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ABC LUNES 13- -8- -2007 TOROS www. abc. es toros 71 José Tomás encandila y El Cid sobrecoge EL PUERTO Plaza de toros de El Puerto de Santa María. Domingo, 12 de agosto de 2007. Lleno de no hay billetes Toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de presentación y de escaso juego. Destacaron el 1 aunque sin fuerzas, y el manejable 5 Finito de Córdoba, de marino y oro. Media estocada (ovación tras petición) En el cuarto, pinchazo y media contraria (pitos) José Tomás, de lila y oro. Media estocada (oreja) En el quinto, dos pinchazos, estocada tendida y cinco descabellos. Aviso (ovación) El Cid, de malva y oro. Pinchazo y estocada (oreja) En el sexto, estocada trasera y cuatro descabellos. Aviso (ovación) Salvador Vega explica cómo malograr un gran triunfo con la espada HUESCA Plaza de toros de Huesca. Domingo, 12 de agosto de 2007. Tercera de feria. Lleno. Cuatro toros de Martín Lorca, uno de Escribano Martín (4 y un sobrero de Manuel Ángel Millares (3 correctos de presentación y deslucidos. El Juli, de azul y oro. Pinchazo y estocada (silencio) En el cuarto, pinchazo, estocada y descabello (silencio) Salvador Vega, de turquesa y oro. Media estocada (ovación tras petición) En el quinto, tres pinchazos y dos descabellos. Aviso (vuelta al ruedo) José María Manzanares, de azul marino y oro. Estocada (aplausos) En el sexto, estocada desprendida (aplausos) FERNANDO CARRASCO EL PUERTO (CÁDIZ) La tomatosis llegó a El Puerto de Santa María. Llenazo extraordinario y ambiente de lujo. Todo eso y más se desató cuando se rompió el paseíllo y la plaza, puesta en pie, obsequió con una atronadora ovación a José Tomás. La gente quiere verlo y como además se queda quieto, pues miel sobre hojuelas. Pero no le fue a la zaga El Cid, que ayer dio una lección de pundonor y raza torera como pocas veces se ve, sobre todo al jugársela ante el peligrosísimo tercero de la tarde. Finito tuvo un primer toro tan noble como con pocas fuerzas. Lo cuidó el cordobés, que sin obligarle fue yendo a más en el trasteo y cuajó varias series con la diestra llenas de empaque y solemnidad. Es torero de gustarse cuando tiene material y, así, embarcó las embestidas y dejó sobre el ruedo un ramillete de redondos extraordinarios, en los que bajó la mano, sobre todo al final de la faena. Las trincherillas que precedieron a la media estocada, de lo mejor. Se antojó pobre el resultado de la ovación. El cuarto no era un toro claro y Finito, precavido, lo probó en varias ocasiones pero sin convencimiento alguno. Se ganó una pitada. José Tomás se quedó muy quieto en los lances de recibo a su primero, algunos de los cuales salieron enganchados. Puso a la plaza en pie en un quite por gaoneras y se esforzó en sacar partido a un toro soso que iba y venía pero sin decir nada del otro mundo y que claudicaba a las primeras de cambio. Estoico el de Galapagar, lo intentó por ambos pitones y dejó algunos muletazos, pero allí fal- José Tomás puso la plaza boca abajo en su regreso a El Puerto de Santa María taba chispa y, sobre todo, vibración. Pero la tomatosis alcanzó grado sumo en las manoletinas postreras y en la media estocada. Una oreja justita. Sobrecogió en un quite por chicuelinas espeluznante al quinto, donde ni se inmutó y se olió la voltereta. A partir de ahí, el madrileño se vino arriba y, esta vez sí, apareció el José Tomás impávido, pero también el que tira de los toros y los embarca. Le molestó el viento en el inicio de faena, pero fue poco a poco haciéndose con su J. C. CORCHADO ALBERTO FARICLE Barcelona: oreja para Barrera en su reaparición y para Paulita, que cae herido Antonio Barrera cortó una oreja en su reaparición en la Monumental de Barcelona y perdió otra con la espada. Un trofeo se llevó también Paulita, que resultó herido de pronóstico menos grave en el escroto. Se lidiaron toros de Carlos Charro y Juan Pérez Tabernero. Barrera (en la imagen) vuelta, silencio y oreja. Paulita, oreja en el único que mató. El Capea, silencio y saludos. enemigo. Tres series diestras llevando muy toreado al de Cuvillo, siempre ligando y sin enmendar la posición. Ahí estuvo realmente bien. Lo mismo que en una serie final a izquierdas, donde los naturales alcanzaron cotas extraordinarias. Se sentía a gusto, lo reflejaba su rostro y lo disfrutaba la plaza, que se vino literalmente abajo. Pinchó hasta en dos ocasiones antes de enterrar el acero. Con el verduguillo, de espanto. Un jabato estuvo hecho El Cid ante su primero, un marrajo con aviesas intenciones que puso a prueba al sevillano, que atacó desde el principio en una faena de coraje, garra y pundonor. Aguantó andares, miradas, coladas, quedadas debajo de la taleguilla... un compendio de condiciones para quitar a cualquiera de esto. Pero no a El Cid, que siguió en su empeño y le sacó un partido que parecía poco menos que imposible. Sobre todo en unos circulares invertidos que enlazó con naturales largos y profundos. Estuvo realmente bien, en figura. Qué pena que no entrase la espada a la primera, porque fue clara faena de dos orejas de las que se cortan en Sevilla o en Madrid. No era fácil el sexto, que se quedaba descolocado al final de cada pase e incluso le dio un susto. Pero Manuel Jesús lo pulseó a la perfección y el toreo al natural alcanzó cotas muy altas. Se fue quedando corto. De nuevo firme y dando una lección de pundonor. Vamos, que se llevó la tarde de calle. ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD HUESCA. Salvador Vega estuvo por encima del segundo de la tarde, al que robó muletazos de mérito. De uno en uno, muy metido con un toro reticente a embestir, el malagueño compuso una labor que fue a más. Que el presidente no le concediera la oreja que le pidieron motivó más al torero, que ante el quinto salió a por todas y se lo comió. Se sobrepuso al de Martín Lorca, al que toreó con gusto sobre la mano derecha y en los muletazos con la zurda que le permitió la poca codicia del astado. Lo importante llegó cuando el torero se colocó en terrenos del animal dispuesto a todo, hasta exprimirlo. Con el público encandilado y cuando todo apuntaba a un triunfo grande, la espada emborronó una excelente obra. Con el estoque y el descabello estuvo como un principiante, y no tiene las cosas este torero como para ir dando lecciones de cómo se malogran grandes triunfos. El inválido tercero se fue para los corrales y el sobrero llevó el mismo camino. El tercero tris, de Manuel Ángel Millares, por lo menos no se plegó, aunque tampoco ofreció demasiadas posibilidades a un Manzanares dispuesto. El toro se quedaba corto y sabía, además, lo que se dejaba atrás. El torero porfió con afán de justificarse y lo consiguió. El sexto topaba más que embestía y Manzanares volvió a entregarse. Lo pasó con ambas manos sin regatear esfuerzos. El Juli, con dos toros que fueron dos marmolillos, no tuvo la mínima opción de triunfo.