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62 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS LUNES 13- -8- -2007 ABC Ópera Rossini: Il viaggio a Reims Int. Cantantes de la academia, coro y orquesta del Teatro Marinskii. Dir. escena: A. Maratrat. Dir. musical: V. Gergiev. Lugar: Auditorio de El Escorial. Fecha: 11- VIII Comedia y ceremonia ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Rossini jamás pensó que Il viaggio a Reims pudiera ser una obra útil. Quiso destruirla tras integrarla entre una serie de pièces de circonstance escritas en homenaje a Carlos X, rey de Francia. Sin embargo, su estreno en España en 2000, dieciséis años después de su recuperación en Pésaro, fue todo un acontecimiento que ayudó a confirmar el actual y saludable estado de la cuestión operística en España. En estos años Il viaggio se ha repetido con gran éxito en diversas ocasiones y lugares hasta llegar ahora al Auditorio de El Escorial de la mano del Teatro Marinskii de San Petersburgo con Valery Gergiev al frente. Rossini es popular, Gergiev uno de los grandes de la dirección orquestal (aquí también dirige Tosca y dos conciertos) y aun así apenas trasciende el acontecimiento. Y mientras, los carteles del Papitour que casi al tiempo retumbaba en la lonja del monasterio, forran el pueblo y alrededores... Lo mejor es que este Viaggio ha tenido su miga y ha entusiasmado a quienes lo disfrutaron. Se sustenta en el trabajo de jóvenes cantantes de la academia del Marinskii acoplados a una docena de papeles protagonistas que desentrañan el difícil y equilibrístico canto rossiniano. Recuérdese a Alexei Tanovitski, un bajo con anchura; a Larissa Yudina, soprano con planta, de voz segura y acrobática; a Anastassia Kalagina, punzante, siempre a mejor, o a Irma Gigolashvili, tan simpática embutida en un traje nube con iluminación autónoma que paseó entre los espectadores. A todos se les vio de cerca pues la producción del Marinskii y el Théâtre du Châtelet convierte el auditorio en escenario, coloca dos grandes pantallas al frente y pone a la orquesta sobre la escena. Cuestión bien resuelta gracias a la intervención de alguien como Gergiev, capaz de desmitificar a Rossini y hacerlo llano, de acompañar con finura y apaciguar cualquier pretensión orquestal. El sexteto inicial y, luego, el concertante a 14 partes en la ceremonia de cierre dieron la clave. Liza Minnelli saluda al público madrileño al comienzo de su concierto de anoche en el Conde Duque IGNACIO GIL Liza Minnelli Liza is a cabaret JULIO BRAVO an pasado más de tres décadas desde que Liza Minnelli ofreciera el que hasta ahora había sido su único concierto en Madrid. Fue en 1973, en el teatro Monumental, y la artista estadounidense no había vuelto a dejarse ver por la capital. Por eso había ambiente de acontecimiento- -y lleno absoluto, claro- -en el patio del Conde Duque. Y por eso Liza Minnelli recibió una lluvia de aplausos- -un chaparrón, más bien- -cuando entró en el escenario. La tormenta de ovaciones continuó durante las más de dos horas de concierto, en las que la actriz y cantante derrochó energía, olvidó sus confesados achaques (tiene 61 años y un cuerpo muy machacado por los excesos) y demostró que artistas de su talla y de su clase pueden, li- H Emoción es la palabra que mejor define el concierto. Quien esperara a una Liza Minnelli decadente se encontró con una artista esplendorosa, llena de energía, vibrante, generosa y contagiosa teralmente, contarse con los dedos de una mano. Con un aspecto espléndido, aunque algo acelerada, apareció Liza Minnelli, que no tardó ni dos segundos en ganarse al público- -que estaba también, todo hay que decirlo, muy por la labor- y entre el que se encontraban desde Pedro Almodóvar a Lina Morgan, pasando por Javier Cámara, Concha Velasco, Marisa Paredes o Paco Valladares. Una banda- ¡qué banda! -de doce músicos liderada por Billy fue su único acompañamiento durante la primera parte del concierto, dedicada al repertorio más habitual de la artista, con canciones como Old friend Our love is here to stay What did I have that I don t have y, naturalmente, tres temas de su musical fetiche, Cabaret So what Maybe this time y Cabaret A Kay Thompson, madrina de la artista (y también cantante, compositora, escritora y actriz) está dedicada la segunda parte, donde sale a relucir el genuino sabor americano y donde el espíritu de Broadway im- pregna el escenario. Un cuarteto vocal masculino- -que parece sacado de una película americana de los años cincuenta- -arropa a la cantante, que viaja por canciones como Jubilee time Hello, hello Clap your hands antes de cerrar el concierto oficial como no podía ser de otra manera, con New York, New York (una joya en su garganta) Luego vendrían I ll be seeing you que cantó a capella, y I can t give you anything but love a dúo con Fue, sin duda, un concierto mágico, repleto de emoción. Esa es la palabra que mejor define este concierto. Quien esperara a una Liza Minnelli decadente se encontró con una artista esplendorosa, llena de energía, vibrante, generosa y contagiosa, además de orgullosa de sus piernas, que lució sin complejos (porque no ha de tenerlos) en toda la segunda parte. Su voz sigue siendo poderosa, magnética, volcánica, y sobre la escena desprende una luz que muy pocas veces se puede encontrar en un escenario hoy en día. Una estrella, una grandísima estrella.