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4 OPINIÓN LUNES 13 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro FACTORES DEL CAMBIO CLIMÁTICO ERECE una seria reflexión la información publicada por ABC acerca del estudio sobre el cambio climático elaborado por una prestigiosa institución del Reino Unido. Un nuevo modelo científico para medir los efectos de dicho cambio anuncia un calor sofocante a partir de 2009. El verano actual está ofreciendo ya fenómenos excepcionales, entre ellos, temperaturas asfixiantes en el este de Europa, deshielo en el Ártico o inundaciones extraordinarias en Inglaterra. Así como los monzones que están asolando otras zonas de la tierra. Si bien las consecuencias son similares a las predicciones de otros estudios, es muy llamativo el planteamiento que hacen los científicos de Exeter sobre las causas del problema. Nos hemos acostumbrado a una explicación unilateral de los fenómenos ecológicos culpando de todos los males al factor humano. Cierto fundamentalismo ecologista, aliado con posiciones políticas anticapitalistas, ha convertido a las empresas multinacionales, a las emisiones de CO 2 y, en general, a los gases de efectos invernadero en responsables únicos de la destrucción del planeta. No es éste el mejor camino para la llamada teoría política verde El necesario toque de atención sobre un problema de interés universal pierde buena parte de su eficacia si se convierte en la expresión de un radicalismo con escaso eco en la opinión pública. El estudio referido pone el énfasis en el factor natural del cambio climático. Los seres humanos exageramos a veces nuestra capacidad para determinar los acontecimientos que afectan a la naturaleza. Es probable que determinados hechos no puedan ser alterados por la voluntad del hombre, sino que obedezcan a elementos que se sitúan más allá del eventual control político de las emisiones que contaminan el aire y los océanos. Hay dudas entre los científicos más prestigiosos acerca del supuesto carácter irreversible de una situación que se agrava por momentos. Queda claro, por tanto, que los Gobiernos deben prestar atención muy seria a estos asuntos, aunque sólo sea por su propio interés. En el caso de los océanos, podría producirse una alteración de las grandes rutas del transporte marítimo mundial y de la explotación de los recursos marinos. Este último tema- -que la comunidad internacional ha intentado regular, con éxito relativo, a través del convenio de Jamaica de 1982- -conduce a un serio enfrentamiento entre países que disponen de alta tecnología y países en vías de desarrollo. No obstante, hay que insistir en que no se trata de una película de buenos y malos y que no es aceptable echar la culpa a las industrias en nombre de una supuesta pureza naturalista. El planeta tiene sus propias leyes de funcionamiento a largo plazo y es imprescindible conocerlas con rigor para actuar en lo posible sobre las causas. Sería absurdo cerrar los ojos a la realidad porque, en materia de medio ambiente, el futuro ya ha llegado y no podemos permitirnos el lujo de trasladar el problema a las generaciones futuras. M LA AMENAZA PERMANENTE DE AL QAIDA NDEPENDIENTEMENTE de la consideración que se le pueda dar desde el punto de vista orgánico, lo que se conoce como Al Qaida es una franquicia que se dedica a la imposición por la fuerza de un absolutismo ideológico. El único fin del terrorismo yihadista internacional es ése y cualquier intento de matizar la amenaza contra las sociedades libres está destinada a un peligroso desarme moral de las víctimas potenciales. Se sabe con toda claridad que el objetivo del fanatismo criminal no se detiene ante pretendidos matices de conveniencia, sino que tiene sus propios objetivos, que pasan por someter a las sociedades libres. De ello hemos tenido ejemplos en los últimos días con el ataque directo a las tropas españolas en Afganistán o con los planes- -que hoy desvela ABC- -de atentar contra los policías y guardias civiles enviados a Yemen para colaborar en las investigaciones del atentado contra turistas españoles. El respeto a la ley y a los procedimientos del Estado de Derecho no entran en la visión de quienes no tienen otro afán que destruirlos. Que las tropas españolas en Afganistán hayan entrado en combate otra vez a una escala tan relevante significa ni más ni menos que los grupos armados de talibanes han empezado a encontrar en su área de responsabilidad un terreno más propicio para moverse que en las provincias del sur del país, donde la OTAN, bajo el liderazgo de los militares británicos, ha asfixiado la capacidad de movimiento de los criminales. Lo único que cabe esperar desde un punto de vista racional es que este tipo de ataques se repetirán cada vez con más frecuencia y que los militares españoles que están colaborando en la reconstrucción de este atormentado país van a tener que hacer frente a un número creciente de ataques. La idea de transferir en todo lo posible la responsabilidad a los bisoños militares afganos es buena, pero no será nunca en modo alguno una medida suficiente pa- I ra garantizar la seguridad de la región, al menos a medio plazo. ¿Qué va a hacer el Gobierno? ¿seguirá disimulando y disfrazando la naturaleza de la misión que cumplen nuestros militares en Afganistán o decidirá de una vez afrontar la naturaleza de la situación a la que nuestras tropas se exponen cada día? El de Yemen es un crimen que debería ser una referencia para hacerse una idea clara de los mecanismos que animan a las redes criminales. En El Líbano, y para descrédito de nuestra posición en el mundo, el Gobierno ha respondido ante el atentado contra nuestros soldados con una negociación nada disimulada con los terroristas de Hizbolá, cuyo desarme es lo que precisamente nos han encomendado Naciones Unidas. ¿Eso es lo que vamos a hacer en Afganistán o en Yemen? ¿negociar una coexistencia pacífica con los talibanes? El Gobierno parece todavía empeñado en seguir transmitiendo la idea de que nuestras tropas destacadas en misiones internacionales están cumpliendo labores estrictamente humanitarias y que permanecen allí lejos de cualquier mandato de fuerza. Pues bien, la realidad se encarga de desmentir tozudamente esta versión. El terrorismo yihadista no es una amenaza que hubiera creado artificialmente Estados Unidos, ni un pretexto para imponer fantasiosos planes de control sobre los países árabes, es un chantaje real al que nos vemos sometidos cotidianamente las sociedades democráticas y una fuerza que está luchando para impedir que se cumplan los deseos de paz y de progreso de la inmensa mayoría de las sociedades de los países árabes e islámicos. En vez de seguir predicando aquel estéril lema de la Alianza de Civilizaciones del que por cierto ya no queda rastro, el Gobierno debe armar moralmente a la sociedad española explicando claramente cuál es la amenaza que afrontamos y reforzar los medios de nuestros militares. PARCHES CONTRA EL CAOS EN CATALUÑA BRUMADA por el caos en que viven a diario muchos miles de catalanes debido al pésimo funcionamiento de infraestructuras clave- -los trenes de Cercanías, el aeropuerto de El Prat y algunas de las carreteras más transitadas- la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, ha decidido adelantar varias semanas la puesta en marcha del llamado Centro Coordinador de la Operación Ferroviaria Barcelona 2007. Se trata de un intento desesperado por reducir en la medida de lo posible los efectos negativos de las obras que deben permitir la llegada del tren de alta velocidad a esa ciudad en diciembre y que, al parecer, son la principal causa del caos en la red de Cercanías. Sin embargo, son decenas de miles los catalanes- -en especial los barceloneses- -que llevan un mes acumulando una natural indignación por ser víctimas de fallos de magnitud en servicios esenciales, como ocurrió también con los apagones. Quieren ser satisfechos con hechos y no con palabrería. Pero para desazón de Álvarez, ayer fueron los propios sindicatos del sector los que argumentaron que si alguien piensa que en diciembre, con el teórico fin de las obras de alta velocidad, van a desaparecer los problemas de la red ferroviaria en Cataluña, está profundamente equivocado. Los sindicatos, entre otros muchos colectivos, han dado con la clave en la que reside también la sospecha real de los ciudadanos: se trata de una deficiencia estructural cuya solución no depende en exclusiva de un incremento de las inversiones- -como arguye el nacionalismo victimista- sino de una gestión públi- A ca seria y eficaz. Desde esta perspectiva, más parece que la decisión de la ministra de adelantar el centro coordinador- -y de enviar a vivir a Barcelona durante meses al secretario de Estado de Infraestructuras y a directivos de Renfe y Adif- -es un improvisado parche efectista y propagandístico con el único propósito de defenderse mañana en su cita con el Congreso. No sería de extrañar, pues, que más allá de su reprobación, algún grupo parlamentario exija el cese de Álvarez porque durante toda la legislatura está ofreciendo tantas pruebas de soberbia como de ineficacia. Pero igual de efectista que la ministra, incluso más, se está mostrando el tripartito catalán. Su actitud, desmarcándose abiertamente de Álvarez- -a quien ha censurado su parálisis ante el caos y sus prisas para irse de Barcelona- lejos de ser generosa, es hasta despectiva. En épocas de ineficacia y negligencia, nadie quiere presentarse como socio de quien falla. Y esto mismo es lo que está poniendo en práctica el equipo de José Montilla, quien hace sólo un año todavía era un solidario compañero de Álvarez en el Consejo de Ministros. Además, sostener, como hace la Generalitat, que no habría caos si la gestión del servicio ferroviario estuviera transferida a Cataluña y no dependiera de Moncloa, demuestra un elevado grado de cinismo entre quienes han perdido cinco años enrocados en irrelevantes cuestiones identitarias. Como Álvarez, tampoco la Generalitat es la más indicada para presumir de la calidad de su servicio al ciudadano. Ni siquiera para pedirle paciencia como remedio a sus males.