, hay un chiflado al timón con la gorra puesta del revés. Claro que ésta es una hipótesis perfectamente verosímil: en un país en que las autoridades catalanas rinden honores de mártir nacionalista a un ex cura trabucaire devenido en pobre orate suicida, y en el que el propio presidente sostiene que la nación que gobierna es un concepto discutido y discutible resulta plausible que los servicios secretos consideren a una starlette macizorra un posible peligro público. Explosiva, desde luego, sí es la chica, pero no parece activable con un mando a distancia. E VERANO HIPOTECADO CON ALTO RIESGO U NA tecno- burbuja agitó los mares bursátiles justo a inicios de siglo. Ahora provocan la marejada las hipotecas de alto riesgo que las familias norteamericanas contrataron y no pueden pagar. Caen las piezas del dominó en los mercados globales y tiembla la Bolsa, tan sensible al temor y al pánico, mientras los Bancos Centrales inyectan liquidez en los mercados de crédito. A quienes no sabemos nada de economía nos intrigan los motivos que llevan a contratar hipotecas de tan alto riesgo con elevados tipos de interés que con casi toda seguridad uno no va a poder estar pagando durante mucho tiempo. La respuesta que dan algunos psicólogos es que la capacidad seductora de estas hipotecas de alto riesgo puestas en el mercado norteamericano se mantiene a pesar de unas condiciones financieras tan desventajosas porque se aprovechan de un peligroso punto ciego del cerebro humano. Emocionalmente, tendemos a sobrevalorar las ganancias inmediatas- -esa casa fabulosa que queríamos comprar- -dejando en segundo plano sus costes futuros, ese alto riesgo hipotecario y la posibilidad de arruinarVALENTÍ se. Es como creerse que comprando a lo PUIG loco con tarjeta de crédito al final uno no tiene que pagar. Las familias americanas han firmado la hipoteca de alto riesgo porque pagar tanto durante tanto tiempo es un horizonte inconcreto y difuminado, por contraste con lo deslumbrante que es el objetivo- -la casa- -conseguida a corto plazo, con sólo firmar la hipoteca. Un experimento- -véase The frontal cortex en Internet- -ha consistido en someter a dos grupos de estudiantes a un sofisticado sistema de resonancia magnética cerebral: la oferta era un lote de libros a disponer en seguida u otro lote, más nutrido, pero a disponer en tres o cuatro semanas. La elección, en cada caso, activaba sistemas neuronales distintos. Para el lote cuantioso pero a más largo plazo, actuaban las áreas del cerebro vinculadas a la planificación racional, reclamando paciencia a la espera de la recompensa mayor. En cambio, en el otro caso, las áreas cerebrales activa- das correspondían a la emoción. Ese es el mismo proceso por el que se llega a la decisión de firmar una hipoteca de tan alto riesgo, como ha ocurrido masivamente en el mercado inmobiliario de los Estados Unidos. Es oportuno invocar la fábula de la cigarra y la hormiga. Como dicen los psicólogos, ha intervenido la parte hedonista de nuestro cerebro: la decisión emocional se deja llevar por la idea de que la vida es corta y hay que vivirla al día. Pan para hoy, hambre para mañana. El dispositivo racional calcula en términos de futuro. En fin: la hormiga apuesta por el fondo de pensiones. Accesoriamente se cita un estudio que se hizo en Harvard en los años ochenta, con estudiantes de empresariales. Se les daba un paquete de acciones y se les dividía en dos grupos: de una parte, los que tendrían noticias de las cotizaciones pero sin ninguna información adicional; de otra, el grupo de los que, además de conocer las vicisitudes concretas del mercado, accederían a prensa especializada e información de televisión sobre Bolsa. Es decir, unos estudiantes conocían los movimientos del mercado pero sin explicaciones sobre el porqué; los otros, tenían a su alcance todos los análisis del porqué. Sucedió algo sorprendente e inesperado porque las operaciones bursátiles de los que en apariencia estaban menos informados fueron de más éxito que las de los estudiantes ampliamente informados. La conclusión fue que recibir datos en exceso, más allá de lo estrictamente bursátil, distraía respecto al objetivo. Los rumores y la información tangencial o anecdótica alejaban de la concentración necesaria en lo fundamental: calcular sobre las subidas y bajadas de las cotizaciones. En la economía global estamos en la fase del aleteo de un pájaro tropical que provoca un alud de nieve en las cumbres alpinas. La contratación de hipotecas de alto riesgo- -un producto dudosamente empaquetado- -en la bahía de San Francisco está quitando el sueño a los bancos centrales y a millones de pequeños inversores en Bolsa. El crédito se retrae, entramos en la desconfianza. Si es que las cosas no van a peor y se avecina un colapso, por lo menos estaremos un tiempo viendo tan solo la botella medio vacía. vpuig abc. es