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4 OPINIÓN MARTES 14 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LIBERTAD DE CONCIENCIA EN EGIPTO A tolerancia es una de las características más destacadas de una sociedad moderna, y especialmente la libertad religiosa constituye un principio fundamental para preservar la convivencia. Aunque cada cual pueda pensar que una determinada creencia es verdadera y estar seguro de que está rezando al verdadero dios, imponerlo a los demás- -y mucho menos por la fuerza- -le convierte en un dictador, en un tirano de la conciencia ajena. En muchas sociedades musulmanas se mantiene sin embargo una situación intolerable desde este punto de vista, y las decisiones individuales de carácter religioso son inaceptables, no sólo rechazadas socialmente, sino atacadas con violencia. El caso del egipcio Mohamed Higazi, a quien se le niega el reconocimiento de su condición religiosa (cristiana) es el último de los ejemplos que ha salido a la superficie y que inevitablemente invita a una reflexión sobre las características de las sociedades que perpetran este tipo de abusos. El de Egipto es un caso claro, puesto que la ley reconoce la libertad religiosa, y en cuanto a las autoridades encargadas de hacerla cumplir, son consideradas como moderadas o incluso pro- occidentales, sobre todo si se comparan con los integristas que intentan apoderarse del poder. Nada de eso impide que en los hechos se produzca un ambiente de opresión insoportable para cualquiera que intente expresar un pensamiento libre en materia de conciencia. Algo parecido sucedió recientemente en Afganistán, donde el año pasado un converso al cristianismo escapó por los pelos a la pena de muerte después de que, en un gesto de benevolencia las autoridades del presidente Karzai aceptaron considerarlo un demente. Durante muchos años, las sociedades libres han sido capaces de imponer criterios firmes sobre asuntos de conciencia universal (la esclavitud, la discriminación racial, etcétera) que todo el mundo compartió y que suscitaron un acuerdo universal. Sin embargo, en las sociedades libres, donde por fortuna reina la tolerancia, resulta muy fácil que otros comportamientos intolerables hacia la libertad personal se enmascaren y reciban la protección de los principios de los que reniegan. A nosotros se nos hace intolerable el pensamiento de que en Occidente se pudiera perseguir a alguien por sus ideas religiosas, pero no encontramos fórmulas para condenar lo que hacen otros en contra de estos mismos principios, porque nos parece que estaríamos violando los nuestros. La respuesta es sin embargo muy simple: no podemos ser tolerantes con los intolerantes. Para poder merecer la protección de los principios universales de libertad de conciencia, hay que aceptar respetarlos a su vez. De otro modo se impondrán siempre los defensores del salvajismo medieval y oscurantista que de una manera u otra acaban de demostrar que son quienes mueven los hilos profundos de la sociedad egipcia. L ZAPATERO CAMBIA DE TÁCTICA UNCA llueve a gusto de todos en el PSOE. Desde el principio de la legislatura, Zapatero ha tenido que soportar las críticas- -a veces muy explícitas- -de algunos clásicos de su partido como Guerra, Leguina, Rodríguez Ibarra, Vázquez o el propio Felipe González. Ahora los que expresan su desacuerdo con el presidente del Gobierno son algunos socialistas vascos y navarros, así como Pasqual Maragall, que ha vuelto por un momento al primer plano de la actualidad para demostrar que sigue respirando por la herida del Estatuto. El ex presidente de la Generalitat se lamenta ahora de que Zapatero, su antiguo aliado, esté a la defensiva y se sienta acomplejado ante el PP El secreto a voces de la discrepancia es el cambio de rumbo que La Moncloa y Ferraz han imprimido a la política territorial, haciendo ahora gala de una españolidad obviada durante los últimos tres años y que sería digna de elogio a no ser por la enorme carga electoralista, y por tanto interesada, que conlleva el meditado cambio estratégico. Desde que ETA reventó la legislatura al anunciar el fin de la tregua, el sedicente proceso de paz agotó sus posibilidades, si es que alguna vez las tuvo. Con un evidente oportunismo, Zapatero se ha olvidado de las supuestas virtudes pacificadoras de De Juana y de Otegi, y ha puesto en marcha una operación de imagen basada en un enfoque españolista Incluso José Bono- -nostálgico de tiempos mejores- -se ha prestado a dar otra vez su apoyo al proyecto de su jefe y a la vez rival. Por razones tácticas, el PSOE ha renunciado a gobernar en Navarra con los nacionalistas, asumiendo el coste de una fuerte crisis en el seno del PSN. Es evidente que el Ejecutivo prodiga gestos de naturaleza electoralista desde hace algún tiempo, como el anuncio de los 2.500 euros por hijo y la puesta en marcha de la Ley de Dependencia. Pero sobre todo ahora pone énfasis en una aparente defensa de la España constitucional, sabiendo que cuenta en ese punto con el apoyo de una gran mayoría. Además de N ser contradictoria con la visión que ha prevalecido durante años, la nueva apuesta del PSOE no está exenta de riesgos. Zapatero intentó poner en marcha una alianza social- nacionalista, incluyendo elementos radicales y partidos antisistema como ERC. Precisamente los republicanos catalanes han advertido ya que no están dispuestos a apoyar la próxima Ley de Presupuestos, mientras desde IU Gaspar Llamazares lanza también mensajes en el sentido de que no será fácil que el Gobierno cuente con ellos. En este contexto, el resto de la legislatura se convertirá en un periodo de inestabilidad muy perjudicial para el conjunto de la sociedad española. Es probable que Zapatero no se atreva a anticipar las elecciones. En todo caso, es seguro que si aguanta hasta el final nadie va a prestar atención a los problemas reales de los ciudadanos. Nos esperan ocho largos meses de maniobras al servicio del poder que amenazan con paralizar al país sin beneficio alguno para el interés general. Mantener abiertos el Congreso de los Diputados y el Senado durante el próximo periodo de sesiones resulta perfectamente superfluo a la vista de un programa legislativo que sólo incluye leyes de puro trámite o bien cuestiones polémicas que sería mejor arrinconar, como la Ley de la Memoria Histórica. El giro de Zapatero huele a pura maniobra política. De hecho, todo apunta a que no se trata de un humilde reconocimiento de su error o de una rectificación en toda regla, sino que parece una táctica para sacar adelante como sea un proceso electoral incierto y de dejar sin discurso a la oposición. Vistos los antecedentes y las convicciones de que Zapatero ha hecho gala durante la legislatura, si llegara a gobernar de nuevo tras las elecciones, no es descartable que reaparezcan las aventuras territoriales y que tratara de reconducir el proceso de paz Zapatero ha vinculado su figura política con una llamada España plural que encubre una modificación sustancial del modelo territorial establecido por la Constitución. Lo de ahora, simplemente, rezuma conveniencia. UN RESPIRO PARA LOS MERCADOS OS Bancos Centrales volvieron a intervenir ayer con sustanciosas inyecciones de dinero- -ofreciendo en el interbancario fondos líquidos a un día al cuatro por ciento- -para apuntalar así la estrategia global de garantizar la liquidez en el sistema y llevar cierta tranquilidad a los mercados tras la crisis generada como consecuencia de la negativa evolución de las hipotecas de alto riesgo. El BCE adjudicó algo menos de 50.000 millones de euros, la mitad que el pasado jueves y tres cuartas partes de la cifra del pasado viernes. Esta decisión ha vuelto a sosegar a los mercados monetarios, que no dieron sensación de estrechez o escasez, aunque sí de selectividad porque ya no se presta dinero a cualquiera: los bancos tendrán que cuidar su reputación y exhibir las mejores credenciales de transparencia y solvencia. El interbancario, las operaciones de financiación entre bancos, funcionó con normalidad, aunque no se han disipado los recelos y las cautelas entre sus protagonistas, inquietos mientras no se conozca con detalle quiénes han asumido los riesgos hipotecarios dudosos, y a cuánto ascienden esos riesgos. No se trata sólo de los impagados hipotecarios, sino también de la suerte de los productos derivados de los mismos, emitidos como fórmula de garantía o aseguramiento y distribuidos por todo el sistema financiero internacional. Por eso, no debe extrañar que hayan sido bancos serios de Francia y Alemania los primeros en reconocer que algunas de sus inversiones, más bien inversiones de sus clientes, esta- L ban comprometidas. En ese contexto, el comportamiento de los inversores en las Bolsas de valores ayer fue de confianza, con predominio de las posiciones compradoras, aunque con un volumen de negocio moderado. No en vano, ésta es una de las semanas menos activas, especialmente en Europa, desde el punto de vista económico. Quienes auguraban una catástrofe bursátil y anunciaban cambios de tendencia e inmediatos males por llegar no han acertado. La volatilidad de los mercados es un hecho, pero ello no conduce a un derrumbe o a la huida acelerada de cualquier riesgo. La volatilidad va a durar y los riesgos van parejos a las oportunidades. Pero ese comportamiento no significa que ésta sea una crisis irrelevante. Ni mucho menos. Estamos ante una crisis crediticia de dimensión y consecuencias que están aún por ver. Han sido muchos años, casi una década, de facilidades crediticias extraordinarias, de nulo o muy bajo coste real del dinero, que han propiciado un crecimiento económico sostenido, pero que no van exentos de excesos y de errores de juicio en el análisis y valoración de los riesgos. Además de los quebrantos originados en el sector inmobiliario, habrá que estar atentos al desenlace de operaciones corporativas demasiado atrevidas, alentadas desde una situación de gran liquidez pero que se ponen cuesta arriba en un entorno menos propicio a la deuda. Por ahora, todo indica que la crisis crediticia se está empezando a gestionar con seriedad, pero es pronto para pensar que está resuelta.